Diario de Castilla y León

Carlos Perfecto

No hay peor necio que un necio instruido

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La crisis energética ya es una realidad y lo peor, es que quienes tienen que buscar soluciones no lo tienen nada, nada claro, persistiendo en unas posiciones todos ellos de frentismo político, cálculos de posicionamientos electorales y preocupándose constantemente y a diario, solo en subir o impedir bajar de sus atriles privilegiados.

En la pandemia, en la Dana y en cualquier desastre social que hemos vivido, hay un nexo común en nuestra movilidad: El Teletrabajo.

Nueva Zelanda, Corea del Sur, Vietnam, Bangladés, Indonesia, Australia, India, Japón, etcétera. Todos ellos liberan reservas, inician controles y restricciones al acceso del combustible, e implementan medidas drásticas como en pandemia, incluyendo el teletrabajo con el objetivo de hacer frente a la severa crisis energética.

Casi 2/3 partes de los trabajadores mundiales están en modo teletrabajo, y Europa sin mover ficha y por ende nuestro país.

Recuerdo con mucha pena y rabia aquella imagen durante la Dana en los medios de comunicación, cómo unos padres con sus hijos cruzaban la calle del colegio, sorteando la fuerza del agua que bajaba endemoniada, jugándose literalmente la vida y la de sus hijos.

La situación de hoy es diferente, pero el trasfondo de colapso y peligro social es el mismo.

Las medidas aplicadas por el Gobierno central hace unos días, son bienvenidas y urgentes.

No hace falta explicar el porqué de las mismas pero, ¿no sería mejor y más eficaz, que dichos descuentos que incentivan seguir con el mismo nivel de consumo energético y en algunos casos, a más consumo por acopio ante la subida que tenemos todos los días, fueran aplicadas conjuntamente con la aplicación obligatoria del teletrabajo, para los sectores que pueden recoger esta medida y así, bajar el consumo en la mayor medida posible que nos ayudará como país dependiente totalmente de combustibles fósiles, a alargar las reservas y el tiempo en su utilización?

¿Esperamos a que nos digan de la noche a la mañana; Ciudadanos, hay restricción de gasóleo o gasolina a partir de mañana, quédense en casa…?

¿Esperamos a la imaginación enloquecida e improvisada y socialmente indiferente por el inquilino de la Casa Blanca, a que nos deleite con una solución inmediata, constructiva y trasversal para todos los países?

¿Obviamos que la recuperación que tenemos por delante (si salimos de esta) será larga y compleja, y persistimos en una posición necia y obstinada?

Pensar que hemos aprendido algo con las dificultades vividas en estos últimos 6 años, y que dicho aprendizaje nos ha servido primero para tener una visión más amplia de nuestros actos y responsabilidades, segundo para no repetir los mismos errores y tercero, para asumir lo frágil que somos como seres humanos en una sociedad permanentemente cambiante, y por ello la necesidad de abandonar posiciones personalistas, negacionistas y dogmáticas, pues es como creer que nuestros ilustres bloqueos en «X» serán anulados en un acto de contrición y arrepentimiento social, aprovechando estas maravillosas fechas, por el ilustre de nuestra tierra.

Por cierto, unas fechas en las que animo a nuestros lectores a moverse por los diferentes lugares de nuestra rica geografía castellana y leonesa, para conocer las muchas procesiones que afortunadamente podemos disfrutar y a la par, empaparnos del impresionante regalo gastronómico que nos ofrece los paisanos de tantos y tantos rincones de nuestra autonomía.

Sigue afianzándose nuestra querida y soñada movilidad como el eje de las políticas nacionales, ejerciendo como columna vertebral de una sociedad moderna, y marcando el camino de nuestro futuro más inmediato como país.

Pensar en una movilidad eficaz sin asumir la necesidad de una conexión para tener cerca a nuestros vecinos de Portugal o Francia o más allá, al resto de Europa, es como pensar que por ser estación o comarca pasante de un gran corredor que nos lleva al mar, no tenemos derecho a subirnos al tren, pero si ver cómo pasa de largo.

Ya saben ustedes, eso de justificar lo económico o la «rentabilidad» en una infraestructura pública, o defender sin necesidad de justificar, que dicha rentabilidad debe ser SI o SI, SOCIAL cuando hablamos de algo público.

Ya no hablamos de la democratización de un servicio público... Eso lo dejo para otro momento.

Hay una palabra, concepto dirían ciertos políticos, y en otros territorios «imperativo», que me ha gustado mucho en este año que hemos dejado atrás: singularidad.

Todos somos y tenemos singularidad y más, aquellos que son pocos, que viven en territorios que subsisten diariamente, que por ser pequeños les ofrecen desde lo público indiferencia en vez de soluciones, y que necesitan mucho más de los gobiernos centrales y regionales por su singularidad que por el propio derecho igualitario que tienen como el resto de ciudadanos.

Platón decía que «La pobreza no viene por la disminución de las riquezas, sino por la multiplicación de deseos», y añadiría «siempre sin contar con los que menos tiene».

Pero volviendo al inicio trágico de esta reflexión en voz alta, cuya fotografía fija podría representarse perfectamente con la venganza de Hamlet, o por qué no, la enemistad de los Montesco y Capuleto en Romeo y Julieta, Kem Follett nos ilustraba con una visión futurista que por desgracia, refleja con demasiada anticipación la terrible realidad que tenemos: «Un necio solo era un necio, pero un necio en la Casa Blanca era la persona más peligrosa del mundo».

Señorías, necesitamos Teletrabajo YA.

El necio no ve el mismo árbol que ve el sabio (William Blake).

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