Diario de Castilla y León

Editorial

Cortes CyL: asalariados con cien mil euros que no pisan el puesto laboral

CORTES DE CASTILLA Y LEÓN.-ICAL

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Al partido socialista, y especialmente a su jefe, no le tiene que preocupar en exceso la mayor o menor agilidad para formar gobierno en Castilla y León. Aunque sí debe ser una necesidad y una urgencia a la que se deben PP y VOX con los ciudadanos. Hay un gobierno en funciones, pero hay un gobierno. Lo que todavía no hay es una oposición. Empezando por la obligación que tienen los procuradores asalariados a razón de cien mil euros al año, más BMW oficial, de asistir a su puesto de trabajo, que está en las Cortes de Castilla y León. Confiemos en que el sucesor de Tudanca no adquiere los vicios del burgalés de no pisar las Cortes más que para los plenos y poco más. De momento, tras dos meses desde las elecciones, poco ha pisado por el lugar de trabajo. Ahora más presente en Soria que cuando era alcalde. El caso es no estar en el lugar de trabajo. Claro que todo esto pasa y viene pasando desde hace siete años por el desbarajuste que hay en el parlamento regional, que se convirtió en la casa de tócame Roque con la llegada de Ciudadanos, con el inenarrable Luis Fuentes, y siguió así bajo la presidencia de VOX. Un organismo, el más importante, pues en él reside la soberanía de los castellanos y los leoneses, ajeno a la vida real de los ciudadanos. Ajeno a cualquier avance y en pleno retroceso, por ejemplo en materia de transparencia. Un organismo que sigue manteniendo el modelo de la Gestapo, instaurado por Fuentes a instancias del que por entonces era su amo, el todo rencoroso vicepresidente Francisco Igea, para intentar controlar a los periodistas y saber a quiénes van a ver o con quiénes van a hablar. Evidentemente este método da al traste con todo el trabajo periodístico y la protección de sus fuentes. Eso sigue en vigor porque a Carlos Pollán no le dio la gana de acabar con semejante atrocidad contra el trabajo y la independencia de los informadores. Suprimieron las acreditaciones, que es lo que rige en el Congreso y en el Senado, sin ir más lejos. E instauraron un método propio de la Gestapo o la Stasi por el que cada periodista tiene que decir a quién va a ver y el portero de turno da el parte a la presidencia de las Cortes. Esto ya sólo ocurre en la Venezuela de Delcy Rodríguez o la Rusia de Putin.

Y así está todo, mientras los parlamentarios asalariados no pisan por el lugar de trabajo ni hay control alguno sobre su actividad. Aunque es difícil, porque actividad no registran ninguna. El gobierno, aunque sea en funciones, sigue trabajando. La oposición sigue tirada a la bartola, para no desentonar con los diez años de Tudanca.

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