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La operación Fuentona se conoció a raíz del registro del Ayuntamiento de Soria y la detención de siete personas, entre ellas una concejala del equipo de gobierno, al que llegó de la mano de Carlos Martínez, hoy líder del PSOE de Castilla y León. La investigación era sobre posibles delitos de tráfico de influencias, prevaricación administrativa, negociaciones y actividades prohibidas a funcionarios públicos, falsedad documental, blanqueo de capitales y organización criminal. Sin duda, un asunto muy serio que justifica que el pleno ordinario del consistorio soriano, celebrado ayer, el primero después del registro, se centrara, muy a pesar del equipo de gobierno, en la operación Fuentona, con la oposición, PP y Vox, pidiendo explicaciones, exigiendo responsabilidades políticas y reclamando transparencia. Lo sorprendente es que los socialistas, de nuevo, se escudaran en el secreto de sumario para intentar esquivar cualquier debate, como si el secreto de sumario fuera una censura que impidiera hablar sobre lo sucedido. Es un escudo político imaginario, porque no es real. El secreto de sumario se decreta para proteger una investigación y supone que ni las partes ni sus representantes legales ni los medios de comunicación pueden acceder a las actuaciones. Si ni siquiera los investigados y sus abogados conocen el contenido de la investigación, ningún miembro del pleno de Ayuntamiento de Soria debería tener conocimiento de ello, así que ningún temor deben tener a revelar secretos. Ya lo dijo Carlos Martínez al negar el chivatazo, que aunque se hubiera producido él podía pregonarlo a los cuatro vientos porque la obligación de guardar secreto en ese caso no iba con él. Era del alcalde, Javier Antón, su sucesor, a quien el juzgado avisó de una intervención en el Ayuntamiento y de su obligación de guardar sigilo. Por cierto, cuando la prensa insistió en querer saber si se lo había dicho a alguien su respuesta fue que se remitía al secreto de sumario, utilizando el dichoso escudo inventado de manera todavía menos efectiva. Si lo que quería era utilizar una figura relacionada con el ámbito judicial se podía haber acogido a su derecho a guardar silencio, que en la justicia no puede implicar indicio ni de culpabilidad ni de inocencia. Lo malo es que la escena política la falta de respuesta sí que tiene mucha connotación y suele provocar sospechas. Como el falso el escudo del secreto de sumario denota ánimo de escurrir el bulto todo el tiempo que se pueda, porque por hablar del asunto en un pleno no se vulnera ningún secreto. No hablar de ello es eludir una obligación, dado que ante hechos tan graves, lo mínimo que debía estar haciendo el equipo de gobierno es investigar por su cuenta si se ha producido daño al interés público, ver qué controles han podido fallar y empezar a tomar medidas si ven que algo no funciona correctamente. Es un trabajo que será siempre útil, aunque el caso Fuentona quede en nada.