Diario de Castilla y León

Los 10.000 euros del roscón de Conrado se marchan a Riello

David Pérez Ibáñez, que regenta un negocio de hostelería con su mujer Marta Álvarez, adquirió tres roscones sin relleno el pasado día 3, uno de ellos con el suculento premio

Entrega del cheque de 10.000 euros a David Pérez en la Confitería Conrado. / E.M.

Entrega del cheque de 10.000 euros a David Pérez en la Confitería Conrado. / E.M.

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Daniel M. Arranz

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Y los 10.000 euros del roscón de Conrado fueron a parar a …Riello. La localidad de la montaña leonesa, de apenas 600 habitantes, fue la destinataria del dulce premiado, gracias a una compra que realizó el hostelero David Pérez Ibáñez en la tarde del lunes 3 de enero. 

Era la primera vez que compraba este peculiar bollo en La Bañeza, cuya confitería centenaria mantenía la tradición de sortear una suculenta cantidad económica para estimular las compras durante la Navidad. Pérez reconocía, instantes antes de recoger el premio, que decidió recorrer los casi 100 kilómetros que separan su localidad de la confitería Conrado, y adquirió «tres roscones, uno para unos conocidos, y dos para nosotros. Y el segundo que nos comimos tenía el premio». 

Los tres bollos eran sin relleno , no contaban con el aliciente de endulzarlos aún más con nata, crema, trufa, o cabello de ángel, y al probarlo les dejó estupefactos: «No nos lo creíamos. Siempre ves que toca, y nunca te toca a ti, y te quedas alucinado», indicaba David.

Junto a su pareja Marta Álvarez, regenta un negocio de hostelería propiedad de su suegro en Riello, ‘El Rincón de Manolo’, y ve este premio como un aliciente tras un año muy duro por la pandemia «porque la hostelería ha picado mucho. Aunque ha hecho daño a todo el mundo».

Con estos 10.000 euros se dará «algún caprichito con la niña» , una recién nacida de apenas cuatro meses, y además les ayudará a «tapar algún agujerito» y a «cubrir unos gastos que siempre tienes».

A sus 50 años, David volverá a probar suerte el próximo año: «Lo empezaremos a hacer», matiza. Esta vez la distancia, unos 100 kilómetros, no fue óbice para hacer una compra con premio, a pesar de que «la carretera de montaña es complicada», reconoce. Un nuevo cliente para la Confitería Conrado, uno de tantos que degustan este manjar navideño y que una vez al año, no es que no haga daño como dice el refrán, sino que reparte ilusión por todo el país y parte del extranjero.

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