TIERRA ADENTRO
¿Quién quemó Roma?
LA VIRGEN de la Cueva falló. Estaba de vacaciones. También. Entre unos y otros, voy a perder la fe. Con lo bien que nos habría venido un nublo de esos que descarga más agua en una hora que nuestros efectivos aéreos en diez años. Pero no fue así. Fue como era de suponer. Hace más de un cuarto de siglo que asisto al espectáculo de un paisaje calcinado después de los incendios. Los incendios en el noroeste se han venido arriba. Este último, deja tras de sí un reguero de desastres. Gritos, rabia, desesperación, miedo y pánico.
De nuevo, el valor heroico de todos los profesionales de los grupos contraincendios. Colectivos a los que nunca premiaremos ni agradeceremos lo suficiente el esfuerzo sobrehumano que, en estos días de incendios descontrolados, han llevado a cabo en jornadas interminables. Qué pena que la instrumentalización política no nos deje escuchar su voz y su testimonio. Y sus reivindicaciones. Solo con esta imagen ya se debería revisar su nómina. Otra vez, miles de hectáreas calcinadas, montes enteros y árboles con la «etiqueta verde», pastos, desesperación entre los últimos guardianes de los pueblos y paisaje rural borrado en el mapa.
Las panorámicas nocturnas de los incendios, sobrecogedoras. Las diurnas, descarnadas y reales. Adiós al turismo. Lo sabemos. Lo sabíamos. Algunos tenemos muy claro que no solo fue Nerón quien lo quemó. Fuimos todos un poco, aunque la lira y el verso anduvieron entre la eficacia y la improvisación y, por otro lado, domeñada por un incendio que obliga a tomar decisiones inmediatas. Que escuchen a los de los efectivos que lo vivieron desde dentro.
Tenemos la culpa por dejar solos a los de los pueblos, por no tomarnos en serio las reivindicaciones de los ganaderos y los agricultores, por abandonar aquellas prácticas solidarias y efectivas de la participación del común en huebras y hacenderas. Tenemos la culpa por aplaudir porque sí, sin exigir a cada uno de los nuestros una efectividad sin gresca en medio de la tragedia.
Ojo, que esto no para. Dicen que vamos a más en incendios. Mucho me temo que vamos a tener que rapar mucho más los montes con enormes cortafuegos. Aprovecho para recordar algo que a un servidor siempre le despertó cierta curiosidad. Si somos la mayor masa forestal de España, un valioso zoo de fauna ibérica, un bello jardín botánico y biológico y el mayor rosario en menciones y etiquetas medioambientales, ¿cómo es posible que no tengamos un mayor reconocimiento presupuestario por parte del Estado? Otras regiones son mimadas por el Gobierno por muchísimo menos. Llevo años pisando tierra quemada. Consciente de que nos quedan un par de generaciones. Deberíamos tomarnos en serio las políticas forestales. Ya. Ahora toca esperar para ver qué pasa cuando el retén vuelva al cuartel de invierno.