Diario de Castilla y León

El pueblo de Burgos en Las Merindades que esconde un oasis fluvial solo para valientes

Villarcayo sorprende con el Parque El Soto, un enclave junto al río Nela donde bañarse en piscinas naturales rodeadas de naturaleza

Las amplias zonas verdes y el agua remansada del río Nela hacen del Parque El Soto uno de los grandes refugios de verano en Burgos.

Las amplias zonas verdes y el agua remansada del río Nela hacen del Parque El Soto uno de los grandes refugios de verano en Burgos.Las Merindades

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Un chapuzón en agua cristalina, una playa fluvial rodeada de árboles y el sonido constante del río marcando el ritmo del verano. En el corazón de Las Merindades, Villarcayo guarda uno de los rincones más sorprendentes del norte de Burgos: las piscinas naturales del río Nela, en el Parque El Soto. Un enclave que cada verano atrae a viajeros y vecinos en busca de naturaleza, sombra y un baño tan refrescante que convierte el primer paso al agua en una experiencia reservada para valientes.

A escasos metros de la Plaza Mayor, este espacio natural se ha consolidado como uno de los grandes reclamos de la comarca burgalesa. La cercanía con el núcleo urbano y el entorno privilegiado convierten este enclave en una escapada ideal para quienes buscan naturaleza y agua en los meses de calor. Desde la guía turística de Las Merindades describen este lugar como un «gran espacio natural con zonas de baño naturales, jardines, zonas verdes, instalaciones infantiles y áreas de descanso», una definición que resume bien la dimensión de este rincón junto al Nela.

Villarcayo y el Parque El Soto: el oasis fluvial del río Nela en Las Merindades

En Villarcayo de Merindad de Castilla la Vieja, el río Nela se convierte cada verano en el centro de la vida al aire libre. Las piscinas naturales del Parque El Soto aprovechan una pequeña presa que regula el caudal y permite mantener el nivel del agua durante la temporada estival. El resultado es una zona de baño de gran amplitud que atrae tanto a vecinos como a viajeros que descubren el norte de Burgos.

El origen de este lugar se remonta a una zona de pastos que, con el paso de las décadas, evolucionó hacia un gran parque recreativo. Hoy, el paisaje aparece dominado por frondosas arboledas de chopos y acacias que ofrecen sombra durante buena parte del día, amplias superficies de césped y caminos junto al río que invitan al paseo.

El Parque El Soto de Villarcayo convierte el río Nela en uno de los oasis fluviales más sorprendentes de Las Merindades.

El Parque El Soto de Villarcayo convierte el río Nela en uno de los oasis fluviales más sorprendentes de Las Merindades.Las Merindades

La experiencia del baño tiene un componente que quienes ya conocen el lugar repiten con una sonrisa: el agua del Nela conserva una temperatura muy fresca incluso durante los días más cálidos. El primer contacto con el río despierta esa mezcla de respeto y adrenalina que convierte cada chapuzón en un pequeño rito veraniego.

Villarcayo y el río Nela: por qué el Parque El Soto conquista a quien lo visita

El gran atractivo de El Soto reside en la variedad de planes que caben en un mismo espacio. El parque reúne merenderos, áreas infantiles, zonas deportivas y espacios de baño que permiten disfrutar del entorno a distintos ritmos. Durante el verano, además, el recinto cuenta con servicio de socorrista y áreas habilitadas para actividades acuáticas como kayak o paddle surf.

La estampa del lugar resulta especialmente llamativa. A ambos lados del río se extienden zonas verdes, playas de césped y terrazas donde parar a comer o tomar algo mientras el agua marca el ritmo del paisaje. La guía turística de Las Merindades destaca también la accesibilidad del espacio, el aparcamiento gratuito y la posibilidad de acudir con mascotas, detalles que han impulsado aún más su popularidad.

El vínculo emocional con El Soto atraviesa incluso la literatura. Rafael Alberti quedó fascinado por este rincón del norte burgalés durante uno de sus viajes y le dedicó unos versos en La amante (1925), recogidos hoy en un monolito del parque: «En los tréboles del soto, ¡Dios, lo que yo me encontré!».

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