Diario de Castilla y León

Mañueco, decidido a intentar hasta el último momento un gobierno en solitario

El PP apurará los tiempos y busca la abstención de Soria Ya, UPL y Por Ávila para sortear a VOX / La elección de la presidencia de las Cortes, que podría pedir el PSOE, despejará el nuevo gobierno de la Junta

El presidente del PP de Castilla y León, Alfonso Fernández Mañueco.- ICAL

El presidente del PP de Castilla y León, Alfonso Fernández Mañueco.- ICAL

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Pablo R. Lago
Valladolid

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«Que nadie dé por hecho un gobierno de coalición con VOX, hay todavía mucho partido que jugar». La sentencia es de un dirigente del PP inmerso en el proceso negociador que está por abrirse. El ganador de los comicios del 13-F, Alfonso Fernández Mañueco, diestro como pocos en el manejo de los tiempos, intentará forzar un gobierno en solitario mientras se lo permitan los plazos procesales de la investidura, según fuentes de las direcciones nacional y regional de los populares consultadas por El Mundo de Castilla y León. La cuenta atrás comienza el 10 de marzo. Hasta entonces quedan muchos días y largas jornadas para el arte de la negociación.

VOX ya ha escenificado su deseo de entrar en gobierno. No había acabado el recuento del domingo y su líder, Santiago Abascal, se apresuró a pedir la vicepresidencia. Después, el lunes, el indudable vencedor del adelanto electoral, Juan García-Gallardo, verbalizó que VOX quiere lo mismo que tenía Cs. Es decir, cuatro consejerías en el futuro ejecutivo de Alfonso Fernández Mañueco.

VOX no ha hablado de las Cortes, pero también expresará su deseo de dirigir el parlamento, como hizo Ciudadanos. Aspiran y así lo expresarán a situar en la presidencia de las Cortes de Castilla y León a Fátima Pinacho, la número dos por Valladolid, y única procuradora en parte de la anterior legislatura, según relatan desde la formación de Abascal. Pinacho tiene experiencia y conocimiento del funcionamiento de la cámara, además de aportar la cuota femenina que también busca VOX para su despliegue en las instituciones.

«Esta negociación es muy distinta a la de 2019. Entonces no nos quedaba más remedio que asumir todo, ahora también manejamos nosotros los resortes, porque es imposible que VOX acuerde nada con el PSOE, y en 2019 ese riesgo si lo teníamos con Ciudadanos», confiesan desde las filas populares.

Mañueco es consciente que podría lograr una investidura sin el concurso de VOX. Es decir, siempre y cuando VOX no se uniera al PSOE y votara en contra de la investidura de Mañueco en segunda ronda, donde sólo se precisa una mayoría simple.

Si Mañueco quiere ser presidente a la primera, necesita indudablemente el respaldo afirmativo de al menos 10 de los 13 de VOX, para sumar los 41 que marcan la frontera de la mayoría absoluta en el plenario.

¿Con qué bazas está jugando Mañueco? Las primera, con las aspiraciones de otros de los dos grandes ganadores de la noche del 13-F: UPL y Soria Ya. A ninguno de los dos les interesa una repetición electoral, sabedores que de lograron el mejor resultado posible, tres parlamentarios cada uno. 

El líder de la plataforma soriana, Ángel Ceña, ya ha expresado su disposición a avalar la investidura de Fernández Mañueco, siempre y cuando exista un compromiso y con fechas de las grandes demandas de Soria. UPL, más diestro en asuntos de negociación, espera los primeros contactos del PSOE, pero en privado reconoce que no quiere oír ni hablar de repetición electoral. 

Su líder y artífice del mejor resultado de la historia de los leonesistas, Luis Mariano Santos, confía en poder aliarse con Soria Ya para hacerse fuertes en un grupo mixto con nueve parlamentarios y cinco partidos. No es descartable que caminen de la mano ya desde el principio. No son competencia y coinciden en su carácter reivindicativo para sus provincias. Pero UPL todavía no se ha expresado. Sabe que el tiempo también juega a su favor.

