EN POCAS PALABRAS
Lacayo interino
Cuesta creerlo, pero es verdad. Desde hace más de un año, ya relataron algunos medios que Marruecos preparaba la «invasión encubierta» de Ceuta. La diseñó, y la perpetró el 30 de julio. Lo demuestran los hechos, los papeles desclasificados del CNI, el varapalo del Parlamento europeo del jueves, y las evidencias de miles de invasores marroquíes organizando razias en Ceuta. ¿Estaré soñando? Todos estos hechos le parecen a Martínez –el subalterno de Pedro Sánchez en Castilla y León como Secretario General del sanchismo trincante y trompetero–, «un bulo». Nada más normal. Cuando el señor Martinez está en su salsa, bien sea desde su papa móvil o desde cualquier pódium juerguista de la extrema dura soriana, los hisopos y las mangueras –¡que la juerga corra, que corra, Virgen de la Fuentona!– la realidad sueña con lingotazos secuaces.
Como su mayordomía exige servicios continuos y servilismos inverosímiles –entre ellos que los hechos objetivos se conviertan en subjetivos, siguiendo a Marlaska–, pues ocurre lo que ocurre: que los hechos no son tales, sino corresponsables de un relato para marcianos patológicos. Así, nos dice Martínez –desde el coche de alta gama, y desde el escaño en las Cortes, que pagamos todos–, que culpar a Marruecos es una «premisa falsa» que «va en contra de los intereses de Ceuta, de Melilla y de todo el sur de Europa», y que «ustedes no pueden venir aquí a dar lecciones». Argumentos contundentes. No pretendo darle ningún zamarreo profesoral, pero vaya empanada que tiene usted, ¡vaya colocón con asperges metastásico! Por tanto, llamarlo traidor, como a Sánchez, sería un exceso. Lo suyo, como lacayo interino, es repetir, repetir y repetir. Como mucho, su categoría sería la de un traidor con lingotazo. Un vodevil.