Diario de Castilla y León

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En realidad no lo sabemos, a pesar de que muchos de nosotros desearíamos saber qué nos ofrece. A Ursula von der Leyen, a Roberta Metsola, a António Costa, a Nadia Calviño, a Teresa Ribera, a los eurodiputados, a los representantes políticos y a los majestuosos funcionarios les ofrece unas condiciones de vida de altísimo voltaje con las que no pueden soñar el resto de los mortales, porque la excesiva abundancia no es comparable a ninguna otra posición de privilegio. Y es muy diferente a la que ejercemos los convidados de piedra y los que intentamos competir desde cualquiera de los diferentes ‘Estados’ que conforman la Unión Europea.

Europa nos ofrece muchos conceptos indefinidos que poco tienen que ver con los que habíamos imaginado: ya que la Unión Europea es mucho menos influyente de lo que suponíamos que iba a ser y poquito más de lo que ya éramos cuando cada uno de los países caminaba por separado... Pues Europa, de momento, está deslavazada y adolece de auténtico liderazgo, porque los líderes que rigen nuestros destinos se han ocupado más de crear artificios y organismos en los que situar a sus amigos y correligionarios que en hacer un verdadero esfuerzo para posicionarnos como uno de los artífices más solventes de este viejo planeta. Pues, a pesar de los pesares, seguimos instalados en la cola que nadie desea representar. Esa cola de gato callejero que no ejerce influencias en ninguno de los foros importantes que representan al mundo.

Europa padece de falta de liderazgo. Ha perdido pujanza y sigue perdiéndola de tal modo que EEUU, Rusia, China, India, Brasil, Canadá y tantos otros nos llevan la delantera y seguirán llevando la delantera, porque en realidad somos una especie torpe e inconclusa de TORRE DE BABEL. No somos ni un Estado de Estados, ni una agrupación de Estados, ni una homogeneización de países con intereses similares. Ni tan siquiera somos un conjunto inconexo de Estados en los que cada cual habla su idioma y nadie asume la posibilidad de que un día nos entendamos sin artefactos, ni traductores. Aunque conservemos los ‘veintitantos’ idiomas que a pesar de que separan enriquecen…

Europa es, por lo tanto, un virtual espejismo que aletea como las palomas enfermas o que repta como serpientes primerizas. Ya que la mayoría de los presidentes de los diferentes países europeos siguen haciendo de su capa un sayo, y actúan como les parece. No tienen en cuenta el interés general europeo, y lo peor de todo, es que, por no tener, Europa no tiene un poderoso ejército que sea fiel custodio de nuestros intereses. Tampoco dispone de estrategias comunes, ni de resortes capaces de generar los crecimientos económicos suficientes como para que los que aquí vivimos y aquí participamos deseemos sentirnos plenamente europeos.

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