De Bolaños, López y Puente

Óscar Puente
No está Óscar Puente a lo de la sucesión de Sánchez ahora. Aunque lo tenga en mente y el subconsciente le traicione en su fluidez discursiva. Esa es otra pantalla, y llegará cuando llegue. Primero tiene que ocurrir lo más difícil para el PP, que Sánchez se deje sustituir antes de dejarse suceder. Todo sucederá a su tiempo y los nabos en adviento. Puente será el número uno al Congreso por Valladolid en las generales de octubre del próximo año, a buen seguro. Como mandan los cánones del que es secretario general de los socialistas vallisoletanos por derecho y mariscal ministerial de los ejércitos de taifas de los socialistas de Castilla y León de hecho. Carlos Martínez hace las veces y bate palmas y da abrazos sin ton ni son sobre el asfalto recién embreado, con el alquitrán todavía humeante. No será Puente candidato por Alicante. Eso son bobadas de desinformadores alicantinos y otras hiervas patrias, que ni las cheiran ni las huelen, por el mero hecho de que el pucelano es asiduo a la costa alicantina por menesteres maritales, que é quem mais ordena, como en la canción de Zeca Alfonso. Es cierto que en los arrabales de Bolaños y el tocayo López sospechan que el de Transportes sería el mejor colocado en unas primarias, porque se mueve como pez en el agua de X entre la hinchada. López y Bolaños tienen menos recorrido orgánico entre la militancia que García Gallardo en VOX. Seguramente por eso le ha encomendado López al siempre tenebroso Antonio Hernando que le pegue el aliento a la nuca a Puente. Hernando es una lapa. Tenaz, constante e insistente en hacer el mal. Haz el mal y no mires a quien, especialmente si es un compañero de partido, reza su ideario socialista. Era íntimo de Sánchez y tardó tres minutos en traicionarlo. Los mismo que en volver al redil. Ese es un asunto que se estudiará en la Sorbona. Aunque bien pensado, será porque Sánchez se rige por aquello de ten cerca a tus amigos, pero más cerca a tus enemigos.