Diario de Castilla y León

DO RIBERA DEL DUERO

La huella de Zaccagnini en el Duero

Michael Zacagnini y María Gamboa, en una sala de la bodega con sus vinos sobre el teclado del piano

Michael Zacagnini y María Gamboa, en una sala de la bodega con sus vinos sobre el teclado del pianoE.M

Javier Pérez Andrés
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Michael tenía muy claro lo del vino. Estudió Enología y Viticultura y terminó realizando estancias en bodegas de Borgoña, Burdeos y Nueva Zelanda. Además de familiarizarse con los ciclos vegetativos, con los polifenoles, perfeccionó el inglés y con el tiempo acabó en la bodega familiar. Hoy dirige la bodega Sei Solo, una partitura que heredó también de su padre. María Gamboa, su mujer y socia en la bodega, es arquitecta y sueña con el día que pueda diseñar la moderna bodega rodeada de viñas. Por ahora los dos han logrado que sus vinos Preludio de Sei Solo y Sei Solo tengan un hueco en los mercados y exportan el 40% de la producción de 50.000 botellas cuyas uvas proceden de las 28 hectáreas propias, una parte de ellas heredadas de su padre en el término municipal de La Horra. Un suelo que fue la primera milla de oro de verdad en la Ribera. Michael ha mantenido una filosofía heredada en las prácticas culturales en sus viñas y una clara definición en los procesos de fermentación y crianza respetuosos con la impronta varietal que ha permitido una definición sensorial sin altibajos en los últimos 20 años más definidos en las siete últimas añadas en las que Michael toma las riendas de la bodega tras el fallecimiento de su padre Javier Zaccagnini en el 2023. Un viejo amigo con el que saldo una asignatura pendiente con su bodega. Zaccagnini será recordado siempre por su capacidad para gestionar su conocimiento del sector del vino y por una postura honrada que supo desligar su responsabilidad como director general de la DO Ribera de Duero hasta que decidió emprender su propio reto. Junto a Mariano García inició las primeras fermentaciones en Aalto, pero fue en la añada de 2018 cuando Zaccagnini plantó viña, adquirió viejas cepas y comenzó a sonar con lagar propio su proyecto Sei Solo. La música en varias vertientes acompaña a esta familia y de ahí que Michael respete el nombre que su padre decidió y por eso no faltan en las nuevas instalaciones del polígono arandino un lugar para el piano y las guitarras eléctricas. Al joven Michael le acompaña esa reiterada respuesta en deletrear su apellido y explicar el nombre de la bodega y de los vinos. Lo mejor de todo es que sigue manteniendo una buena respuesta entre los prescriptores nacionales e internacionales. Seguro que habrá continuidad y por el momento las dos pequeñas de la familia, Zoe y Alice, ya tienen su reciente añada dispuesta a emprender una larga curva de evolución con sus añadas de nacimiento. No oculto mi emoción por esa continuidad de uno de los tipos que más aprecié en el momento de la revolución del Duero. Los majuelos de La Horra siguen enverando sus uvas y garantizando la personalidad de unos vinos que no han perdido ese toque de concentración, elegancia, duela justa y medida y ese equilibrio que los grandes del Duero mantienen entre el roble y la tempranillo, arropadas por esa acidez, que es el nervio, y el alcohol que mantiene viva la nariz y la fruta. Para Michael las viejas cepas del Duero siguen estando en la clave sostenible de sus vinos. Bajo rendimiento y mínima intervención. Tras la maloláctica cada partida se trasiega a barrica y aquí es donde empiezan a perfilarse los sutiles matices buscados en el envejecimiento de un parque de barricas con bordelesas y de distintos envases hasta 600 litros. No puede faltar esa inercia heredada por la investigación I+D, por ejemplo, con la tonelería Taransaud investigando el comportamiento de distintos tiempos de secado de la madera empleada en cada barrica y así hasta 48 meses. Una buena colección de tonelerías, entre ellas la portuguesa Gonçalves, y por supuesto, guiños al roble español. Ahora solo queda describir y catar los vinos. En breve. Michael, como su padre, no hace la ficha del vino y es lo único que deja para el que escribe sobre sus botellas. Así será. Y junto a los perfiles organolépticos, siempre saltará a la memoria el recuerdo de Javier Zaccagnini a quien Juan Sebastián Bach le quitó el protagonismo en la etiqueta, que por otro lado bien se merece estar entre la nomenclatura de los Riberas de Duero. Brindo por un futuro tinto Zaccagnini del Duero.

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