Diario de Castilla y León

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LEO el Diario de Valladolid –jueves 10, portada y páginas 2 y 3–, y qué estupor. Me quedé como Angelín, el tontico de mi pueblo. Pidió el pobrecillo una raja de melón para distraer el hambre, y el melonero –gran hijo de puta– le dio las pipas con advertencia: «Da las gracias y no vuelvas porque te rajo con la cabrera». Algo parecido es lo que acaba de hacer el Tribunal Superior de Justicia de Castilla y León con Sergio Delgado –asesinado en Burgos en 2024 por José Luis Novoa– y con su familia.

Pedían su ración de Justicia, y ésta les ha respondido con las pipas sobrantes de una justicia sanchunera que remata a la víctima en su tumba, y que premia al asesino. Primero, con una sucesión de empatías complacientes durante el juicio a cargo del juez cuadrado, perdón, Redondo. Segundo, con la ratificación del alto Tribunal, que bonifica al asesino con un gran bollo Chevalier por homicidio imprudente.

Avergüenza el raciocinio contradictorio esgrimido por el alto Tribunal. Sensación pobrísima que conduce a la triste realidad que corre como la pólvora en el pueblo llano: que la justicia depende del juez que te toque, y de lo bien o de lo mal que le caigas. Sergio Delgado y su familia cayeron mal al juez Redondo. ¿Porque no eran del Burgos, porque lloraban, o porque pedían la justicia que ampara a toda víctima? El hecho es que fueron tratados de forma inhumana, se adoctrinó al jurado con melopeas jurídicas que, según el propio juez, no entendían. En cambio con el asesino, qué delicadezas y gimoteos complacientes, qué manga ancha a discreción. Triste conclusión: asesinar en Castilla y León, según el Tribunal Superior, resulta casi gratis. ¿Recurrirá el Fiscal al Tribunal Supremo? La familia de Sergio no puede seguir con tanta ignominia.

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