Diario de Castilla y León

LA PINAREJA (2.193 METROS)

Pinareja y Montón de Trigo

Bosques y cumbres de Guadarrama: una excursión por el reino del pino silvestre

Un montañero recorre los inmensos pinares

Un montañero recorre los inmensos pinaresN.S.

Publicado por
Nacho Sáez

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Cuando el verano empieza a dejarse sentir sobre la meseta castellana, pocos planes resultan tan apetecibles como buscar el frescor de un bosque de montaña. A apenas unos kilómetros de las grandes ciudades, la Sierra de Guadarrama guarda rincones donde el aire sigue oliendo a resina, el agua baja fría de las cumbres a pesar de los calores propios de la época.

El Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama, que protege cerca de treinta mil hectáreas del Sistema Central entre las provincias de Segovia y Madrid, es uno de esos lugares privilegiados. Sus montañas, muchas de ellas por encima de los dos mil metros, albergan una extraordinaria diversidad de paisajes: extensos pinares, praderas de altura, arroyos cristalinos y algunas de las mejores panorámicas del centro peninsular.

Nuestra propuesta de hoy comienza en uno de los rincones más emblemáticos del parque: el pinar de Valsaín. Considerado uno de los grandes bosques de pino silvestre de Europa, este monte ha sido aprovechado de forma sostenible durante siglos y constituye un magnífico ejemplo de cómo la conservación y el uso tradicional pueden convivir en equilibrio.

El punto de partida se encuentra en el Puente de la Cantina, entre los kilómetros 130 y 131 de la carretera CL-601, que une Segovia con Madrid a través del puerto de Navacerrada. Allí podemos dejar el coche, en la zona de aparcamiento habilitada junto al puente.

Justo a su derecha, en sentido ascendente, un sendero se adentra en el bosque junto a un viejo torno metálico. Desde los primeros pasos nos envuelve la sombra de los altos pinos silvestres y el agradable silencio del valle. El camino desemboca pronto en la antigua carretera del puerto de la Fuenfría, hoy reservada para caminantes y ciclistas.

Tras recorrer aproximadamente un kilómetro por el asfalto abandonado —1,3 kilómetros desde el inicio— debemos tomar un sendero que sale a la derecha. Comienza aquí la senda de la Divisoria de los Berciales, mucho menos transitada que otras rutas de la zona y quizá por ello especialmente atractiva. Después de cruzar el arroyo de la Nava de la Horca, el sendero coge pendiente y nos permite ganar altura con decisión hasta acercarnos a los 1.700 metros.

Cuando menos lo esperamos, entre el bosque de pinos se abre ante nosotros la bucólica Pradera de la Venta, donde con frecuencia encontraremos pinos de tala y ganado que busca el frescor de los pastos de montaña. Cruzamos la pista que la atraviesa la pradera para enlazar, prácticamente sin cambiar nuestro rumbo, por otro amplio camino que se dirige hacia el oeste. De nuevo el camino vuelve a ganar altura hasta ganar otra zona en la que el bosque de pinos deja de tener la misma densidad, y los ejemplares son de menor envergadura. En esta zona el camino se difumina un poco y conviene prestar atención para ir girando hacia el suroeste, buscando un sendero que, primero en horizontal, y luego en ligero descenso, nos lleva hasta el bucólico arroyo del Regajo.

Siguiendo unos metros el curso del agua llegamos a la Majada del Regajo, en un claro de montaña que invita a detenerse unos minutos. Cruzamos el arroyo y afrontamos la última subida hasta el collado de Tirobarra, situado a 1.884 metros de altitud.

La recompensa no tarda en llegar. Desde este balcón natural se presentan dos de las montañas más representativas de la sierra. Hacia el noroeste se alza La Pinareja (2.193 metros), segunda cumbre más alta del cordal de la Mujer Muerta, mientras que hacia el sureste se encuentra el Montón de Trigo (2.155 metros), una de las cumbres más populares del Guadarrama. La primera de las cumbres ya está muy cerca de nosotros, y únicamente exige prestar especial atención en la parte final, donde el sendero de tierra deja paso a los bloques de piedra hasta llegar a la misma cumbre. Después de disfrutar de las vistas sobre las cumbres que dan continuidad al cordal (el Oso y el Pasapán), volveremos a bajar por el mismo itinerario de subida hasta el collado de Tirobarra, desde donde continuamos ruta por el cordal en sentido contrario en busca de la segunda cumbre de la jornada: el Montón de Trigo.

La ascensión resulta sencilla y desde su cima las vistas alcanzan buena parte de las montañas segovianas y madrileñas. Desde allí descendemos hacia el sur, caminando también un pequeño tramos entre bloques, hasta llegar al siguiente collado, que nos deja a los pies del modesto Cerro Minguete, el tercer dosmil de la jornada, un magnífico mirador sobre todo el entorno. Quienes todavía conserven fuerzas pueden incluso añadir una última cima al recorrido acercándose a Peña Bercial, situada apenas ochocientos metros al suroeste.

El regreso nos conduce al siempre concurrido puerto de la Fuenfría. Pasamos a la vertiente norte para avanzar hacia el oeste por el buen camino que pronto nos deja a la fuente de frías aguas que nos ofrece la oportunidad de refrescarnos antes de emprender el descenso Desde allí tomamos el sendero que pronto sale a nuestra izquierda y nos lleva por el Carril del Gallo, entre paisajes de gran belleza hasta la Pradera de Navalazor.

Desde allí el camino toma definitivamente rumbo norte hasta encontrarse de nuevo con el tramo asfaltado que, en poco más de un kilómetro, nos devuelve al Puente de la Cantina.

La ruta combina bosques centenarios, arroyos de montaña, collados abiertos al horizonte y varias de las cumbres más emblemáticas del Guadarrama. Es una excursión exigente en algunos tramos, pero también una magnífica invitación a descubrir que, incluso en pleno verano, existen lugares donde el calor de la meseta queda muy lejos y el aire de la montaña sigue siendo el mejor refugio.

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