Diario de Castilla y León

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He oído que perder el tiempo es discutir con alguien a quien no le importa la verdad, porque hay individuos, que en ocasiones viven cerca de nosotros, y se creen poseedores de esa verdad que a todos nos pertenece y que todos, de algún modo, compartimos; pero esa caterva de individuos, generalmente, nunca acepta a los que no piensan como ellos. El desgobierno que desgobierna en España está formado por un grupo de engreídos que creen poco en la democracia o que no creen el ella; pero buscan continuamente argucias para sacar votantes de debajo de las piedras, e inventan argucias tan exóticas como la “Ley de nietos” y así, jugando a ser demócratas, elaboran un fraude absoluto que puede afectar a todos los españoles. Porque los estadistas, incluso los de pacotilla, deberían de competir en las urnas desde la verdad, desde los principios de lo que la democracia representa, dejando fuera todos los matices que desbordan versiones que nos han traído donde estamos ahora.

El proceso de la transición española fue ejemplar. Fue un proceso que sirvió de referencia en el mundo. Fue excelencia del mundo. Porque recuerdo que éramos, simplemente, un país que salía de la dictadura de Franco y que colmaba su ímpetu desde la más frágil y deseada de todas las concordias. Éramos aprendices de demócratas que convivíamos y compartíamos con los que no pensaban como nosotros. Éramos incluso amigos de los que no pensaban como nosotros. Éramos un país libre en el orbe de los países que colmataban libertad.

Somos el resorte que ejemplificó y que nos igualó con los estados que ya eran democráticos, y nos unimos a ellos sin saber que llegaría alguien capaz de torcer el pasado y desdeñar el futuro. Caminábamos hacia el futuro con la frente muy alta. Gobernaron Suárez, González y Aznar, pero llegó Zapatero, ese que dice que los socialistas son los que dan mucho teniendo poco. El de las joyas, el que no quiere que sean valoradas por especialistas en joyas. Porque si ser socialista es imitar a Zapatero no desearé nunca ser socialista... El otro día otro de esos individuos que tuvo un alto cargo en el partido socialista de Castilla y León y defensor a ultranza de Zapatero, y de cuyo nombre hoy no quiero acordarme, me escribió al whatsapp para decirme que los ceutíes eran seres despiadados porque no daban cobijo a los inmigrantes. Cuando le propuse la posibilidad de que tres de esos inmigrantes fuesen acogidos en su casa se enrocó y se enojó diciéndome que padecía del corazón – lo tengo por escrito – y ante mi insistencia llegó incluso a molestarse. Se desmarcó tajantemente del posible compromiso. La vida nos va enseñando a distinguir a los unos de los otros. Mi amigo el socialista me decepcionó, como también me ha decepcionado mi paisano Zapatero.

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