Diario de Castilla y León

E.M.

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ASOMA EL OTOÑO y con él las Cortes de Castilla y Pollán tras el largo y cálido veraneo de dos meses de sus señorías, que asomaron cuando las llamas eran brasas, por si había barbacoa. Ya han subido las persianas del mausoleo de hemiciclo nacarado. Por algo se empieza, que el regreso no debe ser brusco para evitar el estrés post vacacional. Todo sigue igual. El uso y disfrute de los BMWs oficiales de las Cortes sigue siendo el secreto mejor guardado de la política de esta comunidad, pese a que amenazaron con desclasificar los viajes y trasiegos allá por mayo, cuando la camisa de la desvergüenza comenzó a apretarles en la primera planta. Son ya conocidos como la tropa de los BMWs. No confundir con la célebre banda del BMW, que atraca a punta de Seat León. Nadie parece interesado en desclasificar las idas y venidas de los BMWs, esos que el integrante socialista de la Mesa usaba para recaudar avales o viajar alcaldes. ¿Qué esconderán esos viajes para que no haya forma de conocerlos? Son los Falcon de las Cortes de Castilla y León. Pero la verdad es tozuda, como los bueyes del páramo, y acabará el surco, aunque vaya lenta. El tripartito (PP, PSOE y VOX) de la Mesa de Cortes teatraliza, pero no remata. Dicen en los pasillos cortesanos que todos están embadurnados de viajes inconfesables. Aunque lo cierto es que el vicepresidente del PP fue el primero que dejó en evidencia a Pollán al asegurar que los trayectos quedaban registrados con las dietas de los conductores, como en la Junta, ni más ni menos. La mentira tiene las partas muy cortas. El Grupo Mixto hace tiempo que pidió los recorridos, como lo ha hecho ahora el PSOE, desde principio de mandato. Pero el representante del partido de la ley y el orden no suelta prenda sobre los vehículos. Tanto va el cántaro a la fuente que al final se lleva el gato al agua, y las llaves del plató.

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