PERSONAJES ÚNICOS / OLGA ISABEL FERNÁNDEZ
La terapeuta de la soledad
Esta doctora en Salud, Discapacidad, Dependencia y Bienestar trabaja desde su grupo de investigación en la UEMC para poder ver las dificultades a las que se enfrentan las personas en su día a día, como la soledad en los jóvenes, e identificar sus causas y consecuencias

Olga Isabel Fernández, profesora de Terapia Ocupacional en la UEMC.
Investigar cómo mejorar las dificultades a las que se enfrentan las personas, esa es la motivación que mueve el trabajo de Olga Isabel Fernández Rodríguez, profesora e investigadora de la Universidad Europea Miguel de Cervantes (UEMC) de Valladolid. «Desde pequeña siempre he querido ayudar a la gente, eso era algo que tenía claro y sabía que me gustaba la parte sanitaria. Con el paso de los años descubrí lo que era la terapia ocupacional, me llamó mucho la atención y durante los 15 años que llevo dedicada a esta profesión lo que he hecho ha sido reafirmarme en esa motivación por ayudar a quienes lo necesitan», apunta la terapeuta.
Doctora Cum Laude en Salud, Discapacidad, Dependencia y Bienestar por la Universidad de Salamanca, se graduó en Terapia Ocupacional por la Universidad de Castilla-La Mancha y cuenta con un máster en Neurocontrol Motor y Experta en Terapia de Mano por la Universidad Rey Juan Carlos. Adicionalmente, es Experta Universitaria en Ortopedia y Ayudas Técnicas por la Universidad Complutense de Madrid.
Esta formación la ha compaginado con su trabajo en el área clínica, fundamentalmente en geriatría y en neurología. «Geriatría es una especialidad muy versátil porque las personas mayores no solo tienen la problemática de las cuestiones asociadas a la edad, sino que además tenemos personas con problemas de neurología, reumatología, traumatología, salud mental, etc. Por ello, veía una necesidad ética de formarme en diferentes campos para poder dar la mejor atención posible».
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Fue tras finalizar su doctorado cuando se incorporó al equipo de la UEMC, donde actualmente es Coordinadora Académica del Grado en Terapia Ocupacional y directora del Grupo de Investigación en Participación y Rendimiento Ocupacional (INPRO), un trabajo que compagina con su rol como socia numeraria de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología y delegada provincial del Colegio Profesional de Terapeutas Ocupacionales de Castilla y León (COPTOCYL).
Este trabajo se ve enriquecido por las labores de investigación que realiza con su equipo de trabajo multiprofesional, desde el cual hacen «investigación aplicada a la problemática que tienen las personas reales, orientado a que pueda servir para un mayor refinamiento en cuanto a políticas y protocolos de intervención y atención», incide.
«Me dedico fundamentalmente a investigar sobre la participación y el desempeño ocupacional, es decir, ver el porqué y cómo se pueden frenar esas dificultades que tienen las personas para hacer aquello que quieren y da significado a su vida. O cuáles son las dificultades que se encuentran durante la ejecución de sus objetivos».
«Hasta ahora, los campos en los que he realizado esta investigación han sido principalmente en salud mental, accesibilidad y estamos adentrándonos a otros campos como neurología y en geriatría, pero siempre orientado a hacer una investigación que pueda tener un impacto real en la vida de las personas».
Su grupo, que lleva pocos años de trayectoria, ha lanzado una guía de buenas prácticas en accesibilidad no solo física, sino también cognitiva, social, interacción social y comunicativa. Esta «es una revisión profunda de la legislación para detectar los vacíos normativos y poder proponer soluciones a esos vacíos para que, cuando diseñen los edificios o realicen reformas en edificios que ya existen, se tenga en cuenta no solo la aplicación de la ley, sino que sean útiles para las personas para las que deben estar diseñados. Ese fue el primer trabajo que lanzamos».
Más recientemente han trabajado en una investigación centrada en la relación entre la soledad, los adolescentes y los videojuegos, que se sitúan como una de sus formas de ocio más habituales. Con este proyecto buscaban ver su impacto sobre la salud mental, y qué ocurre cuando los adolescentes juegan en espacios comunitarios donde se fomenta el juego compartido y se limita el aislamiento.
«La mayor parte de la investigación previa había analizado el videojuego como una actividad individual, doméstica o exclusivamente online, y que normalmente se asociaba al aislamiento. Los que nosotros nos preguntamos fue qué ocurría cuando el videojuego se integra en un contexto social presencial donde hay interacción y normas compartidas, así como aparece el sentimiento de pertenencia que sabemos que es tan importante en el ser humano», explica la investigadora.
«Lo que intentamos fue abordar esa falta de estudios en esta rama, preguntarnos cómo el contexto social del juego puede influir en esa percepción de soledad de los adolescentes, y ver bajo qué condiciones se pueden asociar a experiencias más positivas. Se tiende a relacionar el uso de los videojuegos con un hecho negativo en los adolescentes, vinculado con el aislamiento o incluso la adicción. Partiendo de la base de que esta actividad social es importante para muchos jóvenes, queríamos saber si esto era cierto o no».
Para ello realizaron un estudio a 112 adolescentes de 14 a 20 años usuarios de centros juveniles con acceso gratuito a videojuegos y analizaron, mediante cuestionarios socio demográficos, sus hábitos de juego y su relación con la Escala de Soledad Adolescente. Sus resultados mostraron que aquellos jóvenes que juegan solos cuentan de forma general con peores indicadores de bienestar que quienes juegan exclusivamente acompañados, ya que el último grupo presenta una percepción más positiva de sus amistades, familia y sí mismos. Es decir, no es el videojuego en sí lo que marca la diferencia, sino el contexto en el que se practica».
«Estos datos pueden servir para acercarnos a los intereses de los jóvenes, y no rechazarlos, sino comprenderlos y acompañarlos. La gente piensa que el problema de la soledad se da en otros grupos de edad, en personas mayores, pero no es la realidad. Son los jóvenes los que más solos se sienten en muchas ocasiones y lo que vimos es que cuando se hace uso de esos espacios comunitarios esto ayudaba a con su salud mental», remarca.