Diario de Castilla y León

Editorial

Prioridad de la Junta: presupuesto para afianzar el crecimiento

Toma de posesión de los miembros del Gobierno de la XII Legislatura

Toma de posesión de los miembros del Gobierno de la XII LegislaturaICAL

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Han tenido que pasar 92 días desde las elecciones para que Castilla y León cuaje un gobierno de coalición. Fundamentalmente por el tacticismo de VOX, pendiente de Andalucía, que sometió lo de Castilla y León al ‘pacto de la marmota’ que concluyó con 62 páginas en las que el que más trabajo tiene es el ministro Óscar Puente al que los del PP y VOX piden 35.000 millones en inversiones, dos veces el presupuesto anual de la Junta. Les faltó poner “y un huevo duro”. Ya se ha perdido demasiado tiempo en tacticismos estériles. Ahora toca gobernar de una vez por todas. Lo más importante del pacto, prioridades nacionales mediante, es sin duda la confección de un presupuesto. Un presupuesto para seguir creciendo, creando empleo y, al mismo tiempo, afianzando y mejorando los servicios públicos esenciales, como la educación, la sanidad, o la dependencia. Servicios que son los que verdaderamente vertebran el territorio, nos igualan a todos y pueden atajar los desequilibrios generados por una cierta desidia de las administración autonómica gobernada siempre por el PP.

Esa es una de las acciones más importantes que debería ocupar al gobierno que llega, que todos los ciudadanos puedan acceder a los mismos servicios y al mismo tiempo, se despierten en Ambasmestas o en Ágreda; en Miranda de Ebro o en el sur de Ávila. Aunque bien es cierto que en Castilla y León siempre se ha gestionado desde la austeridad, la eficiencia y la eficacia, sin darnos a grandes dispendios, a excepción de los tiempos de la burbuja donde se cometieron fechorías del tamaño de las cúpulas de la energía o Meseta Ski. Cientos de millones que se pudren en hormigón inservible. Pero esos tiempos pasaron y les pasaron a todos los políticos.

Un presupuesto sin ideología, como decía ayer el nuevo titular de la Cartera de Cultura sobre su cometido. Es decir, sin pirámides de italianos ni mamarrachadas de ese género. Un presupuesto pragmático, que afiance las bases e impulse el crecimiento económico y laboral que hace de Castilla y León el lugar atractivo que es, con su poderosa industria agroalimentaria, logística y automovilística, entre otras cosas, no el apocalipsis que no paran de ver los perdedores electorales y sus satélites sindicales, profetas del derrotismo y el desánimo. Pero también un gobierno serio y riguroso en la defensa de nuestros merecimientos en materia de infraestructuras, como la región más grande de Europa que somos. Empezando por lo urgente, que es lo que está en marcha, desde hace tiempo y parece inacabable.

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