EL RUBICÓN
Actúe, pues
VIL, ruin, mezquino, despreciable, deleznable... No es cuestión de llenar esta columna con toda la retahíla de calificativos que se merece el sujeto que tienen en la Universidad de Valladolid como profesor en Informática. ¿Cómo es posible que este ser todavía hoy esté enseñando y formando a jóvenes? ¿Qué tipo de enseñanza y de formación les puede dar este sujeto despreciable, que se oculta en redes para mofarse, jalear y justificar el crimen de un joven por ser de Valladolid? Y no contento con eso, también ridiculiza a sus alumnos, a esos a los que tiene que formar.
Y no vale venir ahora con peticiones de perdón forzadas. Ha tenido dos años para haber dado la cara, pedir perdón y asumir su responsabilidad tras justificar de forma tan detestable el asesinato de Sergio Delgado a manos de otro miserable, que ahora declara que no se acuerda de por qué lo hizo ni cómo fue. Y en lugar de eso lo que hacía el tal Héctor Felipe Mateo Romero era tratar de borrar el rastro de su vileza.
Pero hete aquí que esos estudiantes a los que desprecia y de los que se mofa le destapaban para ponerle donde se merece. Que es justo lo que no hace la Universidad de Valladolid, con su rector Antonio Largo a la cabeza, poner al tal Héctor Felipe Mateo Romero, con todas las letras para que a nadie se le olvide, en su sitio con un expediente y apartarle de inmediato de la docencia.
¿A qué está esperando? ¿Qué es eso de en el ámbito de las competencias? ¿Cuáles son esas competencias que le impiden incoar ya un expediente disciplinario en contra este ser tan miserable, que lleve implícito suspenderlo y apartarlo de la Universidad hasta que se resuelva? Las desconozco, pero no creo que existan tales competencias que lo impidan. Porque de ser así, la que falla es la Universidad.
Este despojo humano no está capacitado para seguir dando clase. Sus mensajes justificando un asesinato, además de rozar lo delictivo, suponen ir contra los valores y el código ético de la Universidad. A esa Universidad a la que se le llena la boca cada vez que asegura que va a dar la batalla para acabar con las indeseables novatadas y que, ahora, todavía hoy, mantiene entre su profesorado a este tipejo.
Ya no valen más excusas. Escuchen a la familia de Sergio. Aquí no vale ni los perdones, ni las palabras, y mucho menos esas que se escudan en el ámbito privado de los tuits para tratar de escurrir el bulto y que no son más que excusas para no actuar. Y, desde luego, de nada sirve el borrado de los mensajes. Señor rector aún está a tiempo, actúe pues.