CULTURA
El "alma" de América llega a Salamanca en busca de respuestas sobre la espiritualidad
‘Alma de América. Arte y mito precolombino’ reúne 185 piezas para descubrir la espiritualidad y la belleza de más de 40 culturas anteriores a la llegada europea

Exposición Alma de America. Arte y mito precolombino.
Existen objetos que no nacieron para estar detrás de una vitrina, pero estos, con el paso de los años, han terminado convirtiéndose en una mirada hacia el pasado que nos permite conocer sociedades desaparecidas. Piezas creadas con barro, piedra o distintos materiales naturales que un día tuvieron una función concreta dentro de una comunidad: acompañar a los muertos, representar a una divinidad, proteger un hogar, explicar una creencia o conectar al ser humano con aquello que no podía ver. Ahora, esas piezas vuelven a hablar en Salamanca. La Sala de Exposiciones de San Eloy acoge hasta el próximo 30 de agosto ‘Alma de América. Arte y mito precolombino’, una muestra que reúne 185 piezas arqueológicas pertenecientes a más de 40 culturas americanas y que propone un recorrido por más de 4.000 años de historia, desde las primeras sociedades hasta el esplendor de civilizaciones como la inca y la azteca.
La exposición forma parte del programa organizado por el Ayuntamiento de Salamanca con motivo del V Centenario de la Escuela de Salamanca, una celebración que recuerda el papel de la ciudad como uno de los grandes focos del pensamiento europeo y su relación con el debate sobre América tras el encuentro entre ambos mundos. En ese contexto, ‘Alma de América’ aporta una mirada complementaria: antes del diálogo entre Europa y el continente americano ya existían allí pueblos con sistemas complejos de pensamiento, estructuras sociales, creencias religiosas y una tradición artística propia. El visitante que entra en la sala no encuentra únicamente restos arqueológicos, sino rostros, animales simbólicos, dioses, figuras humanas y objetos que cuentan una historia sobre la forma en la que aquellas culturas entendían su lugar en el universo.
Un arte que pide ser mirado de otra forma
Roberto Pérez Trespalacios, investigador y responsable de la colección que da origen a la exposición, explica que una de las claves de ‘Alma de América’ es cambiar la mirada con la que tradicionalmente se han observado estas piezas. “Lo primero que tiene que hacer el visitante es librarse de cualquier tipo de prejuicio y dejar que mande la belleza de las piezas”, asegura. Para él, uno de los grandes objetivos de la muestra es recuperar el valor artístico de unas creaciones que durante mucho tiempo fueron interpretadas únicamente desde la perspectiva arqueológica. “Estamos ante auténticas obras de arte”, sostiene, defendiendo que los autores de estas piezas deben ser entendidos no solo como artesanos, sino como artistas capaces de crear imágenes cargadas de simbolismo y emoción.
La exposición busca precisamente esa dignificación. El montaje está pensado para que las piezas sean las protagonistas y para que el visitante pueda acercarse a ellas sin una sobrecarga de elementos externos. La iluminación, la distribución y los recursos gráficos nacen de la propia iconografía de los objetos, con la intención de que sean ellos mismos quienes construyan el relato. No se trata de reconstruir un mundo perdido con grandes escenografías, sino de permitir que sean las propias piezas las que transmitan la fuerza de unas culturas que, aunque separadas por miles de kilómetros y siglos de distancia, compartían una preocupación universal: comprender la existencia.
Una historia construida pieza a pieza
La colección que forma ‘Alma de América’ es el resultado de más de tres décadas de trabajo. Pérez Trespalacios explica que su recorrido no responde a la idea tradicional de acumular objetos, sino a un proceso de investigación en el que cada incorporación debía tener un sentido dentro del conjunto. “No me considero un coleccionista, sino un investigador que intenta documentar las piezas, darles contexto y buscar que respondan preguntas fundamentales”, afirma. La colección nació de una curiosidad por la arqueología y la antropología y se fue desarrollando poco a poco, mediante la búsqueda de piezas capaces de explicar aspectos concretos de la cosmovisión precolombina.
El objetivo nunca fue reunir objetos aislados, sino construir una narración donde cada elemento completase al anterior. “Cada pieza que llega tiene que responder a una pregunta previa”, resume. Una representación de una divinidad, una figura relacionada con la maternidad, un animal totémico o una escena ritual no son simplemente objetos independientes, sino capítulos de una misma historia. El resultado es una exposición donde las piezas dialogan entre ellas. Algunas han tardado años en aparecer porque respondían a temas concretos que faltaban dentro del discurso general. “Hay piezas que parece que hubieran llegado juntas porque hablan de lo mismo, pero entre una y otra pueden haber pasado veinte años de búsqueda”, explica.
El nacimiento del mito y la relación con lo invisible
