Diario de Castilla y León

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VAYAN por delante cinco datos fundamentales que conviene tener en cuenta para juzgar el asunto como merece. El sector de la automoción supone en torno al 22% del PIB industrial de Castilla y León, el doble que en el conjunto de España. Fabricamos uno de cada cinco vehículos del país, existen 180 empresas auxiliares con una facturación anual de 9.800 millones de euros y, lo que es más importante, todo ello genera más de 30.000 empleos directos cualificados. Por lo tanto, cuando en Castilla y León hablamos de la industria automotriz lo hacemos con mayúsculas, subrayados y fosforitos, conscientes de la dependencia que ejerce tales magnitudes en una economía.

Ahora hemos sabido que corren peligro casi el 80% de los fondos previstos por Europa para ayudar a las empresas del sector de la automoción ubicadas en España porque, simplemente, no ha habido una coordinación entre las necesidades de la industria y la dirección que propone el Gobierno para adjudicarlos. Permanecen en el limbo nada menos que 2.375 millones de euros de los llamados Proyectos Estratégicos para la Recuperación y Transformación Económica (PERTE), a la espera de que se establezca un nuevo marco (¿hay alguien ahí?) que evite el bochornoso fracaso que supondría tener que devolver las ayudas. Es el momento de actuar porque la historia reciente nos dice que, cuando la economía se contrae, la industria de la automoción se lleva una de las peores partes y, con ella, toda una cadena de empresas y empleos dependientes. Pero actuar requiere sendos compromisos. Por un lado, la administración, que debe entender que resulta mucho más efectivo el pacto con la industria que la imposición normativa. Por otro, toca reaccionar a los fabricantes, acostumbrados a evolucionar con su mercado bajo el paraguas de la ayuda pública.

Los signos de cambio resultan evidentes desde hace mucho tiempo: el uso individualizado del automóvil toca techo, existe un replanteamiento social en las ciudades en torno a la movilidad y las empresas de automoción tradicionales se enfrentan a nuevos competidores y tecnologías. La verdadera transformación no ha hecho más que empezar. Partiendo de los patrones históricos de éxito, Castilla y León puede encontrar nuevas oportunidades que le permitan sostener el empleo o incluso crecer en medio de las arenas movedizas que presenta el sector, pero siempre y cuando alentemos una revisión crítica y continua de nuestro posicionamiento en el mercado. A nadie conviene entrar en un ciclo electoral tan intenso como el que viene sin los deberes hechos.

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