Abascal, que al principio de la campaña repudiaba a Mañueco y sugería que no gobernarían con el PP, ha tenido que atender lo que le dicen las encuestas internas: sus votantes apuestan por compartir gobierno con el PP en Castilla y León. Nadie entendería que con el magnífico resultado rehuyan la responsabilidad de aplicar las políticas. Aunque el PP no tiene claro que ese sea el deseo real de VOX. Sospechan que está dramatizando en exceso para, finalmente, culpar al PP si no le da entrada a la formación de Abascal en el ejecutivo.

Además, Abascal juega con que esta actitud proactiva de VOX de entrar en gobierno seguirá erosionando internamente al PP. Génova se apresuró a rechazar la participación de VOX en el gobierno, mientras Mañueco señaló que las decisiones se tomarán en Castilla y León e Isabel Díaz Ayuso, por su parte, abre la puerta a un acuerdo de gobierno con los de Abascal. Tres tesis distintas en el PP y todavía no ha empezado la partida. Especialmente significativa la de Ayuso, que no ha dudado en contradecir a su íntimo enemigo y mano derecha de Pablo Casado, ahora en horas bajas, Teodoro García Egea.

Ayuso comparte con VOX la erosión del adelanto electoral y lo que viene para gobernar Castilla y León está ocasionando en el seno de la dirección nacional del PP, con la que la presidenta madrileña mantiene una abierta confrontación desde hace meses a cuenta del intento de García Egea de impedir que Ayuso, el gran valor en alza de los populares, presida el todopoderoso PP madrileño. El entorno de Casado no ve a Ayuso como un valor del PP, lo ven como un rival del propio Casado.

Abascal mira a Andalucía. VOX cree que no debe aliarse todavía con el PP para darle otro zarpazo en los comicios andaluces. En Castilla y León se presentó con un joven desconocido sacado de la chistera de Abascal unos días antes. Pero en Andalucía van, además de con la fuerza de la marca, con el ímpetu de Macarena Olona.

La partida que se abre en el tablero de Castilla y León es endiablada. Y Mañueco está dispuesto a jugarla hasta la última baza para intentar un gobierno en solitario que es el argumento con el que el 20 de diciembre disolvió las Cortes y convocó el primer adelanto electoral de la historia de Castilla y León.

Es de suponer que Cs se abstendría para favorecer el gobierno de Mañueco e impedir la entrada de VOX en las instituciones. Así se lo ha pedido su líder y único parlamentario salido de las urnas, el ex vicepresidente de la Junta, Francisco Igea. En la misma tesis está Por Ávila. 

Todos coinciden en no querer dar alas a VOX y colocar un cordón que impida su entrada en gobierno. De esta forma, también tendrían más peso en el futuro parlamento, con capacidad para influir sobre el ejecutivo de la Junta. El gobierno de coalición sería una apisonadora parlamentaria con 44 escaños, tres más de los que marca la mayoría absoluta. Otra cosa es cómo se conduzca internamente ese gobierno bipartido, especialmente a la vista del anterior, que acabó como el rosario de la aurora.

El PP teme la entrada de VOX en las instituciones. No sólo por la estrategia de Génova, que ya mira hacia los comicios andaluces. Teme lo ingobernable que puede ser la Junta con unos socios que, de entrada, quieren derogar la norma de violencia de género y de memoria histórica, obras del propio PP en Castilla y León. «¿Y a partir de ahí que van a pedir? Porque a partir de ahí vamos a tener que ceder en todo con un desgaste muy duro. Estaríamos completamente en sus manos», reflexionan desde la bancada popular.

El PSOE no parece dispuesto a darle oxígeno de entrada al PP, como pretenden algunos dirigentes como los alcaldes de Valladolid y León, Óscar Puente y José Antonio Diez, un tanto precipitados al exhibir la necesidad de abstenerse para que el PP tenga un argumento para dejar fuera del gobierno a VOX. Ferraz no piensa lo mismo. Ni la dirección regional tampoco. Aunque al final pueda avalar esa tesis, prefieren someter al PP a un desgaste en una negociación con VOX. Incluso en la dirección nacional consideran que hay que propiciar que el PP de Castilla y León sea el primero en dar acceso a un gobierno a VOX y que se vea cómo actúa el partido de Abascal y si los ‘populares’ son capaces de aceptar sus políticas.

