África
Sin dejar de mirar al norte de África, partera de la Generación del 98, cuyos intelectuales, cimientos de nuestra literatura contemporánea, se impregnaron de desilusión y desasosiego. Casualmente, los muertos de inocentes soldados en el Barranco del Lobo. Algunos aseguran que alentaron la semana trágica de Barcelona. No anda uno sobrado en análisis histórico ni es diestro en la politología del momento, simplemente me gusta hacer coupages con los libros de historia y la prensa actual. África, siempre África, desde el quinquenio cautivo de Cervantes. Y seguimos sin saber a quién se pagó el rescate por el cautiverio ceutí. No ha hecho más que empezar la nueva guerra de África. Y otra vez en el escenario un rey débil y unos políticos que nunca amanecieron en el desierto del Sáhara. No sé qué tiene Marruecos y su gran plaza y su danza misteriosa, que baila al ritmo de los dátiles que cuelgan de sus palmeras tan africanas. Pero Humphrey Bogart eligió un aeropuerto de Casablanca para una peli con final fatal de una historia de amor entre la niebla. Marruecos -a los ojos de los que no conocemos más que una estampa turística, el té y las especias, de todo tipo- está detrás de nosotros, o sea de los españoles y españolitos, desde siempre. Y ahora cebándose de nuevo con Ceuta y apresando a su población y a su ciudadanía en una cárcel parcial sin rejas ni funcionarios de prisiones y con las calles tomadas de gentes sin rumbo y sin casa. Miles. Razones tendrán los políticos para tomar decisiones que a simple vista el paisano de a pie no es capaz de interpretar. Eso dicen. El tiempo pone las cosas en su sitio. Me cuesta muchísimo, interpretar, comprender y ya apenas me queda sitio para perdonar y disculpar. A qué vino lo del Sahara, por qué Ceuta fue invadida, zarandeada. Quién o qué impidió una respuesta inmediata desde el gobierno español. Por qué Sánchez la otra mañana no tuvo un detalle con los ceutíes en su anuncio de elecciones. Así no hay forma de tener fe. Algunos estamos en permanentes tiempos de apostasía socialista. Y en un curioso fenómeno, algunos hemos vuelto a mencionar patria sin complejos. Para los que no tenemos casa propia y somos honrados inquilinos defendiendo la propiedad privada como garante de libertad, lo de la vivienda clama al cielo. Al presidente le ha venido Dios a ver por su izquierda. Pues claro, si muchos que no zurdeamos ya, estamos contra los buitres, contra los quebrantahuesos. Más casas, alquileres justos con sueldos buenos, pero en qué cabeza cabe pensar que estamos en contra de la reivindicación de la vivienda. Por mi nieto. Y así más a más. En fin, que vuelve la jodida marmota a España. Ellos o nosotros. A estribor o a babor. No escarmentamos y al final no nos quedará París, será Marruecos. África.