Diario de Castilla y León

Complejo y peligroso segundo encierro de Cuéllar con los toros de Partido de Resina

Los astados de la mítica divisa de Pablo Romero pusieron a prueba a los caballistas con su continua disgregación de la manada. Antes del descenso del embudo las reses pusieron en peligro a decenas de aficionados que contemplaban el rito. Uno de los bureles regresó al campo tras haber descendido casi hasta el final del tramo campero

Segundo encierro campero en la localidad segoviana de Cuéllar.- E.M

Segundo encierro campero en la localidad segoviana de Cuéllar.- E.M

Publicado por
César Mata

Creado:

Actualizado:

Las espléndidas y generosas láminas de los toros de Partido de Resina , actual denominación de la mítica divisa sevillana de Pablo Romero, generaban un sentimiento de rito ancestral cuando se contemplaban en los corrales del Puente Segoviano, justo a unos metros del Cega, cuyo cauce discurre manso y templado. La expectación era máxima, potenciada además por la imponente presencia de la mayoría de los ejemplares, que desde hace dos meses se habían hospedado en la finca La Cigoñera para su hermanamiento y encabestramiento. Allí, un precioso y chato cárdeno daba algo de guerra y mostraba una actitud de solitaria insumisión.

Esta mañana, sin embargo, ese toro cárdeno ha sido el que más ha favorecido la disciplina grupal, de manada, y ha sido uno de pelo negro el que se ha empeñado en hacer trabajar, pero con paciencia, a los directores de campo, Pepe Mayoral y Pedro Caminero, junto con sus monturas de confianza. Por tres veces se rompió la manada en dos grupos de cuatro y dos toros, incluso con alguno suelto en ciertas ocasiones, Los cabestros, imprescindibles, han cumplido a la perfección su tarea, callada salvo por el tintineo de los zumbos (cencerros).

Finalmente, la comitiva atravesó unida el túnel bajo la autovía Tierra de Pinares, que une Segovia con Valladolid, y se decidió hacer un parón prolongado para favorecer la cohesión. Tranquilidad y miradas serenas entre humanos y bóvidos. Los equinos, intuitivos, algo menos relajados.

A doscientos metros del inicio del descenso por el embudo uno de los toros decidió hacer el descenso en solitario , a un ritmo sostenido y vivo. Un emprendedor, un alma libre e imparable. Detrás, sus cinco hermanos aún con su decisión desconocida. Decidieron no efectuar la bajada por el espacio ‘oficial’ y siguieron por el límite del plano llano y de la ladera que da hacia la villa mudéjar.

Cinco toros lanzados hacia varios centenares de espectadores, que acudieron al refugio de sus vehículos. Pocos metros antes, bravos y mansos decidieron iniciar el descenso, algo abrupto. ¿Todos? No, sólo cuatro de los cinco. Uno aún se entretuvo unos segundos ante algunos imprudentes que pudieron pagar caro su desconocimiento. Por fin bajó, y se unió a un grupo aparentemente compacto.

Antes de pisar el asfalto, un toro negro, de poderosa lámina, cambió el rumbo, y con un galope de potencia y esbeltez máximas, recorrió a velocidad elevada su trayecto, de vuelta, hasta la planicie. Allí los caballistas logaron pararlo, hasta que un dardo lo durmió en un sueño transitorio.

Por las calles emoción y carreras con intensidad y ritmo. El quinto toro, el último, tardó en llegar a pisar la arena del coso. 5 de 6, pero con un mérito y riesgo dignos de ser reseñados. Un encierro (pese al desorden que aún reina en la ordenación del innecesario y excesivo tráfico de vehículos) de enorme mérito, vistosidad y fidelidad.

tracking