Diario de Castilla y León

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Hay días, a saber por qué, en los que el político leonés se enfurruña, bufa y ya estamos apañaos. La semana pasada, primero desfiló el alcalde de la capital, el socialista José Antonio Diez, famoso por cerrar sesión con la cita de «a tomar por culo». Este buen señor, muy parecido a Luis Rubiales, se puso una medalla por desobedecer a su partido y tener el arrojo de defender Ceuta a una buena distancia. Culminó aquello besando su propio trasero para nombrarse sucesor de sí mismo, sin importarle las siglas. Y si no te gusta este alcalde de León, ahí está la estación.  

No pasaron unas horas cuando la que fuera candidata del PP a la alcaldía que ganó Diez, Margarita Torres, reprochó a Felipe VI ser un «acomplejado» por considerar complejo el asunto de Ceuta. Como soy republicano, tendría que consultarlo, pero creo que es injuria a la Corona o cosa parecida. Esta señora tiene una influencia local, pero Ester Muñoz, su compañera de partido, convecina antes de marchar a Madrid y ahora portavoz del PP en el Congreso, salió, a paso marcial sobre la moqueta, llamando a retreta a unos jugadores del Madrid por no ponerse unas camisetas para demostrar que defienden España. No sé mucho de fútbol pero, aunque los tíos están cachas, no los veo como comandos. 

Estos enfurruñamientos no pueden ser cosa del aire ni del agua de las tierras leonesas. Hace más de cuatro décadas hice la mili en el Ferral leonés y aquello era un reino de sensatez. Allí trabé amistad con un oficial cuyo padre combatió y fue herido en La Marcha Verde. En esa familia, por lo tanto, preocupaba la toma de Ceuta y Melilla que podría afectar al hijo. Aquel oficial daba por seguro que Marruecos usaría a civiles desarmados como pantalla para sembrar el caos que vemos ahora: más un sabotaje y una purga que estarán al caer. Han pasado cuatro décadas y sigo siendo un recluta pelón en estas lides, pero les diré la pista que me dio ese hombre: el español propone y el norteamericano dispone.

Y para sueño americano (sin salir de lo que queda de España) el del leonés Pablo Fernández: de hacer cuelgas cuando trabajaba en un kiosco a columpiarse en Podemos y cabalgar contradicciones para encabezar listas (buenos cagajones dejó en el camino). Con el permiso de su superioridad moral, saltó vallas prohibidas a los de derechas e hizo posta en las Cortes desde Valladolid. Aquí adquirió las arrugas, poses y corteza de un cristo de Gregorio Fernández disfrazado con peluca y gafas para huir a Madrid, en donde ahora quiere ser alcalde. Por cierto, creo que en un calentón televisivo se enfurruñó y ofreció alojar en su casa a inmigrantes de Ceuta. Si aún siguiera con el kiosco, vaya. Pero como político cambia bastante de domicilio.

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