PALENCIA
Yogures de oveja como los de antes
Sara Diez y Esther de Mier apuestan por la calidad, el producto local y la cercanía en yogures de oveja artesanos

Sara Diez y Esther de Mier, fundadoras de esta empresa artesana
No intenten buscar su perfil de marca en redes sociales o comprar sus productos en su tienda online y recibirlos directamente en casa. A Yogures Valsolana hay que ir a visitarla ex profeso. Esta empresa familiar nos recuerda a los que pertenecemos a otra generación alejados del marketing digital, el ruido de la publicidad y las estrategias de branding. Se trata de una marca artesanal de yogures de leche de oveja creada en 2015 por Sara Diez y Esther de Mier. “Además de socias somos primas. Empezamos de cero, con una pequeña idea que ha ido incrementando las ventas en el tiempo. Más que una empresa era un proyecto de vida personal que nos permitía llevar la vida que queríamos, conciliar, poder estar con nuestras familias y poder seguir viviendo en nuestros pueblos. Apostamos por el producto de cercanía, de kilómetro cero”, sostiene Esther. El nombre de la firma de yogures es un alegato a las casas de esta zona del norte de Palencia, y en especial, a la de sus abuelos. “Lo típico en esta zona es que las casas estén orientadas al sur por el viento; la parte del norte donde le da el sol lo llamamos ‘la solana’ mientras que la parte de atrás que da al valle , a la pradera lo llamamos ‘el val. Es la suma de esas palabras”.
Su modelo de negocio no tiene trampa ni cartón. Producto natural, sin conservantes ni añadidos, en un entorno rural privilegiado como es la montaña palentina. Todo comienza en la explotación ovina, en la localidad de La Vid de Ojeda, donde recogen la leche cruda, a 30 kilómetros de Cervera de Pisuerga donde se ubica su obrador. “La leche procede de ovejas de ordeño de la raza assaf, una raza integrada productora de leche. Obtenemos leche cruda de la explotación, la llevamos al centro lácteo, ubicado en Cervera. Todo lo que traemos lo pasteurizamos; tras ello sembramos los fermentos, llenamos los envases y los fermentamos; después se etiqueta”, resume. Tras varias horas de incubación, el yogur se etiqueta y se refrigera, quedando listo para su distribución. Un método cuidado al detalle que garantiza un producto final de alta calidad.

Yogures Valsolana
Cada lote, de 150 litros, requiere casi una jornada completa de trabajo en un proceso completamente artesanal, lo que les diferencia frente a muchos en el mercado. Como dice Esther “no ponemos y quitamos nada. Si lo típico del mercado es quitar grasas y proteínas y añadir esos mismos o otros componentes en función del producto que quieras sacar, lo que nos diferencia es que no utilizamos fracciones de materia prima”, explica y añade a modo de ejemplo el caso de algunos productos con añadidos como lactosa.
Desde sus inicios, la empresa no ha dejado de crecer. “Lo esencial era transformar la leche sin perder su identidad”, explica Esther. Esa filosofía se traduce en un yogur natural de leche de oveja que destaca por su pureza: sin aditivos, sin modificar los componentes de la leche y elaborado mediante un proceso sencillo y honesto. El resultado se presenta en tarros de cristal de 115 y 420 gramos, pensados tanto para el consumo individual como familiar. “Algunos clientes nos los envían y los reutilizamos”.
La producción varia en función de la época del año, siempre sujeta a los picos de consumo de la clientela. “Se nota el incremento de consumo sobre todo en Semana Santa, verano, puentes y festivos. Muchas de las personas que compra viene aquí de turismo. La gente tiene lazos familiares y hace excursiones a la zona. El consumo es muy limitado por parte de la población autóctona porque apenas queda gente aquí”, sostiene.
Uno de los detalles que mas sorprenden entre los que prueban sus yogures es la textura y el sabor. “Lo primero que dice la gente que lo prueba se sorprende porque tiene la idea de que va a ser muy fuerte y lo encuentran muy agradable al paladar; no se asemeja en nada a otros productos como queso curado”.
La distribución se centra principalmente en el norte de la provincia, con presencia en tiendas locales y restaurantes de municipios como Cervera de Pisuerga, Herrera de Pisuerga, Aguilar de Campoo o la capital palentina. Lejos de aquel refrán que dice que nadie es profeta en su tierra, la empresa presume de una sólida clientela cercana. “Nuestro fuerte está en lo local y en el trato directo”, afirma Esther. El principal destino de sus yogures va a parar a hoteles, restaurante de pueblos del norte de Palencia y alguno de Cantabria. Una distribución limitada a pocos y cuidados clientes. “Nuestro trato con el cliente final es muy cercano”.
Yogures Valsolana lleva consigo el cariño de dos emprendedoras palentinas que ha convertido su pasión en un verdadero tesoro lácteo.