Diario de Castilla y León

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La cosa de la política se cuarentena en Navidad

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El adelanto elEctoral hace un paréntesis. Estamos en Navidad y el personal no está para aguantar a sus señorías, bastante tiene con comerse el pavo en la intimidad en virtud de la cuarentena del virus que está repartiendo más contagios que milones del Gordo. Seguirá rugiendo el Twitter con los desalmados lamentándose más que una jirafa coja. No es tiempo de urnas. La política entra en cuarentena en Navidad. Así es esta tierra y todas las tierras de España por los siglos de los siglos. Pobre del que ose importunar las fiestas a las buenas gentes con sus sermones y precampañas porque recogerá las iras de febrero, en víspera del día de San Valentín, aunque el amor se rompiera antes, mucho antes, incluso mucho antes de lo que cuentan, si es que alguna vez lo hubo. Matrimonios de conveniencia no son por pasión, sólo por el placer de gobernar. La Navidad está aquí. Y aquí estará hasta que nos la sacudamos el 9 de enero con las rebajas de El Corte Inglés, luego llegarán los descuentos de las urnas y a alguno le saldrá a pagar el cambio de prendas. Y el virus está fuera. Aunque ya está más dentro que fuera. La ola es tsunami y cabalga desbocada y sin control. Parece ser que la solución es ponerse mascarilla fuera, aunque dentro te amontones con 70 desconocidos, cada uno de su padre y de su madre, y de sus costumbres, a soltar aerosoles como un descosido. Es la política, cuarentenada en Navidad. El 10 de enero volverá con brío, con las nóminas de candidatos ya metidas en el juzgado y la suerte casi echada. Llegará la campaña, casi sin previo aviso, y el 13 de febrero hablará el pueblo. Habrá elecciones. Habrá futuro. Repudiar las urnas es despreciar a los ciudadanos. Igual estamos derrochando liberalismo por encima de nuestras posibilidades. Lo dijo Gaviria, César: Habrá un futuro.

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