GIRASOL
Castilla y León se agarra al girasol
Las Organizaciones Profesionales Agrarias coinciden en que producir cereal en secano ya no compensa y el girasol se consolida como cultivo refugio en la Comunidad

Dos personas preparan la siembra de girasol en Castilla y León en una imagen de archivo
Castilla y León se enfrenta a una nueva campaña agrícola marcada por un cambio de tendencia que ya se percibe en el campo y en los despachos: el girasol vuelve a ganar terreno frente al cereal. El movimiento no responde a una moda pasajera ni a una apuesta especulativa, sino a una decisión de supervivencia económica. Con el trigo y la cebada pagando precios bajos y los costos de producción disparados, el cereal se ha convertido para muchos agricultores en un cultivo sin margen. En este contexto, el girasol aparece como la alternativa más viable porque exige menos inversión y permite reducir el riesgo financiero en explotaciones de seco.
La situación del cereal en la comunidad ha dejado de ser únicamente un problema de precios. El debate ha evolucionado hacia un punto mucho más preocupante, incluso con campañas buenas, la rentabilidad se ha evaporado. El agricultor no solo se enfrenta a precios que no acompañan, sino a un incremento constante en fertilizantes, gasóleo, maquinaria y fitosanitarios. El resultado es un escenario donde sembrar cereal obliga a gastar demasiado dinero antes de saber si la cosecha será aceptable. Por eso, en muchas explotaciones ya no se trata de elegir el cultivo más rentable, sino de elegir el que permitirá resistir sin arruinarse.
El problema del cereal ya no se limita a una mala campaña puntual, sino que se ha convertido en una crisis estructural de rentabilidad. El agricultor se enfrenta a una escalada constante en fertilizantes, gasóleo, maquinaria y fitosanitarios. Sembrar cereal significa invertir cientos de euros por hectárea antes incluso de ver el estado del cultivo. En un sector tan dependiente del clima, esa inversión se convierte en una apuesta demasiado arriesgada. Por eso, cada vez más agricultores replantean su estrategia productiva.
En Castilla y León, donde el seco domina amplias superficies, la rentabilidad siempre ha dependido del rendimiento. Sin embargo, en la actualidad ya no basta con producir: hay que producir mucho para cubrir costes. En muchas comarcas, los rendimientos medios no alcanzan el umbral necesario para no perder dinero. Esa realidad está provocando una reducción progresiva del cereal. Y en ese hueco emerge el girasol como cultivo de rotación y refugio económico.
La principal ventaja del girasol es evidente: exige menos gastos. Frente al cereal, que obliga a abonar intensamente y aplicar tratamientos costosos, el girasol permite un manejo más austero. En muchas explotaciones se reduce la fertilización e incluso se aprovechan restos de nutrientes del cultivo anterior. Esto permite afrontar la campaña con menos inversión. En un momento de incertidumbre, el agricultor prioriza reducir el riesgo financiero.
Las cifras ya reflejan el cambio. Donaciano Dujo, presidente de ASAJA Castilla y León, señala que en 2025 se sembraron en torno a 300.000 hectáreas de girasol. Además, indica que las siembras de cereal habían descendido entre un 5% y un 10%, mientras el girasol aumentaba. Para ASAJA, la tendencia estaba marcada desde finales de diciembre. Y las condiciones climáticas recientes pueden empujar todavía más superficie hacia el girasol.
Dujo resume el problema cerealista con contundencia: «La rentabilidad del cereal es cero, incluso si se tiene mala cosecha, pérdidas». Desde ASAJA se insiste en que los agricultores no abandonen el cereal por falta de tradición, sino por imposibilidad económica. «Debido a los altísimos costes que tiene el cereal y los bajos precios, la rentabilidad es cero», recalca. La frustración se extiende en el sector, porque incluso campañas aceptables no dejan beneficios. El cereal, para muchos, se ha convertido en un cultivo de supervivencia.
Costes
ASAJA pone cifras al drama. Según Dujo, el coste medio por hectárea de cereal en Castilla y León ronda los 800 euros. Con los precios actuales, los primeros 4.000 kilos de producción «se los comen los costes». El problema es que la media regional de los últimos diez años no llega a esa cifra en amplias zonas del seco. En la práctica, esto significa que se trabaja por debajo del umbral de rentabilidad. Por eso, el agricultor busca cultivos menos exigentes en inversión.
