EN POCAS PALABRAS
La Navidad hace milagros
La Navidad hace milagros. Incluso en algunos políticos que a la Navidad llaman fiestas de no sé qué equinoccio, y además te las felicitan con el nombre de Alá en árabe –caso el alcalde de Almendralejo– con un corazoncito explosivo para que haya integración religiosa, política, migratoria, y con todas las indulgencias del sanchismo redentor. Se trata de una característica del socialismo extremeño, pues hace años –no recuerdo dónde– se repitió la misma andanada anticristiana y fontaneril. Pues no. La Navidad es una festividad profundamente cristina y humanista: conmemora el nacimiento de Cristo, quien dio un solo mandato, dejando a la humanidad frente a su entraña más decisiva y vitalista: «amaos los unos a los otros».
Un milagro que es extensivo a Castilla y León. Al igual que ocurrió con los extremeños hace unos días, aquí estamos abocados a un proceso electoral semejante que, más allá de la versión autonómica, deriva en grave problema nacional: ¿qué hacemos con un sanchismo corrupto y corruptor, puteril, ladronero, antinacional, y generador de odio? El candidato de Sánchez –el señor Martínez Mínguez, que se presenta al ALGEPLE, a la Alcaldía General y Plenipotenciaria de la Meseta–, admite que la derrota de Extremadura ha sido morrocotuda, pero que en el fondo no es para tanto.
Ha dicho en vísperas de Navidad, y con la Kufiya de Hamás al cuello, que la «extrema derecha» no vale un peine, que Mañueco es más «malo» que el sebo, y que él –como el Gallardo extremeño en la extrema dura soriana– tiene la receta infalible para gobernar: «confrontar con 40 años de Gobierno de la derecha». Patético razonamiento. El batacazo que puede darse el sanchismo en vísperas de Semana Santa, puede ser de calvario.