CASTAÑICULTURA
La sierra encuentra en el castaño una vía de diversificación regional
La plantación de 150 árboles en la localidad salmantina de El Cabaco se integra en una estrategia que combina innovación agraria, lucha contra plagas y diversificación productiva

Soto de castaños de la localidad de Villar de los Barrios en Ponferrada designado ‘Bosque del año 2024’
La castañicultura vuelve a ganar protagonismo en el oeste de Castilla y León como una de las alternativas más viables para diversificar la actividad agraria en zonas de montaña, apoyada en iniciativas como la plantación experimental que la Diputación de Salamanca acaba de completar en El Cabaco con un total de 150 árboles distribuidos en una hectárea de ensayo, concebida no como una explotación productiva convencional sino como un espacio de generación de conocimiento agronómico aplicable a las condiciones reales del territorio regiional.
Lejos de plantearse como una actuación aislada, esta parcela se integra en una estrategia más amplia de reactivación del sector agroforestal en comarcas como la Sierra de Francia y la Sierra de Béjar, donde el castaño ha sido históricamente un pilar económico y cultural, pero que en las últimas décadas ha sufrido un retroceso acusado por el abandono de explotaciones, la falta de relevo generacional y la pérdida de rentabilidad frente a otros modelos agrarios mecanizados.
En este contexto, el proyecto busca aportar soluciones desde una perspectiva técnica y aplicada, orientada a resolver problemas concretos del agricultor, mediante la evaluación en campo de distintas variedades y patrones, con el objetivo de identificar cuáles presentan un mejor comportamiento frente a factores como la disponibilidad hídrica, la adaptación a suelos de montaña o la respuesta ante condiciones climáticas cada vez más variables.
La colaboración con la Fundación Cesefor permite dotar al proyecto de un respaldo técnico sólido, integrando criterios científicos y forestales en el manejo del cultivo, y garantizando que los resultados obtenidos puedan trasladarse posteriormente al conjunto del sector productor con un enfoque práctico.
Uno de los principales retos del castaño en Castilla y León sigue siendo la sanidad vegetal, con enfermedades como el chancro que han provocado una notable regresión de masas productivas en distintas zonas, debilitando los árboles y reduciendo su capacidad de producción, lo que obliga a replantear tanto las prácticas de manejo como la selección del material en nuevas plantaciones.
A esta problemática se suma la expansión de la avispilla del castaño (Dryocosmus kuriphilus), una plaga invasora que ha afectado de forma significativa a los castañares de la comunidad y frente a la cual se han desarrollado campañas de control biológico basadas en la suelta del parasitoide Torymus sinensis, una estrategia que continúa activa en 2026 mediante refuerzos en zonas afectadas.
Este modelo de lucha biológica se ha consolidado como la herramienta principal para contener la plaga, en línea con las políticas agrarias que priorizan soluciones sostenibles, aunque su eficacia depende de factores como la adaptación del parasitoide al entorno o la evolución de la propia plaga, lo que obliga a mantener una vigilancia técnica de forma continuada.
En este escenario, la parcela experimental de El Cabaco aporta un valor añadido al permitir evaluar el comportamiento de distintas variedades frente a situaciones de estrés biótico y abiótico, contribuyendo así a complementar las estrategias regionales de sanidad vegetal mediante la selección de materiales más resilientes.
La plantación combina 120 portainjertos híbridos de cinco clones distintos con 30 ejemplares de Castanea sativa, lo que permite establecer una comparativa entre materiales mejorados y variedades tradicionales en un mismo entorno, facilitando la obtención de datos homogéneosbre su comportamiento.
El objetivo es identificar qué combinaciones ofrecen mejores resultados en términos de adaptación, necesidades hídricas y productividad, aspectos fundamentales para garantizar la viabilidad económica de las explotaciones en zonas de montaña, donde los márgenes son más ajustados y el riesgo agronómico es aún mayor.
Otro de los ejes clave del proyecto es la evaluación de la compatibilidad entre portainjertos y variedades locales, con el fin de preservar el patrimonio genético del territorio sin renunciar a mejoras productivas, en una estrategia que busca equilibrar tradición e innovación dentro del sector.
Los resultados permitirán avanzar hacia la creación de un banco clonal de referencia que facilite a los productores el acceso a material vegetal previamente evaluado, reduciendo la incertidumbre en nuevas plantaciones y contribuyendo a profesionalizar la castañicultura en la región.
La iniciativa ha contado con financiación de la Junta de Castilla y León, lo que ha permitido acometer trabajos de preparación del terreno, abonado, limpieza e instalación de un sistema de riego eficiente, un elemento cada vez más importante en un contexto de cambio climático y creciente irregularidad de las precipitaciones.
Además, la parcela incorporará sistemas de sensorización avanzada que permitirán monitorizar en tiempo real variables como la humedad, la temperatura o el flujo de savia, introduciendo el cultivo en dinámicas propias de la agricultura de precisión y facilitando una gestión más eficiente de los recursos.
Pese a su potencial, el castaño sigue siendo un cultivo muy localizado dentro de Castilla y León, condicionado por factores agroclimáticos específicos, lo que explica que provincias como Valladolid apenas cuenten con producción, concentrándose su desarrollo en comarcas concretas del oeste regional.
En este contexto, El Cabaco se perfila como un modelo de innovación agraria que, de confirmarse sus resultados, podría consolidar al castaño como una alternativa viable para generar actividad económica, fijar población y reforzar la resiliencia del medio rural en zonas especialmente afectadas por la despoblación.