El misterioso toro de piedra de Salamanca: lo que realmente protegía en la antigüedad

El toro de piedra de Salamanca revela el verdadero significado del verraco vetón y su función ancestral

El puente romano de Salamanca, escenario histórico donde se sitúa el emblemático verraco vetón junto al río TormesTurismo Castilla y León

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El toro de piedra que custodia el acceso al puente romano de Salamanca no es un simple vestigio arqueológico. Está considerada una de las piezas más antiguas de la ciudad (datada posiblemente en el siglo I a.C.) y un símbolo cargado de misterio cuyo propósito sigue generando debate. Lo que hoy muchos ven como una figura curiosa apunta a una función mucho más profunda: proteger, delimitar y quizá incluso conectar con lo sagrado.

El conocido como verraco del puente (también llamado «toro del Lazarillo») es una escultura zoomórfica de granito atribuida al pueblo vetón, una cultura prerromana asentada en el oeste de la península ibérica. Tal y como recoge una publicación de Facebook del perfil La Magia de las Piedras, firmada por Lucila Crespo Fradejas, «podría datar del siglo I a.C. y es un legado del pueblo vetón, cuya economía era esencialmente ganadera».

Los vetones vivían del pastoreo, y estas esculturas (presentes en distintas zonas de España y Portugal) no eran ornamentales. Según la misma fuente, «se cree que servían como piedras terminales para delimitar fronteras o terrenos dedicados al pastoreo». Es decir, marcaban territorio, protegían recursos y establecían límites visibles en una sociedad sin mapas ni catastros.

El toro de piedra de Salamanca, escultura vetona con siglos de historia y origen aún debatido entre función simbólica y territorialTurismo de Salamanca

Pero hay más. Otras teorías apuntan a un uso simbólico o religioso. «Pudieran tener un significado místico o religioso, como el culto a deidades de la tierra, a la fertilidad, o a los muertos», explica el mismo texto. Esta doble función (práctica y espiritual) encaja con lo que hoy sabemos de las culturas prerromanas: el territorio no solo se poseía, también se sacralizaba.

El verraco vetón en Salamanca: entre símbolo, mito y literatura

La historia del toro de piedra no se entiende sin su vínculo con la literatura. Su fama se consolidó gracias a El Lazarillo de Tormes (1554), donde aparece en una de las escenas más recordadas de la obra.

En el texto citado por TurismodeSalamanca, se describe así: «está a la entrada de ella un animal de piedra, que casi tiene forma de toro». La escena en la que el ciego golpea a Lázaro contra el verraco no solo marcó la narrativa, sino que convirtió la escultura en un icono cultural.

Desde entonces, el toro y el puente forman parte del imaginario colectivo de la ciudad e incluso de su escudo. Sin embargo, ni siquiera su identidad está del todo clara: ¿toro o cerdo? ¿verraco o divinidad? La ambigüedad forma parte de su esencia.

El episodio que casi destruye el toro de Salamanca

La historia del verraco también está marcada por decisiones polémicas. En 1834, el gobernador civil José María Cambronero ordenó su destrucción al considerar que era un símbolo ofensivo. Según recoge Lucila Crespo Fradejas, creía que se trataba de «un cerdo colocado allí por Carlos I como afrenta a la ciudad por el levantamiento comunero».

El resultado fue devastador: la escultura fue arrojada al río Tormes y quedó partida en varios fragmentos. No fue hasta décadas después cuando se rescató y restauró. En 1954, coincidiendo con el cuarto centenario de El Lazarillo de Tormes, volvió a su emplazamiento original.

Como señala el Portal de Turismo de Castilla y León, se trata de un «testimonio de la cultura de los vettones, pobladores prerromanos de la ciudad». 

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Hoy, el toro de piedra no delimita pastos, pero sí marca el inicio de uno de los monumentos más emblemáticos de la ciudad.