Diario de Castilla y León

Editorial

El PP abre la ronda de contactos de un tiempo nuevo en Castilla y León

Carlos Pollán y Alfonso Fernández Mañueco conversan en el acto de investidura del presidente de Portugal como doctor 'honoris causa' en la Universidad de Salamanca

Carlos Pollán y Alfonso Fernández Mañueco conversan en el acto de investidura del presidente de Portugal como doctor 'honoris causa' en la Universidad de SalamancaICAL

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El PP, como corresponde al ganador de las urnas del 15-M en Castilla y León, abre los prolegómenos para iniciar la que será la decimosegunda legislatura en Castilla y León. Lo hace Mañueco el miércoles de la próxima semana con VOX, el partido llamado a entablar un acuerdo de gobierno con los populares, y tercera fuerza política del hemiciclo. Ambos suman una mayoría aplastante. El día siguiente lo hará con el resto de formaciones localistas, la descalabrada Soria Ya, Por Ávila, UPL y el PSOE. Sería interesante que todos fueran con los deberes hechos. Tanto el ganador como el resto. Para no convertir una ronda de conversaciones en un esperpento de griterío ideológico improductivo, como estamos acostumbrados últimamente en Castilla y León.

Si es verdad que VOX, como afirmó Abascal, que presume de ser un político de palabra, la noche electoral, tiene claras las medidas de gobierno a las que aspira para regresar a la coalición que abandonaron a mitad del mandato pasado, debería llevarlas ese día sin más dilación. Al menos las líneas maestras con las que luego bajar al detalle de un pacto de gobierno. Porque no es tiempo de sillones, cargos y paguitas, como dice Abascal, sino de acciones. Y a partir de ahí entender, como ya hizo Abascal hace cuatro años, que sus aspiraciones tienen que ser una fuente de encuentro y no un espacio de imposiciones en función de la fuerza de cada uno. Ambos partidos salieron más fuertes en escaños y votos de los comicios del domingo. Pero sin duda el PP y Mañueco salió enormemente reforzado en virtud del ciclo electoral tras Extremadura y Aragón, y de las expectativas que cada a uno se había marcado. Ese es el punto de partida, el de la cordura y el sentido común que deber regir el interés político de los representantes de esta tierra.

El PSOE tiene la oportunidad de emprender otra era con Carlos Martínez. Una era que parte de una derrota con sabor dulce tras ser el primer candidato que hace subir al PSOE en el primer asalto electoral. Debe erigirse como un partido con la responsabilidad imprescindible de la jefatura de la oposición y la vocación de forjarse como alternativa de gobierno, algo que ahora tiene muy lejos. La tarea de Martínez y su nuevo equipo no es fácil. Tiene que empezar por desterrar la vocación derrotista, desganada, desatinada e inoperante que rigió la última década con el conformismo de gobernar la oposición de forma permanente, pero sin ambiciones. Es un tiempo más nuevo de lo que parece. Pero esa novedad debe llegar fundamentalmente de manos del PSOE. Y eso empieza por despojarse de la retórica absurda de los últimos días.

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