Vivienda decide meter mano por fin a la Sareb y su deprimente gestión

Isabel Rodríguez, en Valladolid
Buenas noticias desde el Ministerio de Vivienda, que por fin parece haber despertado al principal problema de la sociedad, especialmente entre los jóvenes. Ha decidido coger el toro de la Sareb, el conocido como banco malo, que acumuló todos los activos inmobiliarios que dejó por el camino la ruina principalmente de las cajas de ahorros, por los cuernos y empezar a convertir sus solares, verdaderos eriales, enclaves para viviendas. No debería detenerse aquí la ministra del ramo Isabel Rodríguez y seguir apretándole las clavijas al organismo que preside Leopoldo Puig y su inoperante equipo para que el ritmo no se detenga y sigan sacando al mercado pisos y solares atascados en el entramado de operaciones con intermediarios, especialmente de algunas divisiones inmobiliarias bancarias.
Para poner freno al crecimiento del precio de la vivienda y la lacra que supone su carencia es necesario poner suelo y pisos en el mercado, después de muchos años con el sector paralizado y demonizado tras la burbuja inmobiliaria. Hace tres años, cuando Pedro Sánchez renovó gobierno contra todo pronóstico y a costa de un pacto inverosímil, prometió poner en el mercado 180.000 viviendas para hacer frente a lo que ya era un problema estratégico. De esas 180.000, casi una cuarta parte tenían que salir de los fondos de la Sareb, que es la herencia pagada por todos los ciudadanos de las estridencias y desmanes políticos organizados en las cajas, otros chiringuitos con los que PP y PSOE, pero también independentistas, jugaron al Monopoly con absoluta desidia.
La Sareb, sin ir más lejos, tiene cautivos a un nutrido grupo de propietarios en la localidad vallisoletana de Arroyo de la Encomienda, en un bloque de pisos tomado por okupas sin que el banco malo hay tomado medidas serias después de dos años de quejas, lamentos y desesperación de los que invirtieron sus ahorros en comprarles una vivienda y ahora atraviesan un infierno al que no ven el fin. Por eso no está demás que la ministra Rodríguez haya decidido, de una vez por todas, meter mano en el asunto y sacar suelos de la Sareb para construir vivienda social. Pero eso no llega, hay que sacar todo el suelo y la vivienda de la empresa pública cuya agilidad en la gestión es deprimente, cuando no cuestionable por la forma en la que opera para sacar suelo y pisos al mercado con la participación de intermediarios que esencialmente encarecen las viviendas.