Raúl, el médico soriano en Gaza: "Hay 20.000 huérfanos, amputados para siempre en su alma"
Raúl Incertis, médico en la franja, recibe en Soria el premio Espíritu Numanino: «Los verdaderos numantinos son los gazatíes»

Raúl Incertis con el doctor Mahmoud Aldrini en uno de los quirófanos del hospital Nasser de Gaza el mes pasado.
Hay muchos tipos de resistencias. La de los gazatíes es «no violenta, admirable. No gastan tiempo en odiar a nadie. Tienen que estar todo el día cuidando de los hijos, buscando comida. No está en su ADN gastar tiempo odiando, insultando, deshumanizando. Ellos no quieren la limpieza étnica como el 80% de los israelíes quieren la suya», señala, desde la localidad valenciana de Requena Raúl Incertis, a cuyo hospital regresó después de «una guardia» de cuatro meses en el centro hospitalario de Jan Junis, en la franja de Gaza. Allí estuvo de abril a julio y vio y trató de curar atrocidades.
«Constantemente pacientes mutilados, muchos niños con perforaciones de abdomen, de tórax, fracturas abiertas de cabeza por impacto de metralla, por aplastamiento, amputaciones traumáticas, quemados, muchos disparos, sobre todo a partir de la apertura de la fundación humanitaria de Gaza, la entidad que abrió Estados Unidos con Israel para repartir la ayuda humanitaria, en la que los gazatíes son disparados a propósito, con intencionalidad». Así de cruda es la realidad en la franja, y a pesar de todo resisten.
El médico de urgencias y anestesista, descendiente de sorianos, su abuela de Cubillos, su padre de Soria, recogerá mañana el premio Espíritu Numantino que le entrega la organización de la Vulcanalia, el Ayuntamiento de Soria y la asociación Tierraquemada. Destaca que «los verdaderos numantinos son los gazatíes». Por eso este premio «es para ellos», especialmente para sus compañeros de fatigas en el hospital, «que llevan 22 meses trabajando bajo circunstancias muy difíciles». «Me alegré cuando me avisaron del premio porque a ellos todo lo que sea que implique un reconocimiento externo o una visibilización acerca de su situación es algo que les gusta», recalca.
Un «genocidio» que ya ha dejado cerca de 20.000 huérfanos de los dos padres, 30.000 que ha perdido a uno de ellos. «Niños que, estén heridos o no, está ya amputados para siempre en su alma», lamenta y pone el foco en el estrés postraumático infantil, mientras trata de luchar contra todo ello. Lo hizo sobre el terreno, durmiendo en el propio hospital y con jornadas que enlazaban un día con otro, y ahora contando lo que ocurre y lo que vivió. «El hospital era una casa de los horrores, con padres llorando retorcidos de dolor en el suelo».
Como médicos extranjeros que acuden con una ONG, son observadores internacionales y reportan lo que ven. Lo sigue haciendo, aunque eso le cierre las puertas para volver. «Israel veta a los médicos que salen fuera por el simple motivo de dar entrevistas», explica y añade: «Yo tengo la sensación de que no voy a volver, pero no porque no quiera sino porque no me dejen». Y es que el Gobierno israelí trata de impedir por todos los medios que se cuente lo que está ocurriendo allí. «Lo que no quiere es los que están fuera sean informados por los que están dentro», traslada este médico anestesista que ahora tiene que «descansar la mente», pero en tres o cuatro meses se planteará el regreso.
Incertis dejó allí buenos amigos con los que se comunica por whatsapp. «Cuando les escribo les deseo que se sientan protegidos, que tengan un día suficientemente bueno. No les deseo un buen día porque no tiene sentido». Cuenta cómo le recibieron, «con los brazos abiertos». «Los trabajadores del hospital agradecen muchísimo la presencia de personal extranjero y lo valoran. Son de una gran hospitalidad. Entre ellos no se quejan, porque todos lo están pasando mal, pero con los extranjeros se abren, confían en ti. Te cuentan cómo era su vida antes, quiénes eran sus hijos que han muerto, te enseñan fotos en el móvil de cómo eran sus casas, de cómo eran ellos, porque antes pesaban 25 y 30 kilos más».
Incertis cuenta que sus compañeros son sanitarios y víctimas a la vez, pero aguantan, y por eso quiere que el premio Espíritu Numantino sea para ellos. «Todos han perdido a familiares de primer y segundo grado, sus casas, a las que nunca van a volver. Pasan mucha hambre, tienen que trabajar no solo en el hospital, sino también buscando harina, trocitos de leña, porque no hay electricidad, ni gas, buscando agua para sus hijos. A pesar de ello, van al hospital a trabajar y van con un espíritu de una catadura moral muy alta, porque no se quejan nunca del trabajo. A veces están 24 horas sin dormir, porque no paran de llegar pacientes. Y no los verás quejarse ni poner mala cara nunca».
Señala que están bien informados, porque tienen acceso a internet, Instagram, TikTok y leen la prensa. «Israel necesita internet para poder bombardearles». «Se alegrarán de saber que me han dado un premio, que les han dado un premio a ellos».