SALAMANCA
Entrenar la empatía clínica con IA
La Usal lidera un proyecto con el que crean situaciones clínicas simuladas para mejorar la comunicación con los pacientes, una habilidad fundamental que supone un reto en la formación médica

La psicóloga Beatriz Vicente y el reumatólogo del Hospital Clínico Universitario de Salamanca Carlos Montilla
Durante los últimos años, numerosos estudios se han adentrado en la importancia de la empatía clínica, ya que la comunicación con los pacientes es una de las competencias fundamentales para que los profesionales médicos puedan ofrecer una atención sanitaria de calidad.
Estas investigaciones han demostrado que aquellos sanitarios que presentan una buena empatía con sus pacientes crean un contexto en el cual mejora la experiencia del paciente, influyendo en la adherencia a los tratamientos y la precisión diagnóstica. Sin embargo, el desarrollo de dichas habilidades supone un reto en la formación de los futuros médicos.
En este marco, la Universidad de Salamanca, en colaboración con la Universidad de Vigo, lidera un proyecto que busca impulsar el entrenamiento de los futuros profesionales de la salud mediante el uso de la inteligencia artificial generativa para entrenar las habilidades empáticas y comunicativas.
«La evidencia científica dice que los pacientes atendidos por médicos empáticos obtienen mejores resultados clínicos, puesto que experimentan menos ansiedad, muestran una mayor confianza en las habilidades de los profesionales y cuentan con una adherencia significativamente superior a los tratamientos prescritos», explica el reumatólogo del Hospital Clínico Universitario de Salamanca y responsable del grupo de investigación Enfermedades Inmunomediadas del Aparato Locomotor, Diagnóstico, Actividad, Comorbilidades y Tratamiento, Carlos Montilla.
«Esta empatía no solo beneficia al paciente, sino que también repercute en el médico, pudiendo actuar como factor protector frente al agotamiento físico, emocional y mental causado por el estrés laboral crónico».
Aunque tradicionalmente la empatía se ha considerado una cualidad innata, el investigador sostiene que «la evidencia demuestra que puede entrenarse y potenciarse mediante intervenciones educativas». Así, mediante una revisión sistemática de 15 estudios que se enfocan en este ámbito, vieron que se presentaban incrementos significativos en los niveles de empatía de estudiantes de medicina tras intervenciones educativas.
Basándose en estos antecedentes, el estudio nace debido a que, «pese a que la empatía es un factor determinante en la calidad de la relación asistencial», existen escasas evidencias de su integración en el currículo médico actual. Desde el grupo de trabajo de Montilla ya habían trabajado en proyectos previos orientados en esta área de formación, sin embargo, no profundizaban en métodos específicos para incrementarla. «Esto nos motivó a dar un paso más».
Para solventar esas carencias, este nuevo proyecto de innovación docente se basa en el uso de las nuevas tecnologías para intentar mejorar la empatía en los estudiantes de medicina.
Anteriormente, el método más empleado para entrenar esta habilidad era mediante simulaciones con actores, pero su elevado coste limita la escalabilidad y la habilidad de repetir el ejercicio con frecuencia, por lo tanto, no se consigue entrenar estas habilidades de la mejor manera.
Por el contrario, el uso de la IA les permite practicar estas simulaciones de forma reiterada y con un bajo coste mediante la creación de «pacientes virtuales interactivos que personalizan la enseñanza, ofrecen disponibilidad permanente y proporcionan retroalimentación inmediata, superando las limitaciones logísticas y económicas de los métodos tradicionales».
Además, indica que «los escenarios con IA permiten simular situaciones a las que los estudiantes difícilmente acceden en sus prácticas convencionales con retroalimentación inmediata basada en el análisis de IA de las interacciones estudiante-paciente simulado».
Para su puesta en marcha, el estudio ha pasado por la elaboración de perfiles psicológicos de los pacientes simulados, algo para lo cual han contado con la colaboración de la psicóloga Beatriz Vicente, y el diseño de tres casos clínicos que contemplan la artritis reumatoide, fibromialgia y espondilitis anquilosante con varios esquemas de pacientes que presentan situaciones particulares. Estos abarcan a aquellas personas que se han autodiagnosticado usando Google, quienes presentan desconfianza médica, y aquellos jóvenes que tienen «miedo al futuro».
Una vez que contaban con estas herramientas, realizaron prácticas con estudiantes de Reumatología del Grado de Medicina en los que «se enfrentan a escenarios clínicos emocionalmente complejos con pacientes angustiados o desesperanzados», y reciben retroalimentación inmediata tanto del sistema de IA, que le informa sobre «cómo ha ido su intervención y qué puntuación obtendrían con respecto a las escalas de empatía», como de una psicóloga especializada. Actualmente, se encuentran en esta etapa.
Tras finalizar estos casos prácticos, realizan seminarios prácticos con talleres sobre escucha activa, reformulación, escucha sin juicios, exploración de miedos y explicación clara. Y, posterior a estas clases prácticas, harán otra simulación clínica con el uso de la IA y solicitarán a los estudiantes que hagan una reflexión escrita sobre cómo se han desarrollado esas simulaciones y las dificultades que se han encontrado.
Con la información recabada de esa interacción de los alumnos con estos pacientes virtuales interactivos, llevarán a cabo un estudio de los datos y analizarán los resultados que hayan obtenido.
Aunque aún no han podido analizar los datos, Carlos Montilla incide en que, por ahora, la experiencia ha sido positiva y «la implicación de los estudiantes está siendo extraordinaria».
Esperan que a la finalización del estudio se demuestre que los estudiantes pueden entrenar esa escucha activa, lenguaje claro, validación emocional y toma de decisiones gracias a la retroalimentación por parte de la IA.
El investigador destaca que su objetivo con este proyecto es «que los futuros médicos lleguen a la práctica clínica con una sensibilidad real hacia el sufrimiento del paciente».
«En un sistema sanitario cada vez más saturado y tecnificado, creo firmemente que la tecnología puede, y debe, servir para humanizar la medicina, no para alejarnos de ella. Quiero que el estudiante entienda que detrás de cada diagnóstico hay una persona con miedos, frustraciones y necesidades emocionales que requieren la misma atención que las manifestaciones clínicas. Si este proyecto consigue que un solo alumno cambie su forma de mirar al paciente, habrá cumplido su objetivo», remarca Montilla.