La muestra está organizada en cuatro grandes bloques temáticos que recorren los principales aspectos de la vida y la espiritualidad de estas culturas. El primero, ‘El nacimiento del mito’, se adentra en las primeras representaciones de dioses, maternidades veneradas y animales simbólicos. En muchas sociedades precolombinas, la naturaleza no era entendida como un escenario separado del ser humano, sino como un espacio lleno de significado. Animales, plantas, astros y fenómenos naturales formaban parte de un universo en el que lo visible y lo invisible estaban conectados.
El segundo bloque, ‘El panteón precolombino’, muestra algunas de las principales divinidades de las culturas andinas y mesoamericanas. Figuras que representan fuerzas superiores, ciclos naturales o conceptos esenciales para la comunidad. Después llega ‘La arquitectura del poder’, un recorrido por las imágenes asociadas a autoridades religiosas, militares y políticas, porque el poder también necesitaba símbolos: formas de representar quién dirigía, quién protegía y quién tenía la capacidad de conectar con lo sagrado. El último espacio, ‘La mediación con lo trascendente’, se centra en el chamanismo, los rituales y las prácticas destinadas a establecer contacto con otras dimensiones.
La pieza como puente entre mundos
Entre las piezas más destacadas aparece un cuchimilco de la cultura Chancay, procedente de Perú, una figura vinculada al culto lunar que se ha convertido en una de las protagonistas del recorrido expositivo. Su presencia llama la atención por el tamaño y por la expresividad de su postura, con los brazos abiertos en una especie de gesto ceremonial. Para Pérez Trespalacios, esta pieza representa muy bien el espíritu de la exposición porque combina belleza, simbolismo y una profunda carga cultural.
Pero la importancia de ‘Alma de América’ no está únicamente en sus piezas más llamativas. Uno de sus valores principales está en mostrar la diversidad de culturas que existieron en América antes de la llegada europea. Durante mucho tiempo, la mirada exterior se concentró especialmente en grandes nombres como mayas, aztecas o incas. Sin embargo, la exposición recuerda que la historia americana es mucho más amplia y que muchas de las culturas presentes en la muestra son precisamente los antecedentes de esos grandes imperios. “Estas piezas son los abuelos y en algunos casos los bisabuelos de esas culturas que conocemos habitualmente”, explica el investigador.
Salamanca y el diálogo con América
La llegada de esta exposición a Salamanca tiene una lectura especial por la relación histórica de la ciudad con el continente americano. La Escuela de Salamanca fue uno de los movimientos intelectuales más relevantes de la Edad Moderna y sus pensadores reflexionaron sobre cuestiones como los derechos de los pueblos indígenas o la naturaleza del encuentro entre Europa y América. Para Pérez Trespalacios, esa coincidencia convierte la presencia de ‘Alma de América’ en un desafío y también en una oportunidad. “La Escuela de Salamanca fue un hito fundamental en la historia de los derechos humanos y en el reconocimiento de los pueblos indígenas”, afirma.
La muestra no pretende sustituir el relato histórico del encuentro entre ambos mundos, sino ampliar la mirada y recordar que América no era un territorio vacío de historia antes de la llegada europea. Había comunidades con sus propios conocimientos, sistemas políticos, expresiones artísticas y formas de comprender la realidad. Una riqueza cultural que, siglos después, sigue siendo capaz de interpelar al espectador.
Una visita para dejarse sorprender
La recomendación para quien se acerque a San Eloy es sencilla: mirar las piezas con tiempo. Sin buscar únicamente fechas o nombres, sino intentando entender qué querían expresar quienes las crearon. Pérez Trespalacios considera que el visitante debe acercarse a la exposición “con respeto hacia lo que va a encontrar” y dejar que sean las obras las que hablen. Porque, más allá de las diferencias culturales, la exposición plantea una idea común: los seres humanos llevan miles de años intentando responder a las mismas preguntas.
Quiénes somos. Qué lugar ocupamos en el mundo. Qué relación tenemos con aquello que nos supera. Las piezas de ‘Alma de América’ nacieron hace siglos para acompañar rituales, transmitir creencias y formar parte de la vida de distintas comunidades. Hoy, en Salamanca, vuelven a cumplir una función inesperada: conectar a personas del presente con las emociones, dudas y aspiraciones de quienes las crearon.

Exposición Alma de America. Arte y mito precolombino.
Exposición Alma de America. Arte y mito precolombino.

Exposición Alma de America. Arte y mito precolombino.
Exposición Alma de America. Arte y mito precolombino.

Exposición Alma de America. Arte y mito precolombino.
Exposición Alma de America. Arte y mito precolombino.

Exposición Alma de America. Arte y mito precolombino.
Exposición Alma de America. Arte y mito precolombino.

Exposición Alma de America. Arte y mito precolombino.
Exposición Alma de America. Arte y mito precolombino.

Exposición Alma de America. Arte y mito precolombino.