Diario de Castilla y León

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Los Estados Unidos de América y el presidente Donald Trump no nos han dado vela en los acontecimientos que afectan a Venezuela y a Maduro, pero el presidente español Pedro Sánchez sigue insistiendo y diciendo cosas sorprendentes que ya nadie escucha. Es el vacío para un presidente español que siempre se ha creído que es el centro del mundo y que él y su abultadísimo equipo de ministros son quienes van a resolver todos los conflictos de índole internacional. Donald Trump, entre tanto, no se entera de tales desvaríos pretenciosos y cuando llegue a enterarse, si es que algún día sucede, no va a hacer ni caso. Porque ya considera que España juega en una liga inferior en la que no toca balón, ni da juego suficiente.

Habla y habla nuestro presidente español de que los americanos violaron el derecho internacional, sin matizar al menos que antes lo violó un tirano marrullero llamado Nicolás Maduro que habiendo perdido unas elecciones se incrustó ilegítimamente en el gobierno que no le correspondía. Porque los actuales gobernantes españoles no se enteran de que todos los dictadores son iguales y de que a todos se les ha de dar idéntico finiquito, se llamen Franco o Maduro.

Porque nuestro gobierno se ha caracterizado siempre por la indefinición y por la falta de criterio ante una gravísima usurpación de poder. Pedro Sánchez seguirá haciendo lo que sea para desviar los graves asuntos que tiene pendientes en España y que afectan muy de cerca a muchos de los suyos… Pues hoy no hablamos de Carta de las Naciones Unidas ni de transiciones dialogadas, hablamos de un narcotraficante que convirtió Venezuela en un narco-estado en el que sus habitantes pasan miedo, hambre y falta de libertad. Hablamos de que un sátrapa llamado Nicolás Maduro ya no habita en el paraíso de los sátrapas.

El presidente Sánchez ha vuelto a colarse en una boda a la que no estaba invitado. Ha vuelto a salir por la tangente en un asunto que solo era capaz de solucionar Donald Trump y el Estado que representa, con sus modos resolutivos y admirables, sin haberse enzarzado en una larga y tortuosa guerra muy diferente a la de Rusia contra Ucrania. En la que Putin lleva más de dos años intentando someter, con mucho sufrimiento y mucha muerte a un país, en el que ha logrado imponerse en apenas un 1% del territorio que pretendía mancillar. Porque en Venezuela no hay muertos civiles y la breve intervención militar no se ha alargado más que el tiempo necesario para librar a un país, que en otros tiempos fue próspero, de un dictador pretencioso, falto de escrúpulos y, sobre todo, falto de humanidad.

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