La partida no ha hecho más que empezar. Pero, a diferencia de lo que ocurrió en 2019, donde sólo había dos actores, PP y Cs, que rápido se aceptaron como matrimonio en todo el mapa nacional, ahora cuenta el PSOE, pero también cuentan Soria Ya y UPL, fundamentalmente. Ahora cuenta hasta Por Ávila, con un parlamentario. Esto partidos provincialistas no tendrán capacidad decisoria de entrar en el ejecutivo pero pueden ser esenciales a la hora de facilitar la gobernabilidad del PP sin VOX.

El jefe del principal partido de la oposición, y principal derrotado el 13-F, ya cambió el sentido de los tiempos que pretendía Puente y advirtió que no van a «regalar» el gobierno al PP. Pero no descartó la abstención para aislar a VOX. Tudanca, alineado con Ferraz, dejó la pelota en el tejado del PP y que sea el que dé la primera patada. Es decir, que sea Mañueco el que recurra al auxilio de los socialistas para evitar meter a VOX en el gobierno. Pedro Sánchez fue más allá, y en el Senado cuantificó el coste de su abstención para favorecer el gobierno de Mañueco: que el PP nacional reniegue en toda España de VOX.

El primer asalto se juega el 10 de marzo. Ese día se constituyen las Cortes y hay que elegir al sucesor de Luis Fuentes, y la mesa, que será quienes rijan los tiempos de la elección del candidato. Desde el 10 de marzo disponen de 15 días para presentar un pretendiente. Pero el 10 de marzo, con la elección del presidente de Cortes, empezará a vislumbrarse si el PP decide coaligarse con VOX y fuerza ese gobierno en solitario que propugnaba Fernández Mañueco y que ansía la dirección nacional de los populares. 

Un gobierno del que a VOX no le importa apearse, siempre y cuando pueda responsabilizar de ello a los populares, según confirman a este periódico fuentes del entorno de Abascal. El pulso de Abascal es contra Pablo Casado, no contra Mañueco. Y ese pulso se sigue disputando en el futuro escenario electoral de Andalucía, que ahora Moreno Bonilla dejará para después del verano, a la vista de lo fuerte que sopla en invierno el ‘vendaval’ VOX.

A VOX tampoco le interesa una repetición electoral a la vista del espectacular resultado logrado. Pero no tienen inconveniente en que se produzca si con ello siguen minando al PP por dentro, inmerso en la guerra de Génova contra la presidenta madrileña, aspecto que, por cierto, en la dirección de Castilla y León interpretan que ha desgastado electoralmente a Fernández Mañueco en su desafío para lograr un resultado que hoy lo tuviera menos maniatado para intentar gobernar sin socios.

El pulso no ha hecho más que empezar. Y se juega, fundamenalmente hasta el 9 de marzo. Ese día o antes, hay que tener definida la presidencia de las Cortes, que es algo a lo que podría aspirar el PSOE, como aval, a cambio de consentir su abstención para la investidura de Mañueco.

La opción más adversa para el PP, en el amplio abanico de posibilidades que están desmenuzando unos y otros, es que PSOE y VOX se alineasen, aunque fuera involuntariamente, en contra de la investidura de Mañueco. Eso propiciaría el colapso y la consiguiente repetición electoral, que, realmente, no quiere nadie. Los que han salido malparados porque temen empeorar el escenario y lo que han salido bien, porque temen empeorar el éxito logrado.

El gobierno de Castilla y León se decidirá en Castilla y León como ha advertido Mañueco. Pero los caminos que llevan a él transitan por las madrileñas calles Génova, Ferraz y Bambú, sedes de los tres principales partidos del arco parlamentario. Esta partida va también de saber quién es capaz de aguantar más tiempo los órdagos que empiezan a lanzarse.

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