MENSAJES CRUZADOS
Mal de muchos
HACE MUCHO tiempo que ya sabíamos todos de memoria el refrán castellano que dice que “mal de muchos, consuelo de tontos”. Y algo tendrá el refrán cuando algunos aun no lo acaban de entender, ya que seguramente nunca se pararon a pensar que los problemas no son menos problemas cuando nos afectan a todos. Casi es peor que el mundo en que vivimos y, concretamente, que este país en el que subsistimos y que se llama España siga supurando hiel por los cuatro costados; y que determinados políticos sean los causantes de tal desatino. Las noticias que ofrecen los medios de comunicación nos ponen en guardia cuando nos hablan de los políticos que no conformándose con lo que ya tenían y con lo que ya representaban siguen deseando mucho más, puesto que se siguen aventurando en ese triste episodio que llamamos corrupción. Pero el gobierno que los españoles nos habíamos dado en las urnas para que diera solución a los problemas se ha convertido en el auténtico problema, en el verdadero y único problema... Porque quienes rigen nuestros destinos inmediatos están más ocupados en resolver sus cuitas y miserias que en solventar las que nos atañen a quienes pensábamos que ellos serían la verdadera solución. Los políticos españoles se han convertido en una clase social privilegiada que mira por encima del hombro a quienes no somos como ellos. Por esa razón sucede lo que sucede en esta España actual que nos tiene preocupados, porque vemos que el país que habíamos levantado entre todos se hunde sin remedio.
Y es que en realidad las desgracias compartidas no son menos desgracias. Simplemente son desgracias que repartimos con otros muchos ciudadanos que también las padecen. Son sarcasmos que nunca dejarán de sorprendernos y que suelen aparecer en escena cuando los seres humanos sufrimos los mismos quebraderos de cabeza que padecen los demás.
Aunque, por tontos que parezcamos, los impasibles ciudadanos nunca deberíamos de conformarnos con el relato manoseado que se manifiesta a través de los intereses que nos vienen impuestos. Muchas veces, por los que rigen espuriamente e ilegítimamente los destinos del país. Por eso, en estos casos y en otros parecidos, suelo releer El Conde Lucanor de Don Juan Manuel para que sus sabios argumentos y sentencias me ofrezcan la posibilidad de entender mejor la vida de los truhanes que dedican su tiempo a ser políticos.
Las fábulas y los cuentos son casi siempre aleccionadores, son versiones de la historia que hemos de entender. De ese modo sabremos que siempre hemos sido paganos de similares desafíos. Patronio es la voz de la sensatez, la que rompe los esquemas de quienes no creen en la verdad, de los que con Pedro Sánchez hacen del mundo una mentira.