Las lluvias condicionan la campaña de leguminosas en Castilla y León
Las expectativas económicas de los productores habían sido altas tras los buenos precios de referencia del año anterior, pero la situación actual del mercado y la persistencia de lluvias generan un escenario más incierto

Siembra de garbanzo en la localidad segoviana de Labajos bajo, en una imagén de archivo.
El pasado 10 de febrero se celebró el Día Mundial de las Legumbres, una fecha que este año coincide con el inicio de la planificación de siembras de primavera en Castilla y León, una comunidad que concentra buena parte de la producción nacional. El cultivo de legumbres sigue siendo estratégico por su valor alimentario, agronómico y económico. Sin embargo, la campaña arranca marcada por un clima adverso. Las lluvias persistentes de las últimas semanas han dejado tierras saturadas, parcelas anegadas y una preocupación generalizada en el campo. La situación afecta tanto a cultivos ya implantados como a los trabajos de preparación de las parcelas donde deberían sembrarse guisantes, lentejas, garbanzos o alubias. La incertidumbre es máxima en un año en el que el cereal también ha quedado condicionado.
El presidente de ASAJA Castilla y León, Donaciano Dujo, recuerda que en la Comunidad se vienen sembrando entre 35.000 y 45.000 hectáreas de legumbres de consumo humano, especialmente lenteja, garbanzo y alubia. En su opinión, este año es difícil anticipar cifras porque «es casi imposible hacer predicciones» con el terreno como está. «Ningún agricultor podemos decir ni qué vamos a sembrar en primavera ni cuándo», advierte.
Dujo señala que las legumbres son cultivos delicados y no permiten improvisación. «La legumbre es un cultivo muy exquisito en cuanto a la producción y hay que hacerlo en su tiempo y bien», explica. Si se retrasan demasiado los ciclos, las plantas no completan su desarrollo y el agricultor no se arriesga. Por eso insiste en que el calendario dependerá del tiempo de febrero y marzo.
El representante de ASAJA confía en que, si el tiempo levanta, pueda mantenerse la superficie habitual, incluso en el entorno de 45.000 a 50.000 hectáreas. Pero deja claro que el escenario actual no invita al optimismo. «El campo está inundado de agua», resume, aludiendo a la imposibilidad de trabajar las parcelas.
En cuanto a qué cultivo podría crecer más, Dujo rechaza aventurar una respuesta. «Tal como está el tiempo, tal como está la climatología, me es difícil hoy poder calcular qué cultivos van a ser los que más van a desarrollarse», explica. Según apunta, todo dependerá de cuándo se pueda entrar con maquinaria y qué tierras se puedan preparar a tiempo.
La siembra, recuerda, se concentra en marzo y abril, y la ventana es corta. «O se siembra en época o si no, pues no se siembra», afirma. A diferencia de otros cultivos como el maíz o la remolacha, donde existen variedades de ciclo más corto, en legumbres no hay margen para corregir un retraso de varias semanas.
El presidente de ASAJA insiste en que, si no se puede sembrar en condiciones, el agricultor optará por otros cultivos. «El agricultor no se va a jugar en sembrarlas para no coger producción», advierte. Además, el exceso de humedad no solo retrasa la siembra, sino que puede afectar al desarrollo posterior del cultivo .
Retrasos
Desde la Unión de Campesinos de Castilla y León (UCCL), el coordinador regional en Castilla y León, Jesús Manuel González Palacín, advierte de que el temporal está generando problemas incluso antes de comenzar las labores fuertes de primavera. «Se complica mucho», resume, señalando que el retraso en tratamientos y en la preparación del terreno puede traducirse en menor rendimiento final.
González Palacín alerta también del aumento de malas hierbas en parcelas donde no se ha podido actuar. «Malas hierbas, sí, sí, sí», insiste, subrayando que la humedad favorece su expansión. A su juicio, si el agricultor no puede entrar a tiempo para aplicar tratamientos, el cultivo pierde potencial y se disparan los costes de control posterior.
