AL SERENO
El tren vuelve a la campaña
DICEN QUE EL PAPEL lo aguanta todo, cualquier barbaridad principalmente, pero si existe algo con más capacidad si cabe de sostener aún mayores desatinos son los debates parlamentarios . No lo afirmo esta vez en relación a nuestras Cortes autonómicas, aunque también, ya que fueron disueltas por decreto presidencial para renovar el percal el 15-M. En Castilla y León, como en todas partes se cuecen habas y en Burgos, a calderadas, y entre la panoplia de asuntos que han concitado las declaraciones políticas más peregrinas, las mentiras más gordas, los dislates más gruesos, los ridículos más vergonzantes o las meteduras de pata más a conciencia, brilla con luz propia la espinosa cuestión de la reapertura de la línea del tren directo entre Burgos y Madrid pasando por Aranda de Duero. Concretamente la lámpara de la máquina bateadora que lleva desde el año 2011, quince años de nada, atrapada en el interior del túnel de Somosierra como símbolo del enterramiento de esta infraestructura por la desidia política bipartita. Desde el mismo momento en que se desplomó el techo del túnel sobre esa bateadora se puso en marcha la máquina del fango que ha estado produciendo el material de desecho intelectual que se han venido arrojando al rostro los dos partidos de gobierno en España. Ni PP ni PSOE están libres de culpa, pero se acusan entre sí ser los asesinos del directo y lo hacen cargados de inocencia como si acabaran de recibir la Primera Comunión y en sus pechos vacíos de corazón aleteara el Espíritu Santo. Esta semana se han puesto de acuerdo en estar en desacuerdo, en cruzarse reproches y culpas y en que hay que reabrir esa línea ferroviaria como sea «de forma inmediata» empezando por «reparar el túnel de Somosierra, liberar la bateadora atrapada» para proceder a «recuperar y modernizar toda la infraestructura ferroviaria de la línea Madrid-Aranda de Duero-Burgos». Esa es la literalidad de la propuesta que salió aprobada en el Congreso con el apoyo de los parlamentarios del PP y del PSOE. Se suma a la que en su día se aprobó en el parlamento autonómico de Castilla y León, en los ayuntamientos de Burgos y Aranda y en la Diputación y puede que hasta se votase en mi comunidad de vecinos, con los mismos efectos prácticos sobre la posibilidad de que ese tren vuelva a rodar. Al ministro de Transportes lo que le pide el cuerpo es inaugurar la novísima y carísima nueva estación de Valladolid y eso de que los paisanos de Soria estén meses sin tren o que una máquina espere quince años a que la saquen de un túnel por el que no pasa nadie le pica poco. Ni un simple tweet. No les aburro con los argumentarios de los bipartidistas justificando su postura porque no valen ni para tacos de escopeta ni merece mucha más explicación el hecho de que Vox, que huye de los matices y sólo apuesta al blanco o negro, se guarde de meter cuchara en temas tan complicados. Unos enredan, otros simplifican y todos sólo para los suyos, que son los únicos que tragan. En 2027, si no es antes, volverá este asunto a la campaña electoral. Al tiempo.