Tierra Adentro
Concurso nacional de tirigoris
Quién me iba a decir a mí que una simple chapa, de esas que todavía hoy tenemos que desenvainar para abrir una botella, se iba a convertir en un antídoto para frenar la desmesurada afición de chiguitos y chiguitas por las pantallas. Mi generación jugó a muchos juegos. Y en la calle. Sin conocer pantalla alguna. Y casi sin ver la televisión. El juego era una constante en nuestras vidas. Cada cual se hacía la cabaña donde tocaba, se subía a los árboles que allí estaban precisamente para ser trepados y compartía historias con animales, plantas y alguna que otra pedrada. Aquellas guerras de la niñez, donde más de uno se la jugó, pondrían de los nervios a muchos padres jóvenes de esos que son incapaces de controlar a una infancia marcada inexorablemente por un mundo digital que invade las pequeñas vidas y la llena de imágenes, ritmos y mensajes de los que algún día conoceremos las consecuencias. Y ahora vuelvo al título de la columna. Sin duda, palabro desconocido para el común, pero no para los de un lugar de Cantabria en el que los niños aprendíamos a nadar, a coger nidos y a jugar con los tirigoris desde nuestra más tierna infancia. En Comillas a las chapas las llamábamos así. Tirigoris. Y aún reciben este nombre entre la chavalería. Por esas cosas que tiene la vida, me refiero a las buenas, resulta que a mi nieto le ha dado por jugar a las chapas. “De esas que tú llamas tirigoris, abuelo”. Aluciné el primer día que le vi con sus amigos, tirados en el suelo, moviendo el dedo corazón y el pulgar para competir entre ellos. Lo más curioso es que todos los niños y niñas se conocían de memoria decenas de marcas de refrescos y de cervezas por el nombre. Y por la chapa, naturalmente. Se ha iniciado la revolución de las chapas en Castilla y León. Habrá que ir pensando en decidir cuál va a ser el Día Internacional de los tirigoris. Al tiempo, que todo se andará. Por ahora ya tenemos capital, epicentro y pista de salida. Se llama Villaco y es un pueblo de 80 habitantes situado en el bello y sereno Valle del Esgueva, en la provincia de Valladolid. Niños y mayores han convocado a concursantes de media España para competir. No han podido elegir día mejor. Posiblemente el más mariano y festivo de todo el verano: el 15 de agosto. El de la Virgen. Ese día se va a celebrar el I Concurso Nacional de Chapas. Al margen del anecdotario y de la brillante idea de los habitantes y chiguitos de Villaco, este asunto de las chapas nos permite reflexionar sobre muchos juegos que hemos perdido porque no se usaban. O porque no había niños o estaban todos en las ciudades. Si la chapa salió del colegio y volvió al pueblo, habría que empezar a hacer una lista de tantos juegos recuperables que estoy seguro que también dan para concurso nacional.