El representante de UCCL señala que el retraso puede tener un impacto directo en la productividad. «No te puedes arriesgar a hacer una semana entera muy fuera del ciclo, porque eso te baja la producción», explica. Y advierte de que si la lluvia persiste, las pérdidas pueden ser importantes tanto en lo nacido como en lo que todavía no se ha sembrado.
Según González Palacín, también existe riesgo de problemas de asfixia en el suelo. «Sí, sí, sí», responde al ser preguntado por la posibilidad de asfixia o nascencia fallida. La situación preocupa especialmente porque algunas parcelas ya han sufrido daños por exceso de agua, y en ciertos casos se han perdido plantas.
Aun así, UCCL señala que el resultado final dependerá en gran medida de lo que ocurra en abril y mayo. «Nos jugamos la cosecha en el mes de abril y mayo», advierte. Si la primavera viene equilibrada, el año podría ser aceptable, pero el exceso de agua continuado tampoco es positivo para estos cultivos.
En cuanto a rendimientos, González Palacín considera que la campaña es todavía imprevisible. Reconoce que el rendimiento depende de tratamientos oportunos y de la meteorología de primavera. Si en quince días deja de llover y se puede entrar, «se puede recuperar bastante», pero si no se puede actuar, el cultivo lo notará.
La cuestión del precio también preocupa a UCCL. González Palacín asegura que lo que se paga al agricultor está «muy, muy por debajo» de lo necesario para cubrir costes. «Es un precio ridículo», insiste. A su juicio, el problema no es la falta de consumo, sino la dinámica de mercado global, donde la oferta internacional condiciona las cotizaciones.
En el caso de la Unión de Pequeños Agricultores (UPA), el representante Ventura González explica que todavía es pronto para cuantificar la campaña porque las siembras principales aún no han empezado. «Solamente hay sembrados cultivos como los guisantes», señala. El resto, como lentejas, garbanzos y alubias, se decidirá durante las próximas semanas.
Ventura González afirma que la superficie podría incluso crecer si persisten las dificultades con el cereal. «Todo apunta a que la campaña podría llegar a ser con una normalidad incluso con más superficie», explica. En especial porque muchas hectáreas del sur de Castilla y León no se han podido sembrar de cereal de invierno y se buscarán alternativas.
Según UPA, zonas como el norte de Salamanca o Zamora, con denominaciones de origen o IGP, mantendrán su dinámica tradicional. «Esas zonas, como son zonas de costumbre, de legumbres, pues se sembrará más o menos la superficie», indica. Pero cree que provincias sin figuras de calidad, como Ávila o Segovia, podrían aumentar si queda terreno libre.
Superficie
Sobre qué legumbre podría destacar, Ventura González apunta al garbanzo. «Principalmente el garbanzo», afirma, porque tiene dos salidas claras: consumo humano y consumo animal. Además, recuerda que se está buscando reducir la dependencia de soja importada y transgénica, favoreciendo cultivos proteicos como garbanzo y guisante.
El representante de UPA explica que la Unión Europea está insistiendo en ese objetivo. «Hay que trabajar… para intentar evitar el consumo de soja», señala, recordando que se trata de un producto importado y transgénico. Para González, esto puede abrir una oportunidad de mercado, pero siempre que exista rentabilidad real para el productor.
En cuanto al impacto directo de las lluvias, UPA cree que de momento no deberían frenar la siembra, siempre que remitan pronto. «Siempre se suele sembrar durante el mes de marzo», explica, y en algunos casos incluso hasta la primera quincena de abril. El riesgo real sería que el temporal se prolongue y se pierda la ventana.
UPA añade que ahora mismo el exceso de agua incluso puede ser beneficioso si se detiene a tiempo. «Ahora mismo incluso… que el suelo coja bien de humedad», apunta. Pero advierte de que si las lluvias continúan en el momento de siembra, sí habría problemas serios y se reduciría la superficie final.
A estas advertencias se suma el responsable de COAG en Castilla y León, Alberto Duque, quien reconoce que muchos agricultores ya estaban preparados para empezar antes. «Era la idea de tener la maquinaria empezando a trabajar ya prácticamente antes», explica, señalando que se venía planificando así «ya tres años» por cuestiones de costes y de organización.
