Diario de Castilla y León

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TIENE HUEVOS la huevera. ¿Y qué va tener la señora si no? Esta expresión la aprendí de niño en mi pueblo, y se refiere a la señora Pepa. Los vendía por tamaños, y verlos en el escaparate me parecían descomunales. Como los del cura de Villalpando, que los llevaban 4 bueyes y sudando. Por tanto, lo que ustedes piensan, y lo que yo escribo ahora, se resume en 4 palabras: estamos hasta los mismísimos. Y es que el cargamento hueveril ya no cabe en las estanterías, ni en esas hueveras industriales XXL de ahora, que tienen 110 unidades de ídem. O sea, 9 docenas + 2 eggs. ¡Egg que ya no puedo más!, que diría Bono desde la huevería manchega que abrió hace años, según dicen, en la República Dominicana.

El caso es que, tras premiar con miles de millones a la «singularidad» catalana del golpista Junqueras -y en detrimento del resto de Comunidades Autónomas como un robo sin precedentes-, ya no cabe la menor duda: estamos en la singularidad tiránica como modelo de estado. Es tan evidente como el fragor de huevos rotos, y como el hedor a huevos podridos que, desde el miércoles pasado, perfuma todas las terminales mediáticas del reino sanchunero. Digo reino, porque las instituciones constitucionales –Jefatura del Estado, Congreso, Tribunal Constitucional, Fiscalía General, Audiencia Nacional, etcétera– son entidades caducas por sanchunización vírica. Arrastran el síndrome de Estocolmo en directo: dicen y hacen lo que Sánchez ordena.

Los recursos de la singularidad tiránica de Sánchez son norma. Lógico. 7 años de dictadura navidul nos han dejado, por incrédulos, en ayunas, sin el bocadillo de diamantes, y en una silla de ruedas sin freno. Quien no se dé por enterado, es que no le da la gana o vive cómodo en el cráter del bombardeo sanchunero. Ya. Pero la banderilla de Cervantes en La Gitanilla es muy certera. Y egg que a ciertos pájaros perleros les encanta esta singularidad que ha llegado al «mundo para ser ladrones, que nacen de padres ladrones, críanse con ladrones, estudian con ladrones y, finalmente, salen con ser ladrones corrientes y molientes a todo ruedo; y porque la gana del hurtar y el hurtar son en ellos como accidentes inseparables que no se quitan sino con la muerte».

Si a todas estas virtudes del ADN tiránico, le añadimos la pleitesía irrefrenable que siente el sanchismo generalista por toda clase de terrorismo -da igual que se llamen ETA, narcotraficantes bolivarianos, genocidas cubanos, Hamás, o ayatolas asesinos de Irán-, entonces hacemos pie en la singularidad tiránica de un régimen antidemocrático. ¿A quién felicita esta cuadrilla teocrática o de metralleta laica? A Sánchez por su apoyo incondicional. Lo que, guste o disguste, conduce a una práctica corrupta que pretende normalizar el crimen como virtud ciudadana. Aceptado este principio demoledor, ya no existe la palabra crimen por derecho revolucionario, y liquidar al oponente es un derecho constitucional.

¿Cómo hemos llegado a este desmadre? Pues recordando los momentos más convulsos y aberrantes de la revolución francesa cuando Danton gritaba con ojos sanguinolentos, y picado por una viruela repugnante, que «no queremos condenar al Rey, queremos matarlo». Espeluznante aseveración que liquida al estado de derecho y a la presunción de inocencia. Esto no se lo puede permitir una revolución. Y claro, de aquí parte la jurisprudencia ordinaria de todas las tiranías posteriores, incluida la sanchunera. ¿De verdad no saben cómo hemos llegado aquí? No bromeen. Tiren de hemeroteca y verán cómo el Tribunal Constitucional ha blanqueado a los ladrones de los Eres, ha amnistiado a los golpistas, y ha normalizado todas las leyes del sanchismo laminador.

A la singularidad tiránica de Sánchez, que en estos momentos ha agotado en la práctica casi todos sus recursos de supervivencia política -es una moribundez de edificio con aluminosis con todo tipo de colapsos y degradaciones-, le importan un egg estas consideraciones filosóficas, históricas y jurídicas, que acabamos de enunciar como inherentes a una democracia parlamentaria. Se lo pasa todo por el escaparate de la señora Pepa de mi pueblo, o por las 17 saunas de su suegro que han sido el sostén de la igualdad, de la libertad, y de la fraternidad, trabajo nobilísimo. Como empresa en bancarrota, sólo le queda un as en la manga: la idiotez de ida y vuelta que, como ficción galopante, engaña a propios y extraños, como tabla de salvación.

En ello está. Pero, ay, le funciona a medias. Dura mientras pone en marcha la máquina del bulo como si fuera una rubia para poner cachondo a Julio Iglesias, o para engatusar a Feijóo con una charla de alto voltaje en la Moncloa como la que piensa endilgarle a Rajoy II hoy lunes. Y pare usted de contar, porque este tipo de frivolidades como estética política ya no engañan a nadie. La existencia del libertino, que se pasa la vida entre un sádico y un masoca, no es más que la antigualla de Pierre Klossowsky -Sade mi prójimo- para santifica al marqués con la huevera de los saldos. El secreto de Sánchez es la ordinariez sin aspirina. Se reafirma en los vericuetos más explícitos de la pornografía económica. Sólo aplica la mano dura cuando alguien de los suyos roba mal o poco, o cuando a Romeo & Julieta se les ocurre abrir un sex shop en la Gran Vía.

Restablecido el vínculo enfermizo entre amo y esclavo, España es hoy un inmenso pudridero escurialense, un meme de peramato en ácido sulfúrico, y una mamarrachada de puteoritas y ladrones subidos a una tabla de surf a punto de ser engullidos por un tsunami. Lo único sensato -¡egg que no hay otro remedio!-, es acabar ya con este mierda infinita: delenda est tyrannía.

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