MUSEOS
Fossilium, un portal al origen de la vida desde Palencia
El aula paleontológica de Villamuriel de Cerrato custodia 10.000 fósiles y mantiene vivo el legado de Rafael Martín

El aula paleontológica del centro cultural 'Jesús Meneses' de Villamuriel de Cerrato custodia 10.000 fósiles y mantiene vivo el legado de Rafael Martín
¿Se imagina disponer de un DeLorean, como la mítica máquina del tiempo de la película Regreso al Futuro, y viajar a través de los siglos para contemplar el nacimiento de la Tierra, la aparición de los primeros seres vivos o el dominio de los grandes reptiles? No hace falta alcanzar las 88 millas por hora ni manipular el condensador de fluzo para lograrlo. Basta con acercarse a Villamuriel de Cerrato y cruzar la puerta del Centro Cultural Jesús Meneses. Allí, sin efectos especiales ni paradojas temporales, espera un recorrido real y fascinante por más de 560 millones de años de historia: el aula paleontológica Fossilium.
Pero si algo distingue a Fossilium no es solo la magnitud del viaje temporal que propone, sino la forma en que lo cuenta. “Fossilium es un aula paleontológica en la que se recorre buena parte de la historia de la vida, desde hace unos 560 millones de años hasta la actualidad”, explica Gonzalo González, responsable del espacio desde el pasado mes de enero. “Intentamos hacer hincapié no solo en las especies, sino también en las modificaciones geológicas que se producen a la par, porque todo evoluciona de manera conjunta”.
El visitante no entra en un museo al uso. Entra en un relato. Uno que comienza cuando la Tierra era una masa incandescente hace 4.600 millones de años y avanza, paso a paso, por las grandes transformaciones del planeta. “Siempre intento romper esa visión tan antropocéntrica que tenemos”, señala Gonzalo. “Les cuento la teoría del reloj: si la historia de la Tierra durara 24 horas, nosotros aparecemos en los últimos tres segundos antes de la medianoche”. La reacción, especialmente en los más pequeños, es inmediata. “Cuando les digo que estamos hablando de mucho más que los abuelos de sus abuelos, se quedan sorprendidos. Son tantos millones de años que se nos escapa la noción del tiempo”.
Fossilium abrió sus puertas en 2022 gracias a la donación de Rafael Martín, un coleccionista palentino cuya pasión por los fósiles marcó su vida y la de su familia. Tras años de viajes, intercambios en ferias internacionales, clasificación meticulosa y estudio constante, decidió compartir su tesoro con la sociedad. “Hizo una donación de unas 10.000 piezas”, detalla Gonzalo. “De ellas, se exponen alrededor de 750. Son fósiles de muy buena calidad, muy diversos, que permiten recorrer la historia de la vida de una manera muy visual”.
El Ayuntamiento de Villamuriel de Cerrato acondicionó el espacio en el Centro Cultural Jesús Meneses, con apoyo de la Diputación Provincial. El resultado es un aula paleontológica con zona expositiva y área didáctica y multimedia, pensada tanto para el visitante ocasional como para grupos escolares. Porque si algo tiene claro el actual responsable es que el objetivo no es investigar “yo no hago investigación”, admite con honestidad, sino divulgar y concienciar. “Nuestro trabajo es divulgación y concienciación del patrimonio”.
El recorrido comienza en el Paleozoico, cuando la vida experimentó una auténtica explosión de diversidad en los mares. Durante millones de años, solo existieron organismos marinos: bacterias, algas microscópicas, invertebrados que colonizaron los fondos oceánicos. Entre los fósiles más emblemáticos de esta etapa destacan los trilobites. Para muchos visitantes, son la imagen arquetípica de un fósil. “Cuando hablas de fósiles, la gente piensa en un trilobite o en un ammonite”, comenta Gonzalo. Y no es casual. Su forma segmentada, su capacidad para enrollarse como mecanismo de defensa y su abundancia en el registro fósil los convierten en protagonistas indiscutibles. Pero hay piezas menos conocidas que despiertan especial admiración. Gonzalo menciona con entusiasmo un crinoideo, también llamado lirio de mar, del Devónico medio. “Es un animal muy sensible, con partes blandas que normalmente no se conservan. Y aquí tenemos un ejemplar que se conserva muy bien. Es una pieza que puede sorprender mucho”.
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En las vitrinas, el visitante descubre que aquellos organismos marinos fueron preparando el terreno para la vida terrestre. Las bacterias fotosintéticas liberaron oxígeno, transformando la atmósfera y permitiendo la aparición de formas de vida cada vez más complejas. El viaje continúa hacia el Mesozoico, la era de los dinosaurios, dividida en Triásico, Jurásico y Cretácico. Entonces, la Tierra estaba configurada en dos grandes bloques continentales: Laurasia al norte y Gondwana al sur. En los océanos dominaban los ammonites, moluscos cefalópodos con conchas en espiral que hoy resultan fascinantes. “Muchos salen diciendo que eran como caracoles gigantes”, sonríe Gonzalo. “Y cuando comparo los ammonites con los nautilus actuales, o los belemnites con los calamares, empiezan a comprender mejor la evolución”.
