Diario de Castilla y León

GANADERÍA

De profesora de Infantil a ganadera: "Lo mejor es la libertad; lo peor, la burocracia"

Isabel Gómez es una firme defensora del pastoreo como clave en la recuperación del suelo

Isabel Gómez posa con sus animales

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Loreto Velázquez

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Por formación, Isabel Gómez Arranz hoy debería ser una profesora de Educación Infantil; sin embargo, la vida le deparaba otro destino: ser ganadera. «Con mi hija dejé de trabajar para centrarme en ella, y cuando me quise incorporar de nuevo al mundo laboral tenía 46 años y, al parecer, era mayor para casi todo, incluso para ponerme por mi cuenta como ganadera», relata.

Por suerte, conoció a Jesús, que compaginaba su actividad como viticultor con una pequeña cabaña de ovejas y cabras, que tenía como hobby y que fue la semilla de lo que hoy es su explotación ganadera con 400 ovejas y cerca de 200 cabras. «Mis abuelos y mis tíos habían tenido ovejas, pero yo nunca había trabajado con ellas y he tenido que aprender rápido», señala Isabel.

Pese a la exigencia de un trabajo que no entiende de festivos ni de horarios, Isabel se queda con la libertad que ha ganado. «Cuando no encontraba trabajo como profesora estuve en fábricas... y aquí, en el campo, estoy mucho mejor. En la fábrica no sabes si es de día o de noche. Ahora trabajo al aire libre y, para mí, salvando las distancias, es como estar con niños porque, al final, siempre hay una cabra más follonera, otra más tranquila...», ríe.

La ilusión es total, pero el camino no ha sido fácil. «La burocracia es atroz. La administración pone trabas absurdas. Creo que los que regulan desde un despacho no han trabajado nunca con animales», señala convencida de que los ganaderos «somos los primeros interesados en que estén bien; primero, por el cariño que les tenemos, y segundo, por la propia viabilidad».

Isabel centra su preocupación en la aplicación de la administración, porque «da muchos problemas», y en restricciones que «no tienen sentido», como el hecho de no poder vender una oveja por la tarde porque la Junta, que debe validar cada operación, solo trabaja por las mañanas. «Me estoy matando a trabajar para luego perder ventas», rechaza.

En su opinión, falta también formación. «Deberían organizar cursos para enseñar a manejar su aplicación. Aquí hay mucha gente mayor y es de todo menos fácil».

Lo cierto es que cada vez hay menos ganadería. «La gente no quiere trabajar de lunes a domingo y es muy difícil encontrar mano de obra que se comprometa, porque esta profesión no entiende de horarios. Si una cabra está pariendo y tiene problemas, te tienes que quedar y no hay dinero suficiente para tanta hora extra que nosotros hacemos», subraya.

RICOTÍ

Isabel tiene la explotación en el pueblo burgalés de Adrada de Haza. Aunque las cabras y ovejas son el pilar de la granja, con la venta de lechazos y cabritos, también hay una filosofía empresarial que busca la regeneración del suelo a través del pastoreo. «El uso excesivo de laboreo ha provocado que los suelos tengan cada vez menos nutrientes, sean más desérticos y más impermeables. Esta probado que el pastoreo ayuda como regenerador. Es nuestro objetivo, por salud, por medio ambiente, y, afortunadamente, contamos con el apoyo de la Fundación Oxígeno», agradece, sin olvidar la alondra ricotí, otra de sus prioridades. «Es un pájaro muy especial, que solo habita en eriales y lo mantiene la ganadería porque es la única forma de generar la alimentación que necesita».

Por ello, han elegido la marca Ricotí para la quesería que van a abrir en breve, en cuanto terminen la obra. «Vamos a vender quesos de cabra, quesos frescos, cuajadas y yogures, estamos deseando», señala, decidida además a abrir la granja a visitas, colegios y familias. «Aquí podrán ver cómo cuidamos a los animales, el suelo, cómo elaboramos los quesos...», anima.

En su explotación todo es artesano y los animales solo se alimentan de pasto y «avena que cultivamos aquí», pero también son unos firmes defensores de la tecnología aplicada al campo y eso le ha valido ganar el premio del programa de emprendimiento tecnológico rural ‘La Coomarcal Dif Leah’, que otorga la Fundación Oxígeno.

Según explica, hay muchas opciones de digitalización que se pueden aplicar en ganadería y «que nos facilitan el día a día», como los GPS en ovejas y cabras, que «además de geolocalizarlas, te dan muchos datos sobre lo que comen y cuánto comen» o los pastoreos digitales que delimitan el territorio, evitando el montaje y desmontaje de vallas, «con las que perdemos mucho tiempo». El problema es el precio. «En otras zonas donde se está utilizando hay ayudas, pero, lamentablemente, aquí no», reivindica.

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