En Castilla y León, donde El presidente de ASAJA describe el giro en una frase que se repite en el campo: «Me voy a girasol, que no hay que abonar, que tiene muchísimos menos costes». La lógica es clara: aunque el girasol produzca menos kilos, también cuesta mucho menos. De ese modo, el margen final puede ser superior al del cereal. El agricultor prefiere un cultivo con menos rendimiento, pero con más seguridad económica. Y esa mentalidad se está imponiendo en muchas explotaciones.
El calendario también juega su papel. Dujo advierte que las lluvias pueden impedir que se siembre parte del cereal previsto, lo que empujará esas hectáreas hacia cultivos de primavera. «Eso va a ser ya imposible, se va a ir tarde y eso pasará a sembrarse de girasol», explica. En Castilla y León, perder la ventana del cereal significa buscar alternativas rápidas y viables. El girasol encaja perfectamente por fechas y manejo. Así, la meteorología refuerza la tendencia económica.
En términos de rentabilidad, ASAJA estima que el girasol puede ofrecer márgenes interesantes. Dujo señala que en seco la media puede rondar los 1.100 kilos por hectárea y que el precio se ha situado en torno a los 450 euros por tonelada. Con esos datos, el agricultor podría obtener unos 200 euros de beneficio por hectárea en condiciones favorables. No es una rentabilidad espectacular, pero sí superior a la del cereal en muchas zonas. En un momento crítico, esos márgenes se vuelven determinantes.
ASAJA también considera limitado el riesgo de caída de precios por exceso de oferta. Dujo recuerda que España sigue siendo deficitaria en girasol y aceite de girasol. Por ello, aunque aumente la superficie, no se espera una saturación del mercado. «No es una superficie tan alta» y «no supone muchísima más oferta que la demanda», insiste. El sector percibe que todavía hay recorrido para crecer. Y eso da confianza al agricultor para apostar por este cultivo.
En paralelo, el girasol alto oleico gana atractivo por su prima de precio. Dujo explica que en la última campaña llegó a pagarse casi 100 euros más por tonelada que el girasol convencional. Aunque suele producir algo menos, la diferencia económica puede compensar. Para ASAJA, el alto oleico no es una moda, sino una oportunidad real. Si la industria se mantiene prima, la superficie seguirá creciendo.
Desde COAG, el diagnóstico coincide. Alberto Duque, representante de COAG, explica que el girasol se mantiene como cultivo de rotación y se implanta en muchas parcelas con problemas de hierbas estrechas. Esto permite mejorar el manejo de la explotación y reducir determinadas presiones de malas hierbas. Para Duque, el girasol se está consolidando como respuesta lógica ante la pérdida de rentabilidad del cereal. La clave no es solo el precio de venta, sino el ahorro en costes.
Rotación
Duque aporta datos sobre costes de implantación que refuerzan esta idea. Según explica, la siembra cuesta alrededor de 50 euros por hectárea, mientras que la semilla puede situarse entre 15 y 20 euros por hectárea. Estas cifras son muy inferiores a las del cereal, donde el gasto en abonado y tratamientos pueden dispararse desde el inicio. El agricultor valora poder afrontar la campaña con menos inversión. Por eso, el girasol se percibe como cultivo menos arriesgado.
En cuanto a precios, COAG sitúa el girasol entre 400 y 500 euros por tonelada. Además, Duque destaca que en tierras buenas puede alcanzar producciones altas, incluso «hasta 4.000 kilos de regadío». Aunque el seco no alcanza esos niveles, la rentabilidad se mantiene por los menores costes. En explotaciones con buenas condiciones, el girasol puede convertirse en un cultivo con margen claro.
El representante de COAG también pone el foco en el encarecimiento de herbicidas. Advierte de que «el precio del sellado hoja ancha y estrecha es de 60 euros», un coste que en cereal puede hacer inviable la campaña. Estos gastos se suman a fertilizantes y labores, reduciendo cualquier margen. En girasol, el manejo puede ser más sencillo y permitir cierto ahorro. Esto refuerza su papel como cultivo refugio.
