Diario de Castilla y León

AGRICULTURA

Un estudio en Burgos logra reducir un 26% la principal plaga de la trufa negra

El uso de un hongo como bioinsecticida reduce la presencia del escarabajo que perfora y devalúa la trufa negra

Iván Franco Manchón, en la platanción trufera

Iván Franco Manchón, en la platanción truferaECB

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Loreto Velázquez

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La plantación que la empresa Trufas del Cerrato tiene en Tórtoles de Esgueva (Burgos) ha servido como campo de ensayo de una interesante investigación que busca poner coto al escarabajo Leiodes cinnamomeus, la principal amenaza de las plantaciones truferas. «Tras monitorizar cinco meses, hemos alcanzado conclusiones muy esperanzadoras», asegura el técnico de la plantación Iván Franco Manchón.

Leiodes cinnamomeus es un pequeño escarabajo de la familia Leiodidae y está considerado como una de las principales plagas de las trufas, especialmente de la trufa negra (Tuber melanosporum), aunque también puede afectar a otras especies de Tuber. «Cuando ataca hace agujeros en la trufa, devaluando su valor», señala.

En detalle, el estudio llevado a cabo por la Universidad de Valladolid con la empresa IDForest, se ha centrado en la aplicación del bioinsecticida Beauveria bassiana, que tiene su base en hongos y ya se encuentra en el mercado, utilizándose en árboles frutales. «Se aplica con riego por goteo», afirma.

Para comprobar que, efectivamente, esta solución biológica era eficaz para proteger las trufas, el equipo de investigadores dividió el terreno en subparcelas, aplicando el producto en unas y dejando otras sin tratar. «El bioinsecticida se aplicó en septiembre-octubre, coincidiendo con el momento en el que el escarabajo comienza a volar, y luego pusimos una serie de trampas tanto en las zonas de aplicación como en las libres. Semanalmente fuimos recogiendo, con el apoyo del personal del campo, que ha colaborado mucho, los escarabajos», detalla, entusiasmado porque en las zonas tratadas había un 26% menos de escarabajos, pese a coincidir con el periodo de máxima emergencia de la plaga.

Estos resultados aportan, por primera vez en condiciones comerciales, evidencias de campo sobre el potencial de una solución biológica aplicada por riego frente a Leiodes cinnamomeus pero la investigación debe continuar. «Nos habría encantado poder medir las galerías y ver la afectación de la trufa, pero esto requiere una cantidad de recursos de la que, por el momento, no disponemos», puntualiza Álvaro Benito Delgado, investigador predoctoral del Instituto Universitario de Investigación en Gestión Forestal Sostenible de la Universidad de Valladolid y primer autor del estudio.

Según él, aunque el estudio no permite afirmar que el tratamiento reduzca en el mismo porcentaje los daños o las pérdidas de producción, sí demuestra que el hongo puede aplicarse con éxito a través del sistema de riego y que podría constituir una herramienta prometedora dentro del manejo integrado de plagas en truficultura, «ofreciendo una alternativa sostenible que podría contribuir, en el futuro, a reducir el impacto de la plaga en un sector de creciente importancia para numerosas zonas rurales de España y del resto del mundo».

Este estudio supone, además, el primer artículo científico internacional publicado sobre control biológico aplicado en campo para la lucha contra Leiodes en truficultura, consolidando un avance de referencia para el sector.

Un cultivo estratégico

El cultivo de la trufa negra se ha convertido en una actividad agroforestal estratégica en varias regiones europeas y españolas debido al elevado valor comercial de la trufa y al importante aumento de su demanda en los últimos años. En Castilla y León, la provincia de Burgos se ha consolidado como una de las zonas emergentes para el cultivo de la trufa negra (Tuber melanosporum). Las plantaciones se concentran principalmente en el sur de la provincia, en comarcas como la Sierra de la Demanda, Tierra de Lara, Arlanza y la Ribera del Duero, donde los suelos calizos y las condiciones climáticas favorecen el desarrollo de este hongo.

Respecto a la campaña actual, todavía es pronto para hablar de precios. «Hasta que empiece noviembre no se sabrá, pero este estudio es, sobre todo, importante porque, más allá de la producción, el mercado de la trufa prioriza la calidad», señala Iván Franco desde las 9 hectáreas que producen en Tórtoles de Esgueva. «Aquí la producción media oscila entre 50 y 70 kilos de trufa negra por hectárea», termina.

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