Diario de Castilla y León

Editorial

La investigación del chivatazo y el «y se acabó» de Carlos Martínez

Policía de paisano durante el registro en el Ayuntamiento de Soria

Policía de paisano durante el registro en el Ayuntamiento de SoriaMARIO TEJEDOR

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Al líder del psoe de Castilla y León, aunque cada vez es más presunto, el cóctel de la macrocausa de corrupción en el Ayuntamiento de Soria durante su gobierno, los desatinos orgánicos, echándose encima a medio partido por sus inexplicables apuestas en Madrid, en contra de una vallisoletana, y el desencanto interno que está sembrando hacen mella en su compostura y nerviosismo. Hasta el punto de que ayer en rueda de prensa en Soria llamó la atención a un periodista de este periódico que le preguntaba por el chivatazo de la ‘operación Fuentona’. «Ya sabía que me ibas a preguntar por eso», advirtió en referencia a que había leído el editorial de este diario. Carlos Martínez lo sabe todo. Como sabía, un día antes, que se iba a producir la redada en el consistorio soriano tal y como confesó a El País y luego trató de enmendar al darse cuenta, por la publicación de este periódico, que estaba alertando de que alguien había cometido un delito de revelación de secretos. El que sí conocía la redada de forma oficial, también el día antes, con advertencia judicial de guardar secreto, es su sucesor y amigo personal, Javier Antón, al que él puso en el cargo, aunque para ello tuviera que saltarse a una docena ediles. Antón no era ni concejal cuando dimitió Martínez.

Por eso y porque rige la independencia informativa, y se supone que también la judicial no queda nada bien, aunque sea en ese estado de desacierto en el que vive, aseverar, «y se acabó, no existe chivatazo». De que hubo un chivatazo no hay duda alguna. Ahora faltan las pruebas y saber quién cometió el delito de revelación de secretos. Pero eso es tarea de la investigación judicial ante las más que claras evidencias de quién pudo advertir a Martínez el día antes de que se iba a producir la redada e incluso detallarle que había un delito de tráfico de influencias, como así ocurrió. Martínez se aferra a la tesis de que él se enteró a primera hora del día de la redada, tras admitir primero a un periódico que lo supo el día antes. Se encontraba en Tánger con la Federación Española de Municipios y Provincias el día anterior a la operación Fuentona, cuando su sucesor ya había recibido el extraño oficio judicial alertándole de la operación, pero también advirtiéndole de la obligación legal de guardar secreto. Extraña, porque es el primer caso, que se avisa con un día de antelación de una macrooperación policial contra la corrupción. Y además se avisa al alcalde, cuyo gobierno y consistorio está implicado plenamente en la causa. Por eso las cosas no se solventa con un «y se acabó» como si esto fuera un cortijo. Eso mismo dijo Zapatero en el Senado y hoy está mas cercada de entraren la cárcel que del «y se acabó». Está empezando.

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