Duque considera que el aumento de superficie será real, pero moderado. «No creo que la gente se lance a hacer cosas grandes», explica. Sin embargo, sí prevé que aumenten en parcelas donde no se haya podido sembrar cereal o donde la rentabilidad sea insuficiente. En ese sentido, el girasol se convierte en alternativa para no dejar tierra improductiva. Además, la estabilidad de precios recientes favorece la decisión.
Sobre la evolución del mercado, Duque destaca que el precio reciente ha sido atractivo. «Lo han pagado más o menos a 460. Es un buen precio. Es apetecible», afirma. Este nivel de precios anima a los agricultores a repetir cultivo y ampliar superficie. En Castilla y León, donde el margen se calcula al euro, estas diferencias son importantes. Un precio estable permite planificar mejor la campaña.
COAG también insiste en la necesidad de reforzar el producto nacional. «Lo que habría que hacer es consumir productos con etiqueta nacional», reclama Duque. En un mercado globalizado, la entrada de producto exterior puede presionar los precios. El agricultor castellanoleonés teme que ocurre lo mismo que en el cereal. Por eso, el origen se convierte en una herramienta para defender el valor del producto.
Sobre el alto oleico, Duque lo resume sin matices: «No es una moda. Es una necesidad. Es una demanda». Reconoce que el mercado fluctúa, pero insiste en que existe un interés real. Para Castilla y León, esta opción puede suponer una oportunidad para mejorar ingresos. Siempre que la prima sea suficiente, el agricultor seguirá apostando por esta calidad.
Desde UPA, la visión es igualmente crítica con el cereal. Aurelio González, representante de UPA, afirma que con el cereal a 200 euros por tonelada hacen falta tres toneladas y media solo para cubrir gastos. Además, advierte que «en Castilla y León, la media no llega a tres toneladas». Eso significa que el cereal no es rentable para buena parte del seco regional. El agricultor produce por debajo del umbral necesario.
Márgenes
González recuerda que incluso el año pasado, con rendimientos altos, no se logró beneficio. «El año pasado no hemos ganado dinero los agricultores. Solamnete se han pagado los gastos», sentencia. Esta frase refleja el desánimo del sector. Si ni siquiera un año bueno deja margen, el cultivo se vuelve insostenible. Por eso, el girasol se percibe como salida para reducir pérdidas.
El representante de UPA advierte además del riesgo financiero del cereal. Con costes que rondan los 700 euros por hectárea, una explotación de 100 hectáreas debe arriesgar 70.000 euros. Esa inversión, sin seguridad de precio, resulta insoportable para muchos agricultores. El girasol, en cambio, permite sembrar con menos gasto y menor dependencia de crédito.
González resume el problema central en una frase clara: «Los altos costos que tenemos… no se corresponden con el bajo precio que nos pagan». La brecha entre costo y precio es lo que está expulsando al cereal de muchas explotaciones. Si el cereal no sube de precio, la superficie seguirá cayendo. De hecho, González fija el umbral mínimo para que sea rentable: «Para que sea rentable en secar el cereal, tiene que llega a 240 euros la tonelada, sino no haces nada.
En este escenario, UCCL también admite que la baja rentabilidad del cereal puede aumentar la superficie de girasol. Jesús Manuel González Palacín, representante de la Unión de Campesinos de Castilla y León (UCCL), sostiene que dependerá de la demanda: «Si hay demanda y entonces se estima que no está mal en todo, pues bien, sí». Para UCCL, el girasol puede crecer, pero condicionado por el mercado y por la estabilidad de precios.
En definitiva, Castilla y León se encamina hacia una campaña donde el girasol gana protagonismo por necesidad, no por elección. Con menos costos, precios atractivos y una demanda creciente de alto oleico, la oleaginosa se consolida como pieza clave para la supervivencia del seco regional. Mientras el cereal sigue atrapado en precios bajos y costos altos, el agricultor seguirá buscando refugio en cultivos que le permitan, al menos, cerrar el año sin pérdidas.