Diario de Castilla y León

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LA denominación Art Brut nace en el año 1945 cuando el artista francés Jean Fhilippe Dubufett tuvo la necesidad de ofrecer un nuevo modo de referirse al arte creado por los artistas que se habían alejado de los cauces academicistas en los que hasta entonces se habían inspirado y fijado a la hora de crear. Y comenzó, en un principio, aplicando esa nueva calificación a las obras que nacían de los artistas que ni siquiera sabían que eran artistas, porque la mayoría de los primeros que conoció fueron enfermos mentales que habían sido ingresados en instituciones que en aquellos tiempos se denominaban manicomios, y así fue como algunos psiquiatras y estudiosos del arte de aquel tiempo se dieron cuenta de que la condición psíquica y emocional de aquellos seres humanos no disminuía la calidad artística de sus obras.

Y de ese modo fue creándose una incipiente colección de obras artísticas que finalmente dieron lugar en 1976 al nacimiento del Museo de Art Brut en Lausana, Suiza.

Pero este tipo de arte, creado desde el desconocimiento de los procesos culturales que hasta aquel tiempo habían sido considerados, bosquejó un nuevo universo creativo que se extendió por el mundo y que incluso llegó a la arquitectura, porque ya había referencias esenciales que también se habían creado desde los márgenes de la cultura oficial. Y un ejemplo que ofreció nuevas expectativas fue precisamente el Palacio Ideal construido por Ferdinand Cheval –autor sin ningún tipo de formación artística– en el sur de Francia y que en 1969 fue declarado Monumento Histórico.

En la Comunidad de Castilla y León tenemos algunos ejemplos que intensifican la magnitud de este modo creativo. Ya que en Cebolleros, provincia de Burgos, tenemos el denominado Castillo de las Cuevas. Se trata de una sorprendente construcción que fue realizada con cantos rodados recogidos en el río Nela, por Serafín Villarán a lo largo de 20 años. Las obras comenzaron en 1978 y concluyeron con la muerte del autor en 1998. El resultado final es el de un castillo imaginario y de formas sorprendentes. Serafín no era arquitecto y ni tan siquiera era albañil y nunca, antes de iniciar esa obra se había dedicado a la construcción.

En la localidad leonesas de Valencia de Don Juan tenemos otro ejemplo, en este caso construido en solitario por Santiago Nava que fue capaz de concluir una edificación de paredes de tapial y de cantos rodados, y con todas sus ventanas diferentes y que es conocido en la localidad con el nombre de Edificio Centinela o Casa de Batman. En este caso su diseñador y creador era albañil y aunque, en principio, el edificio tuvo planos de arquitecto. Es una obra singular que personaliza la pátina creadora de su auténtico autor.

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