Diario de Castilla y León

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El sector financiero anima a las empresas a invertir para exprimir su potencial y continuar creciendo

El presidente del Consejo Económico y Social de Castilla y León se muestra «optimista» y ensalza las oportunidades para afrontar nuevos proyectos gracias a la fortaleza del sector financiero en la Comunidad   

Club de Prensa El Mundo. El sector financiero en Castilla y León. Un aliado imprescindible de nuestro crecimiento

Club de Prensa El Mundo. El sector financiero en Castilla y León. Un aliado imprescindible de nuestro crecimiento

Publicado por
Laura G. Estrada
Valladolid

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«Las principales conclusiones por las que podemos ser optimistas y pensar en oportunidades de crecimiento en la Comunidad son el coraje, la innovación y la capacidad para reinventarse» . Con esta reflexión, el presidente del Consejo Económico y Social de Castilla y León, Enrique Cabero, animó al sector empresarial a «superarse» ante los retos de futuro, gracias a los pilares de la disciplina, la seriedad o la prudencia sobre los que se asienta la actividad, y gracias también y la fortaleza del sector financiero, convertido en «alimento» para «poder relanzarnos».  

En el Club de Prensa El sector financiero en Castilla y León. Un aliado imprescindible de nuestro crecimiento, organizado por El Mundo de Castilla y León y el CES, el responsable del  órgano consultivo del Gobierno autonómico en materia socioeconómica y laboral ensalzó la importancia del abanico financiero al que pueden recurrir las empresas para afrontar sus proyectos, y que adquiere especial importancia en un momento como el actual, marcado por el aumento de precios de productos y materias primas o por la subida de tipos de interés.

Así, Cabero se refirió a las «distintas fórmulas» presentes en el territorio, desde la banca a las cajas de ahorro, pasando por las sociedades de garantía recíproca, como «agentes fundamentales» todos ellos para facilitar que «el crédito fluya», y se favorezca así el funcionamiento del mercado. «Sin financiación no habría actividad empresarial de ningún tipo, ni habría políticas públicas, así que es un sector básico de nuestro sistema productivo», reflexionó para animar a las administraciones y a las empresas a recurrir a la inversión para mejorar su posición y continuar creciendo. 

En el foro de debate celebrado ayer en el hotel Sercotel de Valladolid, la directora general de la Caja Rural de Salamanca, Isabel Martín Arija; el director general adjunto de Banco Sabadell, Pablo Juceda; y el director general de Iberaval, Pedro Pisonero, coincidieron en señalar que las empresas deben seguir apostando por proyectos de futuro y rechazaron que la situación económica deba suponer un freno a las inversiones, porque los datos avalan el crecimiento. 

«En momentos de incertidumbre es cuando se hacen grandes negocios» , reflexionó la representante de las cajas de ahorro ante la pregunta de si es buen momento para invertir. «No vamos a vivir nunca un mundo estático y tranquilo porque la situación geopolítica es compleja, pero aprovechar las circunstancias tiene ventajas competitivas si se tienen ideas. Así que, sí es un buen momento para invertir, trabajando en modelos de negocios que se adapten a las situaciones que vivimos», añadió Martín Arija para después incidir en que «dos puntos arriba, dos puntos abajo –en referencia a los tipos de interés–, no hacen que una inversión sea o no viable».  

En esta misma línea se expresó el director general adjunto de Banco Sabadell, para quien la decisión de afrontar una inversión no puede estar supeditada al nivel en el que se encuentren los tipos de interés, sino que, a su juicio, la decisión debe depender de la capacidad de salto que pueda suponer embarcarse en un proyecto. «Si nos dedicamos a pensar que el mundo está revuelto y esperamos, va a venir un competidor francés o chino, nos haremos más pequeños y sólo venderemos a los más cercanos», razonó para justificar que no ve «ningún problema» en el coste que tenga ahora el dinero, cuando se detecta una oportunidad de crecimiento.

Además, Junceda vaticinó que los tipos de interés no van a experimentar variaciones a corto plazo después de tantos años en negativo, por lo que consideró que dejar un proyecto aparcado a la espera de que haya un cambio a la baja en materia de financiación, no es una alternativa. «Si algún empresario está pensando si hacer o no una inversión, su decisión no puede depender de la guerra en Ucrania; si la puede hacer con los tipos de interés que hay, hay que crecer». 

«Las cosas no van mal, las empresas están aguando razonablemente bien y las familias, también», añadió en una línea similar el director general de Iberaval, Pedro Pisonero, para quien hace falta confianza en el futuro a la hora de afrontar decisiones. 

«Si un convento de monjas de clausura que se dedicaba a hacer dulces ahora hace sushi, los demás también pueden reinventarse», añadió Martín Arija, consciente de que el papel de las financieras tiene que ser e l «apoyar, asesorar y acompañar a las empresas» en ese camino de transformación hacia la meta del crecimiento. 

Además de apostar por la confianza en las entidades financieras, los ponentes remarcaron la necesidad de adecuar la formación que se presta en las universidades a los requerimientos del mercado laboral, puesto que algunos sectores manifiestan problemas para encontrar los perfiles que demandan. «Es algo que está ralentizando el crecimiento», sostuvo la directora general de la Caja Rural de Salamanca. 

También el portavoz de Banco Sabadell estimó que una de las «grandes revoluciones que se tiene que producir» está relacionada con la adecuación de las titulaciones a las necesidades laborales. «Hay que transformar la formación», apuntó en el foro de debate. A su juicio, no hay que «obsesionarse» con la formación universitaria, sino buscar fórmulas como las que ya se están implementando en países como Alemania u Holanda, «más industriales», capaces de «generar profesionales mano a mano entre el sector empresarial y el universitario». 

En definitiva, los ponentes ensalzaron la buena salud del sistema financiero de Castilla y León para nutrir al tejido empresarial, al que animaron a realizar mejoras en aras de alcanzar una mayor competitividad    pero, sobre todo, al que estimularon a emprender nuevos proyectos para alcanzar nuevas cotas de crecimiento y liderazgo. 

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