TRIBUNALES
Descartan que el hombre que mató a su suegro en Aranda de Duero sufriese un brote psicótico
Un informe psiquiátrico encargado por la defensa concluye que el acusado padece "esquizofrenia paranoide" y avala la hipótesis de la amnesia total el día del crimen
Javier Lázaro Hernando, junto a su abogado, en el juicio por el asesinato de su suegro.
Antes de ingresar en prisión por asestar doce puñaladas a su suegro, Valentín López Saiz, en Aranda de Duero (Burgos), Javier Lázaro Hernando fue examinado por la forense de guardia. Manifestaba ideas suicidas, pero no se apreciaron comportamientos «delirantes» ni «manía persecutoria». Nada que indicara que hubiese padecido un brote psicótico.
De esta primera evaluación tras el arresto daba cuenta ayer el director del Instituto de Medicina Legal de Burgos, Amador Martínez Tejedor, en la tercera sesión del juicio con jurado popular en la Audiencia Provincial. En dicho reconocimiento, al que también asistió el propio Martínez, el acusado ofreció un discurso «estructurado», aunque «lento en curso» y en voz baja -posiblemente, debido a la medicación que se le suministró-, con «respuestas escuetas y muy poco elaboradas».
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Una entrevista posterior con la también forense Gema López a principios de marzo de 2025 determinaría que Lázaro Hernando poseía su capacidad de comprensión «indemne» en relación al crimen que cometió el 3 de octubre de 2024 en la capital ribereña. La principal conclusión, una vez elaborado el segundo informe, es que lo acontecido el día de autos fue un cúmulo de «conductas muy elaboradas que requieren una planificación».
El hecho de que apuñalase a su suegro, robara las llaves para personarse en su casa, arrebatase el teléfono móvil a su exmujer con un cuchillo escondido en la manga, sustrajese un vehículo de su empresa, se escondiese en Carabias (Segovia) y se diese a la fuga tras ser localizado por la Policía Nacional no resulta «compatible», a juicio de los forenses, con un trastorno mental. Sobre todo si se analizan determinados factores como la «destreza» al volante que demostró -tal y como acreditaron los agentes que participaron en su detención- mientras circulaba a más de 120 kilómetros por hora por una pista forestal repleta de baches.
«Parece claro que tiene un trastorno por consumo de cocaína», manifestó López mientras la defensa incidía en la hipótesis de la esquizofrenia y una posible «equivocación» de los médicos que le atendieron cuando permaneció una semana ingresado en el Hospital Universitario de Burgos (HUBU), desde finales de julio de 2024, por un brote psicótico que según los forenses no se ha vuelto a manifestar.
Otro elemento que los forenses quisieron poner de manifiesto durante el juicio fue el «aplanamiento afectivo» del acusado, que «no muestra sus sentimientos» y «en ningún momento hace referencia a los hechos». Por otro lado, tampoco hizo referencia a lo ocurrido el día del crimen y aseguró que conocía los detalles de lo sucedido «por su abogado».
"Fue mi suegro, pero podía haber sido cualquiera"
La valoración emitida por los forenses del Instituto de Medicina Legal choca de pleno con el informe emitido, a petición de la defensa, por los psiquiatras Juan Larumbe Ochoa y Jesús María Ruiz Aguado, adscritos ambos al Servicio Vasco de Salud (Osakidetza) en Álava. Su diagnóstico, en base a tres pruebas psicométricas con «alto nivel de fiabilidad», es que Lázaro Hernando padece «esquizofrenia paranoide».
Sin antecedentes previos, los peritos de parte sostienen que el encausado empezó a desarrollar la «idea delirante de que puede haber una trama contra él» a raíz de que Lorena, su exmujer, descubriese que consumía cocaína al confirmarse que tenía el tabique nasal perforado y descubrir poco después restos de droga en el domicilio conyugal. De ahí, según su dictamen, la «paranoia del teléfono» previo desarrollo de una patología dual basada en su «dependencia» a la citada sustancia estupefaciente y la propia «enfermedad psicótica».
Tanto Larumbe Ochoa como Ruiz Aguado sostienen que la agresión mortal que sufrió Valentín se debió a una «motivación delirante». De hecho, Lázaro Hernando llegó a decirles que «fue mi suegro, pero podía haber sido cualquiera», amén de subrayar que «no tenía nada contra él». Así las cosas, no dudaron en reiterar en sede judicial que el encausado no era consciente de sus actos.
Frente a la evaluación de los forenses, los psiquiatras vascos consideran «perfectamente compatible» el hecho de que Lázaro Hernando hiciese lo que hizo de principio a fin. Su destreza al volante, una «fuga delirante» según sus propias palabras, fue obra de una serie de «mecanismos que tiene interiorizados». También pudo contribuir, a su juicio, que la cocaína le ayudase a estar «más desinhibido».
Dando también por válida la versión del acusado respecto a su amnesia total, los peritos de parte también justificaron el comportamiento de encausado tras su detención achacándolo a una posible «fase catatónica». Por todo ello, se mostraron partidarios de que Lázaro Hernando ingrese en un centro psiquiátrico especializado, cerca de su entorno familiar, para «favorecer su reinserción».
Una vez respondidas las preguntas del Ministerio Fiscal, la acusación particular puso en tela de juicio la validez del diagnóstico por varios motivos. El principal, que Larumbe Ochoa y Ruiz Aguado se entrevistaron con el acusado cuatro horas repartidas en dos días. Previamente, ambos habían señalado que el ingreso en el HUBU a causa del brote que sufrió en verano de 2024 fue «muy corto».
Asimismo, el abogado de la familia de la víctima pudo evidenciar que Lázaro Hernando realizó los test psicométricos solo, sin supervisión de los doctores, por lo que podría habérselos pasado a un compañero oficialmente diagnosticado de esquizofrenia. En respuesta, los psiquiatras contratados por la defensa aseguraron que la letra y la firma se corresponde con la del paciente e indicaron que las pruebas ofrecieron «resultados esperables».