MENSAJES CRUZADOS
Canal de Castilla; paisaje humanizado
Las talas de árboles a destiempo y las podas de árboles a destiempo suelen ir, casi siempre, en contra de la naturaleza. Por eso cuando se da tal circunstancia ya tenemos motivos de reflexión, para que quienes se ocupan desde la Confederación Hidrográfica del Duero –a través de sus responsabilidades políticas y técnicas– de los asuntos relacionados con el medio ambiente entiendan lo que la estación de la primavera representa y ha de seguir representando en nuestra comunidad autónoma de Castilla y León.
Y por esta razón exhorto a los artífices-responsables de las últimas podas de los intrincados acondicionamientos de los entornos del Canal de Castilla, para que el respeto por lo natural impere por encima de la justificación ante una supuesta limpieza arbórea que esté amparada en determinados y forzados motivos muy difíciles de asumir; para quienes queremos que los seres humanos entendamos, de una vez por todas, la urgente necesidad de compatibilizar los criterios personales y técnicos con las intervenciones que en cada momento son realmente imprescindibles, pero siempre considerando el ciclo natural de los demás seres vivos que conviven con nosotros, ya que han de tener la posibilidad de desarrollar sus ritmos vitales con absoluta garantía. Ya que cuando modificamos la naturaleza tenemos la obligación de dejarlos vivir y reproducirse.
Yo mismo he sido testigo, en más de una ocasión, al comprobar cómo en algunas capitales y ciudades de Castilla y León se efectuaban labores de poda en los árboles urbanos en el justo momento en el que las aves, que también comparten sus espacios vitales con nosotros, estaban nidificando. Y es por lo que incido de nuevo en una propuesta justa que solamente aspira a exaltar la primavera como el momento en el que es imprescindible que hagamos un paréntesis en los cuidados de zonas verdes y jardines. Porque mirando hacia nosotros mismos, nos hemos de sensibilizar con lo que representa el cuidado de todo lo que tenemos a nuestro alrededor.
Me preocupó sobremanera saber que en las márgenes del Canal de Castilla se había intervenido con una entresaca de árboles cuando la estación de la vida daba sus primeros coletazos, y por mucho que los técnicos encargados de esas labores lo justifiquen, hemos de recordarles que la naturaleza no puede esperar, que es un ciclo vital y enigmático que actúa desde instintos de permanencia y de vida. El Canal de Castilla – que no es ni más ni menos que un paisaje humanizado, o un nuevo paisaje creado por el hombre - necesita del respeto, del compromiso y de la solemnidad que aposenta este magnífico, histórico, literario, vital y natural de Castilla y León.