Diario de Castilla y León

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Carlos Martínez, candidato a la Presidencia de la Comunidad de Castilla y León por el Partido Socialista Obrero Español, ha pedido e incluso ha insistido para que el Partido Popular y Vox constituyan, lo antes posible, el nuevo gobierno de nuestra comunidad autónoma. Y creo que la petición es justa y necesaria, porque quienes hace ya unas cuantas semanas elegimos a nuestros candidatos en las urnas, esperamos con mucha impaciencia, a que se forme el nuevo gobierno para Castilla y León, y que los nuevos gobernantes empiecen a trabajar de manera inminente y certera para que los aquí vivimos y aquí participamos no perdamos el hilo de la tan ansiada dinámica competitiva que habrá de llevarnos por los más acertados derroteros o, mejor dicho, itinerarios. Para que nuestro destino se aleje todo lo posible del sentimiento que implican las derrotas... También considero que la excesiva parsimonia con la que se está negociando el gobierno que ya había salido de las urnas, no conduce a nada positivo. O al menos a nada que favorezca los intereses de todos nosotros, los «convidados de piedra», los que después de haber votado en los últimos comicios, poco más tenemos que decir, porque nada vamos a tener que ver con ese esperado gobierno regional que, después de tanto tiempo, aun no se ha constituido. Y es que la política está llena de sorpresas irracionales, de sorpresas que trasladan a los políticos a determinados espacios que solamente están reservados y pensados para ellos. Son los espacios, que en ocasiones, tienen sinuosos e insidiosos intereses, porque están llenos de recovecos que la mayoría de los ciudadanos nunca llegaremos a entender. Puesto que solemos imaginar que cuando alguien gana las elecciones aspira a una urgente toma de contacto con la pura realidad, por considerar que esa necesidad de toma de contacto debería de ser prioritaria; ya que eso es algo más de lo que esperamos de los políticos que decidirán por nosotros.

Cuestiones diferentes son los parcos y particulares intereses, y las estrategias de los partidos y de que los representantes de esos partidos den más importancia a sus propios devenires que a esta realidad acuciante que consiste en gobernar, para que a la ansiada necesidad de prosperar no se le pongan cortapisas. Pero, las elecciones andaluzas han sido motivadoras de estas circunstancias que aunque nada tenía que ver con nosotros, nos ha implicado de tal modo que ya se está retrasando, mucho más de la cuenta, la constitución de un nuevo gobierno para Castilla y León

Y es que los actores que representan la política tienen sus propias querencias, y las aplican sin ningún tipo de cuidado ante un público abstracto que, en principio, nada va a decir. Y por eso lo digo.

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