Duque reconoce que el cultivo de legumbre ha despertado interés porque ha sido de los pocos con un precio más estable. «Tiene mucha apetencia, porque realmente es de los cultivos que tenía un precio sostenido», señala. Y pone un dato sobre la mesa: «700 euros aproximadamente a la jornada», como referencia de rentabilidad en determinados casos.
El representante de COAG advierte, sin embargo, de que este año el riesgo climático está disparando la incertidumbre. «El tiempo está complicando demasiado», resume. Y aunque reconoce que sembrar demasiado pronto podría parecer arriesgado, insiste en que hay agricultores que lo intentan para no perder el calendario.
Según Duque, el margen de siembra se está estrechando y la preocupación crece. «Lo ideal es cerrar la fecha de abril», afirma. En su opinión, si la campaña se desplaza demasiado, las producciones caerán y muchos agricultores cambiarán de estrategia.
COAG señala que, pese a todo, aún existe esperanza. «Hay muchas fechas normales», asegura Duque, que considera que todavía hay margen si el tiempo da una tregua en las próximas semanas. Aun así, insiste en que el terreno necesita secarse al menos diez días para poder trabajar en condiciones.
Expectativas
Duque confirma que las expectativas eran altas antes de este episodio de lluvias. «Había muchas expectativas», insiste, recordando que el agricultor había empezado a hacer números. La legumbre aparecía como una salida atractiva por su menor inversión inicial y por su papel dentro de la rotación.
En ese sentido, COAG resalta que la legumbre es un cultivo que permite reducir gastos en fertilización. «No tienes que ser agono… no abono, pero nitrógeno», afirma Duque, subrayando que deja nitrógeno en el suelo. Ese ahorro se considera clave en un momento de elevados costes de insumos.
Además, destaca su efecto sobre la campaña siguiente. «Es muy bueno para el año siguiente, como mejorante de terreno», explica. Y añade una de las claves del interés actual: «es un cultivo de menos coste que un cereal tradicional», lo que hace que muchos agricultores lo vean como una alternativa viable.
Duque asegura que este año «mucha gente le ha puesto ganas al cultivo, precisamente por la rentabilidad que mostró el año pasado. Recuerda que algunas referencias alcanzaron valores muy elevados. «Por ejemplo, ACOR pagó casi 2.500 euros», afirma, indicando que fue un factor que animó a incrementar superficie.
También señala que hubo pagos en torno a 480 euros, lo que reforzó la sensación de oportunidad. «Había un precio muy atractivo este año», apunta. Sin embargo, advierte de que la situación actual es distinta y el mercado no está dando señales claras.
«Sabemos cómo acaba. No hay nada», resume Duque, aludiendo a que la incertidumbre es total. En su opinión, el clima está generando un freno que puede afectar a toda la planificación agraria de primavera. Si no se siembra legumbre, habrá que buscar otras opciones.
COAG advierte de que, si no se llega a tiempo, los agricultores cambiarán de cultivo. «Pues tirarán al girasol», afirma Duque. Esto supondría un cambio importante en muchas comarcas de secano, donde el girasol es el plan B habitual cuando se pierde la ventana de siembra.
El presidente de ASAJA, Donaciano Dujo, insiste también en que no se puede entrar a las parcelas. «No se puede entrar en las tierras bajo ningún concepto», recalca. Ni para sembrar ni para preparar el terreno. La maquinaria está parada y todo depende de que febrero y marzo den una tregua.
Además, ASAJA insiste en que el etiquetado sigue siendo un problema. «Muchas veces se engaña al consumidor porque las etiquetas no se ven bien en la procedencia», denuncia Dujo. Reclama que el origen se indique con claridad para que el consumidor pueda elegir producto español.
En conjunto, la campaña sigue abierta y dependerá del tiempo en las próximas semanas. Si febrero y marzo permiten entrar a las tierras, se podrá sembrar dentro del calendario. Si las lluvias persisten, habrá, pérdida de ciclo y cambios hacia alternativas como girasol.