Esa comparación constante entre pasado y presente es una de las claves didácticas del aula. “Está mal decirlo así, pero cuando comparas animales de hace millones de años con sus equivalentes actuales, la gente entiende mejor de dónde venimos”, relata a Ical.
Aunque Fossilium no exhibe grandes esqueletos de dinosaurio, sí contextualiza su existencia dentro de la cadena evolutiva. Y no falta una pieza que conecta directamente con la imaginación popular: un diente de megalodón. “Para los pequeños es el tiburón”, dice Gonzalo entre risas. “Siempre les digo que podía medir hasta 16 metros de largo. Y claro, se quedan impresionados”.
Tras la gran extinción del final del Cretácico, comienza el Cenozoico, la era que nos conduce hasta el presente. Aquí aparecen fósiles que recuerdan sorprendentemente a especies actuales. Entre las piezas que más llaman la atención del responsable está una lumatela procedente de Cerdeña. “Es como un pequeño cementerio”, explica. “A simple vista cuento tres o cuatro especies distintas. Es del Mioceno y visualmente me parece muy bonita”.
Esa capacidad de observar y encontrar belleza en la piedra es algo que Gonzalo intenta transmitir en cada visita. “Yo siempre digo que, si no quieren escucharme, que no me escuchen. Pero que miren. Y que se pregunten por qué. Se aprende muchísimo más viendo que leyendo”.
Un tesoro por descubrir
Una de las secciones más especiales de Fossilium está dedicada a los fósiles de la provincia. El norte palentino posee un registro excepcional del Devónico, dentro del denominado Dominio Palentino. Sin embargo, Gonzalo cree que este potencial aún no está suficientemente valorado.
“Personalmente, creo que no está tan conocido como otros reclamos de la provincia”, reflexiona. “Siempre se habla de la Montaña Palentina, del Canal de Castilla o del Románico. Pero el registro fósil que tenemos es muy importante y hay que ponerlo más en valor”.
También destaca el yacimiento del Cerro del Otero, en la capital palentina, cuyos hallazgos de principios del siglo XX, rinocerontes, elefantes, rumiantes y tortugas gigantes, acabaron depositados en el Museo Nacional de Ciencias Naturales. “Siempre les recomiendo que, si pueden, vayan a verlo. Allí están los grandes dinosaurios que muchos esperan encontrar aquí”, comenta con una sonrisa.
El perfil de visitante es variado con grupos escolares, parejas, familias que pasan por la zona y se dejan sorprender. Pero hay algo que emociona especialmente al responsable: la reacción infantil. “Siempre he pensado que cuando uno es pequeño le fascinan dos cosas, los dinosaurios o el espacio”, afirma. “Es buscar lo lejano, lo inalcanzable, el porqué”, señala a Ical. Muchos niños regresan con sus padres tras la visita escolar. “Y a veces vienen más maravillados los padres que los niños”, bromea.
Más allá del asombro, Fossilium persigue sembrar una conciencia. “Todo el mundo quiere tener un fósil en casa”, advierte Gonzalo, formado en gestión de patrimonio. “Pero el mejor sitio donde puede estar es en el lugar donde se encuentra, y avisar a los servicios competentes. Si cada uno se lleva uno, al final lo destruimos”.
Fossilium es, ante todo, el legado de Rafael Martín. Una colección construida con paciencia y amor por la ciencia. “No es solo una colección de fósiles extraídos, intercambiados o comprados”, subraya Gonzalo. “Es una parte de su herencia, de sus acciones, que ha quedado reflejada aquí”.
Mantener viva esa herencia implica cuidar cada pieza, explicar cada etapa geológica y despertar preguntas en cada visitante. “La mirada de un niño te dice muchísimo más que la de un adulto”, confiesa. Al final del recorrido, uno comprende que no ha visitado simplemente una exposición. Ha atravesado océanos primitivos, ha visto surgir y desaparecer especies, ha entendido que nuestra presencia en la Tierra es apenas un instante.
Y, quizá, ha salido con la certeza de que no necesitamos un DeLorean para viajar en el tiempo. En Villamuriel de Cerrato basta con mirar una roca y dejarnos sorprender por la historia.

El aula paleontológica del centro cultural 'Jesús Meneses' de Villamuriel de Cerrato custodia 10.000 fósiles y mantiene vivo el legado de Rafael Martín
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