El dulce de Ávila con más de 160 años de historia que sigue conquistando y ya supera los 500.000 kilos al año
Las yemas de Santa Teresa siguen siendo uno de los grandes símbolos gastronómicos de Ávila más de 160 años después, mientras la empresa ha ampliado su producción hasta superar los 500.000 kilos anuales con otros productos icónicos

Las yemas de Santa Teresa mantienen su receta tradicional desde 1860 y hoy cuentan también con variedades especiales.
Ávila tiene sabores que permanecen en la memoria mucho después del viaje, pero pocos generan tanta fidelidad como las yemas de Santa Teresa. Pequeñas, doradas y presentadas en sus cajas características, llevan más de 160 años formando parte de la tradición gastronómica de la ciudad. Quien las prueba suele repetir: primero como recuerdo improvisado del viaje, después como detalle para regalar y, con el tiempo, como ese dulce que termina regresando a casa cada año.
Las yemas de Santa Teresa representan uno de los símbolos gastronómicos más reconocibles de Ávila. Su historia está ligada a una tradición repostera centenaria y a una marca que ha acompañado durante generaciones a vecinos y visitantes. La empresa Yemas de Santa Teresa fue fundada en 1860 y desde entonces ha convertido este pequeño dulce elaborado con yema de huevo y azúcar en uno de los productos más conocidos de Castilla y León.
Según recoge el caso académico 'El desarrollo de Yemas Santa Teresa', elaborado por Santiago Extremera Navas para Thomson Reuters-Civitas, la empresa nació dedicada a la elaboración de unos pastelillos elaborados «en honor a Santa Teresa de Jesús, a partir exclusivamente de yemas de huevo». Además, el estudio destaca que las yemas continúan siendo «su producto más emblemático, su producto más imitado y el que ha dado fama a la compañía».
La tradición popular sitúa también el origen de este dulce en los conventos de Ávila, donde las religiosas aprovechaban las yemas sobrantes de otras elaboraciones para crear pequeñas porciones dulces de textura suave y sabor intenso. La receta, transmitida durante generaciones, ha mantenido intacta su esencia y sigue formando parte de la identidad gastronómica abulense.
Las yemas de Santa Teresa, el dulce de Ávila que muchos compran para regalar
Las calles medievales de Ávila, la silueta de su muralla y las escaparates repletos de cajas de yemas forman parte de una misma postal para miles de visitantes cada año. Llevarse una caja de este dulce se ha convertido en un gesto casi inevitable para quienes pisan la ciudad y quieren conservar un recuerdo gastronómico del viaje.
El paso del tiempo también ha traído nuevas versiones de este clásico. La compañía ha ampliado la oferta con variedades que reinterpretan la receta original, entre ellas las ChocoYemas, las yemas al ron, las elaboradas con anís o versiones aptas para celíacos. El mismo estudio académico señala que la empresa lanzó «las ChocoYemas, las yemas al Ron, las yemas con Anís del Mono o las yemas aptas para celíacos», ampliando así el universo de uno de sus productos más reconocidos.

Las Yemas de Lux forman parte de las ediciones especiales con las que Santa Teresa ha reinterpretado su dulce más emblemático.
El universo de Santa Teresa también ha encontrado espacio para guiños contemporáneos. Entre las propuestas más comentadas figuró una edición especial de estética inspirada en el imaginario de Rosalía, un movimiento que acercó este dulce centenario a un público mucho más joven.
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Las yemas de Santa Teresa y una producción que supera los 500.000 kilos al año
El crecimiento de Santa Teresa ha ido mucho más allá de las yemas tradicionales. La compañía ha ampliado su catálogo con productos vinculados a la gastronomía artesanal y ha conseguido aumentar su capacidad de producción durante las últimas décadas.
Uno de los datos que mejor refleja esa evolución tiene que ver con el volumen de fabricación anual. Según el caso académico sobre la compañía, actualmente se elaboran «más de 500.000 kilogramos al año», una cifra vinculada especialmente al membrillo, convertido en uno de los productos estrella de la empresa.
La modernización también llegó a uno de los grandes retos históricos de este dulce: su conservación. Tal y como explicó el jefe de fabricación de la empresa, Francisco Pérez Moral, en declaraciones recogidas por la agencia SINC, Santa Teresa desarrolló junto al Instituto de los Alimentos de Valencia (AINIA) una técnica capaz de prolongar la vida útil de las yemas hasta 80 días, manteniendo sus condiciones organolépticas y microbiológicas. Pérez Moral resumía así el objetivo del proyecto: «El principal problema que teníamos con nuestro producto era el de su caducidad». Gracias a un sistema de atmósfera protectora y absorbedores de humedad alimentarios, las conocidas como «yemas viajeras» pudieron ampliar su duración y facilitar también su exportación.
Las yemas de Santa Teresa siguen ocupando un lugar privilegiado entre los sabores más representativos de Ávila. Más de 160 años después de su nacimiento, continúan viajando en maletas, protagonizando sobremesas y consolidándose como uno de esos pequeños placeres gastronómicos que regresan cada año.