AL SERENO
A ver si escarmientan
Veintitrés cada día, sale casi a una por hora incluida la noche. Es el número de denuncias que han impuesto los agentes movilizados para el operativo especial de la Policía Local de Burgos, motivado por el alarmante, e incesante, número de atropellos y accidentes viales en los que se ven implicados los omnipresentes patinetes eléctricos. Los agentes han repartido denuncias a diestro y siniestro y me imagino que se habrán quedado con las ganas de repartir collejas como las que daba aquella actriz de una popular serie de los años 90 o las que nos daban a los chavales de los 70 y 80 cada vez que liamos alguna trastada. Lógicamente las fuerzas del orden tienen más paciencia y recursos para manejar estas situaciones que los sufridos ciudadanos que sufren o sufrimos el acoso de estos aparatos del demonio. De diablo cuando circulan por la acera, los puentes peatonales o los parque, maravillosos si ruedan por los carriles habilitados, a la velocidad adecuada y con total respeto al código de circulación y las ordenanzas municipales. Algún caso habrá, cómo no. A la hora de hacer balance de este operativo especial, que de poco ha servido porque los atropellos y accidentes con patinete se han seguido produciendo, ha sido precisamente la infracción de circular por las aceras, pasándose la prohibición por el forro, la más sancionada. El respeto al peatón brilla por su ausencia y me alegro de que hayan sido multados, con la salvedad de que hubiera sido partidario de multiplicar por cinco la multa. De las 678 infracciones sancionadas, la gran mayoría -457 casos- corresponden a los infractores a los que les le pilló in fraganti circulando de manera indebida por zonas peatonales y, de esos infractores incívicos e insolidarios, el 85% se corresponde con conductores patinetes. Incluidos los que se dedican al menudeo de droga en patinete, el ‘teleporro’, que se le llama ahora. Hay que resaltar también que hubo que multar a 44 menores de edad que conducían patinetes eléctricos cometiendo ilegalidades. Todas estas circunstancias vienen a evidenciar que, de nuevo, la sociedad implanta a toda velocidad un avance y acto seguido determinados sujetos con poca cabeza y menos respeto por los demás y la convivencia, logra desvirtuarlo y utilizarlo de forma nociva para otros semejantes. Es el mismo caso de las redes sociales y ambos están muy presentes hoy en día entre los más jóvenes. Ojalá que las manzanas podridas no contaminen al resto de chavales que tienen derecho a desarrollar su vida de forma plena y en convivencia con el resto de la ciudad, al margen de imbéciles que se meten con el patinete por donde les da la gana, acosan, insultan y agreden a sus compañeros de clase, les acorralan en redes sociales y coquetean con la ley. A esos, lo único que queda es escarmentarlos. Como bien ha hecho la Policía Local de Burgos, a la que hay que aplaudir que haya detectado un problema como este y decidido colocarlo entre sus prioridades.